Entrerrianos por el mundo
Sábado 13 de Octubre de 2018

Entrerrianos descubren los misterios del continente africano viajando en bicicleta

Hace nueve meses, María Fernanda y Andrés emprendieron su travesía, sorprendiéndose a diario con la magia que ofrecen las más diversas culturas

Hace poco más de un año, María Fernanda Rocha Clavería y su compañero, Andrés Barbagelata, partieron a Marruecos. Oriundos de Paraná, ambos son arquitectos y él recibió una propuesta de trabajo para remodelar en tres meses una casa de una amiga argentina. Pero antes de llegar a destino pasaron por Madrid y en una visita a un restaurante senegalés nació el sueño de recorrer el continente africano en bicicleta. "Degustamos platos muy ricos, bebimos jugo de baobab, el árbol al que hace mención el Principito", contó a UNO María Fernanda, en referencia al personaje del libro de Antoine de Saint-Exupéry, y destacó: "Los dueños eran senegaleses y sumamente amigables. Ahí pensamos en lo lindo que sería bajar a su país y consideramos esa opción".

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Andrés ya tenía experiencia en transitar largas distancias a puro pedaleo. Ella no, pero sin dudarlo decidió emprender la aventura de recorrer las rutas y los caminos de una forma tan singular. "Cuando terminamos el trabajo en Marruecos teníamos ya los pasajes para regresar a la Argentina, pero decidimos comprar unas bicicletas y continuar viajando. Empezamos a bajar hacia el África negra, muy diferente a lo que es Marruecos, donde no se siente tanto la raíz africana", explicó la joven ciclista.
Adquirieron todo lo necesario para arrancar y hace nueve meses que el camino les regala hermosos paisajes y un vínculo fraterno con los lugareños. Atentos a los problemas tribales que podían significar un riesgo, definieron recorrer la costa oeste y ya han visitado culturas de las más diversas, arribando a grandes ciudades desarrolladas, y también a pueblos y aldeas donde sus habitantes viven con lo básico, rodeados de una naturaleza generosa capaz de proveer todo lo que verdaderamente necesitan. "Empezamos a descender por Senegal, Gambia, Guinea Bisáu, Guinea Konacri y Ghana. Al itinerario lo vamos armando en el camino, a medida que vamos marchando. Desconocemos totalmente la zona y buscamos en Internet lugares para visitar, preguntando a la gente si es lindo, y si seguro o peligroso. Acá el tránsito respeta mucho a las bicicletas y a las motos", señaló María Fernanda, y aclaró que ciertos tramos debieron recorrerlos en algún vehículo, porque atravesarlos en bicicleta era complicado. Uno de ellos fue el desierto del Sahara, que a veces ofrece condiciones climáticas adversas, con vientos fuertes que hacen que la arena se pegue al cuerpo: "Fue muy difícil. Hicimos unos 12 kilómetros y tomamos colectivos, hicimos dedo, subimos a camiones y así fuimos avanzando", comentó.
Además del viento que suele tornarse bravío en aquellas latitudes del mundo, hay días en que el sol es inclemente; pero nada los amedrenta. "Si el camino es bueno y el viento no está fuerte, hacemos por día unos 70 kilómetros aproximadamente", aseguró, y destacó: "Para nosotros lo más maravilloso es conectar con distintas formas de vida. Es todo diferente, desde el vestuario hasta la comida. Nos vamos adaptando, sobre todo yo como mujer, ya que hay lugares donde las mujeres están absolutamente tapadas y es impresionante la invasión del hombre hacia nosotras, sobre todo siendo extranjera y blanca".
A su vez, destacó: "Lo que más nos impactó es el amor de la gente, su amabilidad y fraternidad. Nos reciben como si fuésemos su familia; muchos nos abren sus casas, aunque no nos conozcan, y hasta nos cocinan".
En referencia a otras particularidades de los países que visitaron, analizó: "Es muy impactante la falta de acceso al agua potable en África, por la contaminación de los cursos de agua y del ambiente. Las mujeres en bidones en sus cabezas y con sus bebés en la espalda deben buscarla a grandes distancias, y también los niños hacen esta tarea. En el desierto de Tanzania es más escasa y la extraen de pozos en los ríos secos. Es tremendo, hay que abrir los ojos y cuidar este recurso, que es vida".
Otro aspecto que llamó su atención es la fortaleza de las mujeres: "Cocinan con carbón o leña agachadas o inclinando el cuerpo hacia adelante. Así también lavan la ropa, a mano y en fuentones, todo con sus chicos cargados a sus espaldas".
Respecto de la comida, comentaron que en las distintas regiones de África por lo general es muy picante. Además de ir probando los sabores típicos de cada lugar, invitados muchas veces por las personas con las que se cruzan a comer en sus casas, la pareja prepara sus propios alimentos con los ingredientes que cada país les ofrece: "Vamos preguntando dónde comer. En mi caso no consumo carne hace muchos años, así que también tengo que elegir el menú. Preferimos cocinar y también nos gusta saborear los diferentes placeres que hay en cada lugar", manifestó María Fernanda, quien observó que "en todos lados hay muchísimos vendedores ambulantes de todo tipo de cosas".
Asimismo, contó que arman su carpa en espacios donde puedan estar en contacto con la naturaleza, a orillas del mar o los lagos. "En las bicicletas viajamos con todo lo necesario para subsistir y vamos buscando dónde quedarnos. Tratamos de que sea en los pueblitos pequeños, ya que allí es muy fácil dormir porque la gente siempre nos recibe de la mejor manera y es muy amigable. Preguntamos dónde podemos acomodarnos con la carpa y buscamos los lugares en la naturaleza, al aire libre, sin pagar", dijo, y aclaró: "Cuando tenemos que ir a alguna capital para sacar las visas hacia otro país sí se nos complica, porque hay mucha gente y más inseguridad. Entonces vamos a la Policía, a las estaciones de bomberos, a las escuelas, y pedimos armar la carpa en un lugar un poco más seguro".
El idioma es otra cuestión con la que supieron lidiar y logran comunicarse sin mayores inconvenientes, aunque los residentes hablen árabe, francés, inglés o algún dialecto africano. María Fernanda señaló con simpatía que además de usar la tecnología para poder traducir frases "lo más fácil es el idioma de las señas", y subrayó: "Hay mucho contacto visual, muchos gestos, y todas las puertas se nos van abriendo de manera mágica y va fluyendo".
Ocasionalmente el trayecto les demanda algún esfuerzo, que se incrementa cuando deben batallar con la intensidad del sol, del viento y del cansancio, pero consiguen ganarle al abatimiento. Su experiencia como profesora de yoga y sus conocimientos en meditación le brindan herramientas para seguir: "A veces las condiciones se hacen difíciles. Esto para mí es nuevo, no había hecho antes un viaje de esta manera", dijo, y reflexionó: "No soy la misma desde que vivo África por los poros. Saliendo de mi zona de confort todo es incierto. Estoy en un continuo pulido de asperezas, cuando las condiciones se tornan intensas con el viento haciéndome caer de la bici, y el sol abrasador parece quemar la superficie".
A su vez, remarcó: "Los caminos se hacen más empinados y mi cuerpo exclama de fatiga, mis pensamientos murmuran que esto es una locura, que ya no puedo más, y mis emociones estallan en un volcán de lágrimas. Pero ahí me reconozco como un ser que es más que todo eso porque lo puedo observar. Y me hago presente, en una meditación en movimiento, sintiendo la energía vital que ingresa por cada célula regenerándolas, aquietando los pensamientos en un continuo 'todo va a estar bien', ordenando mis emociones, encontrando en mi interior la paz que hace brotar felicidad por sortear obstáculos con una inmensa gratitud por las recompensas del camino: la sonrisa de los niños agitando sus manitos corriendo al vernos, la maravilla de la naturaleza que ingresa cada rincón y la resistencia que traspasa límites enseñándome que siempre uno se puede levantar y seguir un poco más".
Ya llegaron a la zona este en avión desde Nairobi a Kenia, y desde allí en bicicleta a Tanzania. El plan es seguir pedaleando hacia el parque nacional Serengueti, y luego a Malaui, Mozambique y Sudáfrica. Pautaron la fecha de regreso a la Argentina para el 21 de diciembre desde Ciudad del Cabo, desde donde volverán seguramente cargados de emociones y recuerdos imborrables que atesorarán por siempre impresos en el alma.

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