Educación
Sábado 25 de Noviembre de 2017

Entre Ríos es parte del acercamiento estratégico al modelo de Finlandia

Nación apunta a replicar prácticas en la formación docente. La experiencia de una entrerriana en el viaje de equipos técnicos de seis provincias

Alta preparación académica universitaria de los maestros, innovación de las prácticas pedagógicas, evaluación permanente de los procesos de enseñanza-aprendizaje, impulso a la creatividad, razonamiento y trabajo en equipo de los alumnos, fuerte inversión en equipamiento escolar, trabajo mancomunado entre los estados nacional, provincial y comunal, y fundamentalmente un compromiso social pleno con la educación como herramienta de superación, crecimiento y progreso, son algunas de las claves del sistema educativo finlandés, considerado modelo en el mundo.
Semanas atrás, entre fines de setiembre y principios de octubre, una delegación compuesta por equipos técnicos de seis provincias del país viajaron por primera vez al país nórdico en el marco de un acuerdo entre el Ministerio de Educación de la Nación y la Universidad de Jamk, destinado a promover el intercambio de herramientas pedagógicas.
Entre los 27 becarios capacitados en Helsinki para integrar el programa Liderazgo Finlandés en el sector Educativo, hubo cuatro entrerrianos: la exdirectora de Educación Superior del Consejo General de Educación (CGE) Mirta Espinosa, alejada tras los cambios recientes en la cúpula del organismo, y dos integrantes de su área, como Verónica Pereyra, del equipo técnico pedagógico, y Hugo Díaz, instructor de institutos superiores. Junto con ellos, también participó la rectora del Instituto de Formación Docente Continua María Inés Elizalde de Gualeguaychú, María Elba Cerrato.
La directiva compartió con UNO su experiencia y balance del viaje. Al respecto, testimonió que el objetivo prioritario de los finlandeses es brindar igualdad de estudios para todos los chicos y jóvenes; relató la metodología de objetivos que se impone en ese país, con evaluación permanente;la experiencia del docente como orientador y guía, y no expositor; y la aplicación de una pedagogía puesta para fomentar la creatividad, innovación y razonamiento de los jóvenes.
—¿Cuáles son las principales características del sistema educativo finlandés que hoy por hoy es recurrente marcado como modelo en el mundo?
—Primero se destacan por una política educativa, en la que Nación, Provincia, municipio, manejan un mismo objetivo: desde Nación bajan lo que quieren que se produzca en los jóvenes y niños con respecto al aprendizaje. Le dan mucha fuerza al municipio para que ellos gestionen desde ahí, todo lo que sea por ejemplo transporte, comida, y la Nación ofrece tecnologías, libros y demás.
En ese sentido, quieren que todos los niños y jóvenes del país tengan las mismas condiciones. Ellos tienen muy fuerte la mirada en que la educación sea igual para todos. Por eso allá no se eligen las escuelas, porque todas las escuelas son iguales, tienen la misma formación y los mismos servicios, y el chico que está cerca de una escuela tiene que asistir a ella. Son todas escuelas públicas, existen privadas, pero la mayoría asiste a escuelas públicas.
Creo que la igualdad de estudios para todos es uno de los principales objetivos que tiene Finlandia, y que ha producido que todos tengan la misma formación.
—Hay algunas cosas que se destacan en ese sistema y se diferencian claramente con Argentina, como por ejemplo, que la educación es obligatoria entre los 7 y 16 años.
—Ellos tienen una educación preescolar a los 6 años de edad, después una educación básica de 7 a 16 años. Eso es obligatorio. Luego, el estudiante puede elegir un bachiller de tres años, de 16 a 19 años, o puede elegir un trayecto de formación profesional. En el trayecto de formación profesional pueden obtener creo alrededor de 27 títulos, como las escuelas técnicas nuestras, y tienen salida laboral. Y los de bachiller tienen una formación como si fuese de educación superior general, que les permita luego llegar a ser maestros, diplomados, licenciados.
Están generalmente desde las 8 o 9 hasta las 12 o 13, comen en las escuelas, todas las escuelas tienen comedores escolares. Y luego tienen talleres, que ellos eligen, desde costura, carpintería, cocina, es decir, siempre tienen actividades extra áulicas y están generalmente hasta las tres o cuatro de la tarde. Tienen menos horas de formación, creo que el modelo de ellos apunta a tenerlos más creativos, con buenas innovaciones, no enfocar que el maestro les dé una clase con enumeración de cosas, sino que ellos aprendan a pensar. Y ellos lo trabajan desde lo lúdico, desde la experiencia, mucho en grupos. El docente es como un guía, no es el que está enfrente y expone.

