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En Entre Ríos se faenan caballos destinados al consumo humano

Argentina es el primer exportador de carne equina a nivel mundial. En Gualeguay hay un frigorífico cuya producción se exporta a Rusia y Europa. En el país casi no se come por una cuestión cultural

Sábado 19 de Enero de 2013

Vanesa Erbes/ De la Redacción de UNO
verbes@unoentrerios.com.ar


Hace pocos días se difundió la noticia acerca del hallazgo de carne de caballo en distintos lotes de hamburguesas en el Reino Unido, lo que generó el reclamo de mayores controles sanitarios. Y si bien se explicó que quienes ingirieron este tipo de productos no corren peligro, se desató la polémica, ya que existe un rechazo generalizado hacia el consumo de carne equina en diversos países.
A pesar de que la Argentina es el principal país exportador de carne de carne de caballo del mundo, en general el consumo interno no se fomenta.


En nuestro país, a partir de la Ley N° 24.525, sancionada y promulgada en agosto de 1995, se incrementó la promoción de la producción de carne equina y el desarrollo de industrias relacionadas. Los principales compradores son Rusia, que absorbe la mitad de la producción; y también Holanda, Francia, Italia, Japón, Bélgica y Alemania. “Es una carne que se valora mucho en estos países porque no tiene la enfermedad de la vaca loca”, señaló a UNO la médica veterinaria Silvina Manent, integrante del equipo Salud y Producción de Equinos de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Buenos Aires (UBA), quien afirmó además que “el Mercado Común Europeo controla y compra distintos cortes, similares a los de la carne bovina; se los envía congelados y muchas veces con algún valor agregado”.


Por otra parte, aseguró que “la Comunidad Europea envía periódicamente a sus inspectores para verificar la calidad de los productos argentinos”, a la vez que aclaró que “en la Argentina no está prohibida su venta, pero sí quienes comercializan este tipo de carne están obligados a informar que se trata de equinos. Hay toda una cuestión cultural por la cual la gente no la come, aunque en el sur hay ciertas etnias que la incluyen entre sus costumbres culinarias”.


Frigorífico en Entre Ríos
En la provincia, el único frigorífico que se dedica a faenar este tipo de carnes es el Equino Entre Ríos S.A, cuyo presidente es Javier Veronesi, que abrió sus puertas con este nombre el 1° de setiembre de 2001, luego de que sus antiguos dueños lo pusieran a la venta. Afincado en Gualeguay, se estima que exporta aproximadamente el 18% de la producción total de la Argentina y “es un importante generador de fuentes de trabajo; tiene más de un centenar de personas trabajando ahí”, contó a UNO el intendente de esa localidad, Luis Erro.


Y aunque desde el propio frigorífico no quisieron brindar detalles de su actividad, el paractécnico del Servicio Nacional de Saneamiento Ambiental (Senasa) de la delegación Gualeguay, Roberto Zapata, comentó que “se trata de uno de los establecimientos mejor equipados de Latinoamérica, ya que cuenta con excelente tecnología. La faena que se realiza está controlada y con la documentación acorde a lo que se requiere para poder exportar”.

Zapata indicó además que “se faenan alrededor de 150 animales por día, dependiendo de las condiciones climáticas, ya que si llueve se complica el traslado” y explicó que “en Gualeguay hay dos campos de depósito donde se crían caballos. Uno corresponde al frigorífico y el otro es propiedad de Roberto Moresco”.

De todos modos, esta no es la única fuente de abastecimiento de equinos. Desde el sector se afirma que el caballo “no es fácil de conseguir y se compra en todo el país, por eso es muy alto el costo de flete”. Asimismo, se aclaró que “en general se prefiere el caballo de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba, pero se compra todo tipo de equino sin distinción; aunque en el norte del país son animales más chicos y de menor kilaje”.

La doctora Silvina Manent explicó que “normalmente, la provisión de caballos se obtiene de los denominados caballos de facto, que son los que por distintas razones no están en condiciones de desempeñar otro tipo de trabajo, entonces se los descarta y van a faena, siempre y cuando cumplan con determinados requerimientos sanitarios y sean adecuados para el consumo”.

 

Carne saludable
Aunque culturalmente en la Argentina se resista el consumo de la carne de caballo, los especialistas coinciden en que es muy saludable. Su interesante valor nutritivo se debe a un moderado aporte calórico, en comparación con el resto de carnes; a sus proteínas de alta calidad y a su escaso contenido en grasa, casi equiparable al de la pechuga de pollo.


Las cualidades de la carne de caballo la convierten en un alimento recomendable para personas de todas las edades y en particular para quienes tienen exceso de peso, problemas de colesterol o triglicéridos elevados en sangre. Además, por su riqueza en hierro, se aconseja su consumo en casos de anemia.

 

Carne que despierta suspicacias
En Argentina no está prohibido el consumo de carne de caballo, pero existe un rechazo a nivel cultural sobre esta práctica.
Contrariamente a lo que se cree, la mortadela no está hecha con carne de caballo, sino de cerdo.
Tras el hallazgo en Irlanda de carne equina en hamburguesas, se reavivó la polémica en torno a los hábitos alimenticios.
Se preparan distintos cortes de carne de caballo para su exportación. Sus destinos principales son Rusia y Europa.

Historia de la actividad
Norberto es camionero jubilado y recordó que hace 50 años transportaba carne de caballo proveniente de un frigorífico de Gualeguay de capitales holandeses. “Los cortes de carne se exportaban a Holanda y yo hacía el flete hasta el puerto de Buenos Aires”, contó a UNO.


A su vez, señaló: “También me tocó llevar un cargamento de riñones de caballo a un laboratorio de Capital Federal, que se utilizaban para medicamentos”.
“Una vez el dueño me dio unos cortes y mi esposa preparó milanesas y empanadas. Es una carne rica, algo más dulzona que la de vaca”, rememoró.
Por último, aseveró que “en Entre Ríos había muchos frigoríficos de carne de caballo en ese entonces”.

Si bien la cacería de este tipo de animales en el país para consumo humano data del siglo XIX, su comercialización en un nivel más industrializado alcanzó su auge a fines de la década de 1960: en Argentina existían 23 plantas procesadoras. En 1968, por ejemplo, se faenaron más de 400.000 animales, con un total de casi 86.000 toneladas y un peso promedio de faena de 209 kilos, según publicó en un informe el veterinario e investigador de la UBA Juan Luis Catelli.

Sin embargo, la actividad sufrió diferentes tipos de regulaciones, que desalentaron su desarrollo. Una de las más importantes fue establecida en 1974, donde el faenado quedó habilitado pero con restricciones: se prohibió en todo el país la matanza de animales machos menores de 12 años y hembras menores de 15, salvo que estuvieran lastimados. