Viajeros
Sábado 17 de Marzo de 2018

En un Citroën 3 CV 1971 descubren los secretos de las rutas argentinas

Adriana y Luisina llevan un año viajando por el país y en el camino brindan talleres. Desde Ushuaia a La Quiaca van cultivando la amistad

El lunes se cumple un año desde que las entrerrianas Adriana Bruselario y Luisina Zitelli echaron a rodar su sueño: conocer el país a bordo de un Citroën 3 CV modelo 1971, disfrutando de los paisajes majestuosos que la Argentina convida a los viajeros que se animan a recorrerla, compartiendo la cultura de los habitantes de los rincones más recónditos y nutriéndose de la sabiduría de la tierra.
Al auto lo bautizaron Kururu –se pronuncia kururú y en guaraní significa sapo– y le pintaron el nombre con la leyenda Cultura Anfibia. Llevan visitadas varias provincias, viajando a un promedio de 60 kilómetros por hora, aunque en algunos lugares cuesta abajo pudieron ascender la velocidad a 75, y subiendo montañas debieron marchar a 10 y en primera, como les pasó desde Tucumán hasta Tafí del Valle, circulando por la Cuesta del Infiernillo.
Desde Paraná arrancaron el 19 de marzo de 2017 y llegaron a Córdoba. De ahí fueron hacia la parte este de La Rioja, después marcharon hacia Catamarca, Salta, Tucumán, Jujuy y llegaron a La Quiaca, que era el primer objetivo. "Desde allí bajamos por el lado oeste de Salta, empezamos a tomar la ruta 40 y luego hacia abajo por San Juan, Mendoza, Neuquén, Chubut, Río Negro y Santa Cruz", contó Luisina desde Ushuaia, adonde llegaron hace cinco días.
Con una temperatura que oscila entre 1° y 6° en la ciudad más austral y la única del país transcordillerana, se preparan para emprender el regreso por la ruta 3 hasta Paraná, adonde estiman llegar a fines de mayo o principios de junio, para visitar a sus familias, a las que extrañan, y poner a punto el coche para volver a salir a surcar las rutas argentinas. "La idea es terminar de recorrer lo que nos falta, como Corrientes, Chaco, Formosa, Santiago del Estero", dijeron.
En el camino brindan talleres para solventar el viaje, brindando sus saberes a la gente: Adriana, de 34 años y oriunda de La Paz pero radicada en la capital provincial es percusionista y tiene una vasta experiencia dando clases a los chicos de los barrios; y Luisina, de 32 y nacida en Paraná, es diseñadora gráfica. Las dos llevan adelante un trabajo social importante en la biblioteca Popular Caminantes, situada en barrio Los Gobernadores, de la que forman parte. "En los lugares adonde vamos hacemos un taller de papel reciclado, lo damos dentro del marco de los talleres itinerantes del museo interactivo Puerto Ciencia; y también de encuadernación y diseño editorial", comentó Luisina.
A su vez, señaló: "El viaje nació de una inquietud compartida de querer recorrer el país y conocer distintas provincias. Durante dos años estuvimos preparando el auto y planificando a dónde íbamos a ir".
Sobre el vehículo elegido para transportarse por los distintas geografías, sostuvo: "Al auto lo compró Adriana para llevar los tambores al taller de percusión, porque si no tenía que andar con todo en colectivo. Cuando decidimos hacer el viaje entonces sí ya empezamos entre las dos a ponerle amor y dinero. Lo bautizamos Kururu. Una particularidad es que la mayoría de los que tienen un Citroën le ponen nombre, y a esos autos les decían rana. Por eso lo llamamos así, y cultura anfibia es por la capacidad de adaptabilidad".
"En Paraná hay un buen mecánico que lo puso a punto y hay muchos apasionados del Citroën en todo el país. Y en Tucumán conocimos a Carlos Sarmiento, un hombre que nos dio clases intensivas de mecánica en una semana. Armamos y desarmamos varias cosas del Citroën y creo que fue como volver a ponerlo a punto", dijo con simpatía la paranaense, y recordó que al estar tanto tiempo sobre el auto, ya conocen cuándo tiene algún ruido raro y enseguida tratan de contactarse con alguien que les dé una mano para revisarlo y, si hace falta, repararlo.
Respecto del itinerario, confió que solo tenían definido unir La Quiaca con Ushuaia, y relató: "En el camino vamos dando los talleres en cualquier espacio que esté abierto y en base a esto elegimos los lugares donde paramos. Muchas veces vistamos las radios y la gente que nos escucha nos contacta. Hemos ido a centros culturales, bibliotecas, escuelas, y hasta los hemos desarrollado en casas particulares y en cooperativas de trabajo".
Además de los atractivos turísticos de cada sitio que visitan, tienen la oportunidad de conocer a los lugareños, de visitar huertas y granjas, de conocer las costumbres típicas y de forjar amistades con quienes les abren las puertas de su casa para que descansen: "Muy pocas veces tuvimos que recurrir a un hotel. Generalmente nos dan alojamiento a cambio de los talleres, o hacemos camping, y lo otro que nos ha funcionado muy bien es el couchsurfing, donde hay un listado de anfitriones dispuestos a dar hospedaje a los viajeros", afirmó Luisina, y destacó: "La verdad es que es maravillosa la generosidad y la bondad que tiene la gente en cada lugar al que llegamos, su apertura. Siempre somos bienvenidas y nos invitan a sus casas, nos cuentan sus historias. El auto es una gran entrada, ya que nos miran sonriendo porque conocen a alguien que tuvo un auto de esos, o lo tuvo su papá, su mamá o su tía. Por suerte hemos tenido experiencias muy buenas".
Acerca de qué es lo que más las sorprendió de los lugares que llevan recorridos, resaltaron la hermosura del glaciar Perito Moreno. "Y en cuanto a vivencias, nos impactó un lugar que se llama Laguna Blanca, en la puna catamarqueña. Es impresionante, con una población de originarios de 300 personas, la mayoría son niños, y tuvimos la suerte de tener un contacto en el Museo de Arqueología y quedarnos ahí a dar talleres durante una semana". Acto seguido, expresó: "Todo el pueblo es una cooperativa que hace esquila de vicuña, una de las pocas que hay. Trabajan como lo hacían sus ancestros y pudimos participar de una esquila colectiva, donde se hace un corral humano, se ubica una persona al lado de la otra para guiar a la vicuña al corral y obtener la lana".
"No hemos hecho un balance aún de nuestro viaje hasta ahora, pero sentimos una felicidad inmensa por haber cumplido una meta. Era lo que anhelábamos desde que lo pensamos, pero antes de partir una no sabe si el auto va a responder o con qué se va a encontrar. Estamos súper contentas con los paisajes que hemos podido apreciar, con la gente que hemos conocido en el camino, y también con la de Paraná y la de La Paz que constantemente nos están alentando", concluyó Luisina, antes de seguir la marcha hacia un nuevo destino.

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