—Otra diferencia, además de un inicio escolar más tardío, es las horas de clases que comenta usted. Acá hace años se pretende llevar adelante un programa de ampliación de horas, con la jornada extendida como metodología en el país. De todos modos, entiendo que los modelos no son para copiarse, sino para tomar experiencias y adaptarlas a cada realidad.
—Es cierto eso de no copiar un modelo, ellos tienen un contexto muy diferente al nuestro. Por ahí esto que se está trabajando ahora con las jornadas extendidas y demás, creo que se va a revisar. En el viaje fue gente del Ministerio de Educación de la Nación y del Instituto Nacional de Formación Docente, y creemos que debe haber un aporte ahí también para revisar estas cuestiones. De todos modos, ellos también dicen que cuando estuvieron muy pobres, porque este año cumplen 100 años de ser autónomos e independientes, apostaron fuerte a la educación de los chicos para poder salir adelante. Y copiaron modelos de los alemanes y suecos, pero después lo tuvieron que adaptar a su realidad. Entonces a nosotros nos pasa lo mismo, nosotros fuimos a observar, ver, aprender, y ver qué podemos replicar, mejorar, no copiar en forma textual.

—¿Qué es lo que más lo sorprendió a usted de ese sistema educativo?
—Una de las cosas que me pareció interesante es esto de que el alumno que ingresa al nivel Secundario, una vez que termina la Primaria, hace un examen de ingreso. Acá en una época, en los 80, el alumno para ingresar al Secundario debía rendir un examen de ingreso. Y ellos tienen una cantidad determinada para ingresar por escuela: no es que si hay 200 alumnos, ingresan todos. Si tienen una capacidad de 120, hacen un examen de ingreso y depende de la evaluación, se fija un orden de prioridad. El resto que no puede ingresar, el Gobierno le ofrece por ese año la posibilidad de trabajar y tener un ingreso, para que no pierda el año. Eso se da a los 16 años, cuando optan entre bachiller o formación técnica.

—¿Qué nota que se podría replicar en el corto o mediano plazo en Entre Ríos, en cuanto a experiencias que se pudieron observar?
—Hay muchas. Primero, es una lástima que el equipo que fue capacitado se haya desmembrado (por los cambios en el CGE). Pero por ahí se puede seguir trabajando en equipo. Estamos esperando que Nación dé alguna línea de acción a estas seis provincias (Buenos Aires, Jujuy, San Juan, Entre Ríos, Mendoza y Salta) que estuvimos capacitándonos juntos. Pero más allá de eso estuvimos mirando cuestiones. En la capacitación que nos dieron ellos siempre hablaron de un elemento principal, de servicios de apoyo y complemento. Cuando ellos hablan de elemento principal, para nosotros en la provincia hoy es la evaluación de la implementación de los diseños curriculares, por ejemplo, en la formación de formadores. O por ejemplo plantear un objetivo respecto de la revisión de las prácticas de los docentes, siempre hablando desde formación de formadores, que es a lo que fuimos. Para eso hay que ver qué servicios de apoyo ofrece la provincia, el país, para que nosotros podamos trabajar, y qué complementos podemos realizar en cada institución.
Por otro lado, hay que plantearse objetivos de corto plazo, de uno o dos años, e ir ampliándolos de manera más general. Creo que hay que ir desde la formación de formadores, como nos indicaron y fuimos ahora a capacitarnos. La visión es tener formados docentes bajo este nuevo posicionamiento, e ir hacia los sistemas inferiores. Y no como se ha hecho otros años: partir desde el nivel Inicial con los cambios hasta llegar al nivel Superior, en el cual seguimos teniendo los mismos docentes, con la misma formación, y lo único que se hizo fue cambiar el sistema educativo.

—Justamente la formación docente es uno de los logros del sistema finlandés. Como rectora, ¿qué observó sobre sus particularidades y diferencias con la formación en el país?
—En el viaje fuimos todos formadores docentes. Los docentes allá están formados académicamente, con la parte pedagógica. Quien va a dar clases en un equipo de formación docente tiene que tener un título de licenciado, una formación universitaria que acredite al instituto que va a desarrollar clases. La otra cuestión es que la enseñanza se da en pequeños grupos, con todos los servicios, desde la Informática, tecnología, confort; tienen cocina, salas para estudiar, fotocopiadoras libres para sacar sus propios apuntes. Lo que ofrece el instituto hace que el estudiante pueda aprender mucho más cómodo. Y los docentes están supeditados a acompañar el aprendizaje del estudiante, sigue siendo la misma trayectoria que hacen en los otros niveles, donde acompañan y el docente no es el expositor. El aprendizaje tiene que ir por el lado del alumno, no ser dado por el docente.

