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Entre los dos puentes del barrio Las Flores hay mate en la vereda

Mirada urbana: Expansión, identidad y demandas a la vera del Antoñico. Esther Ortega tiene 75 años y es una de las que más conoció el crecimiento de la zona de Paraná detrás del cementerio. A las calles les quieren poner el nombre de los más viejos de la cuadra

Viernes 21 de Noviembre de 2014

Pablo Felizia / De la Redacción de UNO
pfelizia@uno.com.ar

 

 

 

Esther Ortega tiene 75 años y hace 50 que vive en el barrio Las Flores. Es, quizás, la que más conoce del cambio y del crecimiento de esa zona de Paraná. En 1985 le dieron la casa donde hoy vive y le llevó 10 años más poder pagarla. 
“No siempre fue igual ,antes eran puros ranchos y pasillos”, dijo a UNO mientras tomaba mates en la vereda con su nieto. Si alguien recorre el barrio por la mañana, se va a encontrar con mesas bajas, sillas y al menos una pava caliente.
“Esto se hizo de a poco, el asfalto ya no me acuerdo, hará más de 10 años. Los jóvenes van creciendo y algunos se van, pero otros se quedan; ahora hay un montón de chicos por todos lados”, agregó Esther.
Al preguntarle por lo que le falta al barrio, respondió enseguida: trabajo y seguridad. “Hay gente viejita que viene de cobrar la jubilación y la asaltan, pero es como en todos los barrios. Por suerte acá hay gente que tiene mucha lucha, jóvenes que ahora hacen tanto por el barrio”.
Sostiene que antes no era necesario cerrar las puertas de las casas para poder dormir. Ella tuvo 12 hijos, todos en Las Flores, el más grande hoy tiene 44 años.
Ayer antes de las 10, unos tres o cuatro gurises fumaban porros en una de las esquinas. Pocas cuadras más adelante, la Policía realizaba un operativo. “Es por unos muchachos que no se están portando bien”, dijo un vecino como al pasar.
En Las Flores, las calles son con número. Por ejemplo Esther vive en la 1214, la misma cuadra donde está la casa de Sergio Rosset, que tiene 22 años y decidió hacerse cargo de la vecinal. Es uno de esos jóvenes que según ella, tiene mucha lucha. Él fue el que nos abrió las puertas del barrio, nos acompañó y contó algunos detalles de la historia del lugar.
“Queremos ponerles nombres a las calles. Tenemos un proyecto que presentamos en la Municipalidad”, contó Sergio en la vereda de su casa. Tiene la idea de que los vecinos propongan el nombre de algún viejo del barrio y voten para designar así aquellos lugares que faltan.
La vecinal de Las Flores se fundó en 1972 y aún no tiene un espacio físico propio.
“En general es un barrio tranquilo, a veces hay algunas macanas de algunos gurises, pero no como en otros lugares”, agregó.
Hoy, según Sergio Rosset, la mayoría de sus habitantes trabajan en alguna dependencia municipal, en la Provincia, en los planes Argentina Trabaja y en cooperativas. “Es lo principal. Hay algunos en sectores privados, pero muy pocos”, destacó.
Ayer había un grupo de trabajadores municipales que desmalezaban el Paseo Ituzaingó, una gran corredera que le da límites al barrio. De otras épocas, quedaron algunas estructuras de lo que parecen haber sido pérgolas, hoy están pintadas y prolijas, salvo por algunos carteles de campañas políticas. En el barrio, las mañanas son todas parecidas, con mujeres que vuelven del supermercado, y mucho mate, de mano en mano.

 


Ladrilleros de otra época,  agua y vías sin trenes de carga

 


Lidia Rodríguez lleva más de 40 años en el barrio Las Flores. Contó que antes había una fábrica de ladrillos y varios que trabajaban por su cuenta en lo mismo. Estaban todos bien pegados a las vías del tren, que corría a diario sobre los rieles siempre ubicados en la parte más alta del terreno, donde ahora es Ituzaingó. 
Dijo además que por la década del 70, si bien el barrio estaba constituido, era todo campo y vertientes.
“Había un caño, uno solo, cerca de las vías donde teníamos que ir con baldes a sacar agua. También había otro más adentro. De lo que me acuerdo, a la fábrica de ladrillos la tomó la Municipalidad y así construyeron las casas donde vivimos hoy. Algunas se entregaron, otras fueron intrusadas”, señaló Lidia.
Según ella y otras vecinas, la mayoría de las viviendas no tienen escrituras. Es decir, las pagaron, pero aún faltan los papeles.
“La zona figura como espacios verdes. Sabemos que se firmaron acuerdos, para escriturar, entre el municipio y la provincia y que incluían al barrio”, dijo Sergio Rosset, presidente de la vecinal. 
Contó además que siempre se peleó por asfalto, porque las cortadas aún son de tierra, y por cloacas.  “Vino gente de Nación y la intendenta Osuna y nos prometió asfalto y cloacas para el año próximo. Ahora ya están haciendo mediciones”, agregó expectante.
Con el presupuesto participativo, lograron juntarse nueve barrios y presentaron un proyecto para tener iluminación. Las farolas que hay en Las Flores no alcanzan y se cortan seguido. “Vamos a iluminar todo el arroyo, fue un gran logro”, remató Rosset.

 

 

 


Arraigo

 


Desde la vecinal de Las Flores calculan que hay unas 800 familias en la zona.
“Cuando encuentran algún espacio, ahí se quedan, buscan quedarse”, contó el presidente de la comisión vecinal, Sergio Rosset.
La jurisdicción de Las Flores está delimitada por el puente de Florencio Sánchez y el de Florentino Ameghino, el Paseo Ituzaingó, el arroyo Antoñico y el cementerio.
“El nombre del barrio debe ser por la similitudes y cercanías con La Floresta o capaz nos pusieron así por las flores del cementerio”, agregó entre risas el entrevistado.  
El 3 de noviembre de 2013 fueron las elecciones en la vecinal, las próximas son el año que viene. Ganó un grupo de jóvenes que comenzó a juntarse a partir de una tormenta que voló el techo de una casa cerca del arroyo.

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