—Todas esas realidades muestran un presupuesto importante. Además, hay una característica que los docentes están muy valorados, y prueba de ese reconocimiento y alta formación son los salarios docentes altos.
—Sí, nosotros lo advertimos en la calle, cuando les decíamos que éramos docentes, y nos felicitaban. Al docente lo tienen muy bien calificado; en la sociedad de Finlandia, el docente es palabra mayor, es el que le enseña a sus hijos, el que le da la posibilidad de un futuro a sus hijos. Con respecto al sueldo, rondan los 3.500 euros en adelante. Y en cuanto al sistema educativo como política, el Estado destina alrededor del 6,5% de su PBI.

—¿Cómo ven ellos a Argentina?
—No son de hablar de otros lugares. Sí nos plantearon que habían estado reunidos en su momento con el exministro de Educación Esteban Bullrich, el año pasado, y que ahí estuvieron conversando los inconvenientes o planteos que la Nación hacía y lo que querían con este intercambio. Y en una charla muy informal que tuvimos con uno de los referentes, nos dijo que Argentina tiene todo para ser un buen sistema educativo; creen que el problema es que nuestros objetivos son muy a largo plazo, y que nos debemos plantear objetivos más cortos, e ir renovando a medida que se van cumpliendo. Si se cumplen, hay que mantenerlos, y si no, mejorarlos para volver a implementarlos.

—¿Y cómo podría implementarse eso, con menos objetivos, cuando se habla de planes hacia 2030?
—Por ejemplo, revisar las prácticas de los docentes; a dos años uno lo puede hacer. Eso significa trabajar un equipo de docentes de una comisión ad hoc, que pueda observar y trabajar en conjunto con esos docentes de práctica. Pero observar no con una mirada descalificadora o de decir si se está haciendo mal o bien, sino de acompañamiento, de trabajo conjunto. Requiere una apertura también del docente de la cátedra, y trabajar en equipo: creo que si se plantean revisiones de prácticas uno puede mejorar la calidad de enseñanza a los estudiantes. Esto en dos o tres años se logra en un instituto de formación docente: pero necesitamos la apertura del docente de cátedra, que muchas veces es difícil, más allá de que hay muchos predispuestos y abiertos. Trabajar con aquellos que están predispuestos es uno de los objetivos que me planteé para el año que viene. Creo que hay que mejorar, o mejor dicho revisar las prácticas docentes, que es algo que no hemos estado observando por todos los cambios que hubo, de diseños curriculares y demás. Eso se puede hacer. Y ahora con el programa Enseñar –operativo de evaluación realizado en octubre en institutos de formación, por primera vez en el país–, vamos a tener un panorama para analizar, mirar hacia dentro de la institución qué está pasando, y así mejorar índices.

—¿Qué diagnóstico tiene usted sobre la realidad educativa actual del país?
—Las miradas siempre son particulares. Desde el instituto de formación docente, donde se hacen prácticas o residencias en escuelas secundarias, con futuros docentes de formación docente, y visitamos escuelas asociadas de distintos contextos, de zonas urbanas y suburbanas, hay un contexto familiar que incide en los estudiantes de nivel Secundario, donde el alumno está muy ido, le cuesta estar en atención en el aula. Observamos en las prácticas que no más de 30 minutos, y exagero, puede un alumno estar atendiendo al docente. Hay que hacer muchas estrategias para que el alumno esté en forma activa, pueda permanecer los 90 minutos del módulo de clase, y pueda construir algún conocimiento. Después, hay mucha agresividad en las aulas; lenguaje agresivo. Son cuestiones que el futuro docente también tiene que atender, entonces es como que se hace difícil. No es fácil a un futuro docente formarse no solo en lo académico, sino en estas cuestiones sociales que año a año se están complicando.
¿Cómo veo la realidad educativa? Complicada, pero siempre con una esperanza de estos cambios que se están haciendo, más allá de la línea política que uno tenga. Me parece que siempre hay que apostar a lo que la mayoría eligió, e ir todos por el mismo camino. Porque mientras sigamos en caminos desencontrados, esto va a seguir siendo cada vez peor; creo que así es la democracia, uno vota y puede ser o no el ganador el que votó. Hay que seguir lo que disponga la mayoría, no en cosas irrisorias, uno tiene que confrontar determinadas situaciones, pero siempre buscando acuerdos y consensos básicos. Por eso creo que hay que mejorar este aspecto: tratar de que todos podamos desde cada lugar, como docente, ordenanza, directivo, acompañar a esos estudiantes en Primaria, Secundaria y también en la formación docente, para que puedan concluir con un estudio acorde a lo que necesita el país, formados académicamente, socialmente tener buenas actitudes y buenas herramientas para actuar en el país.

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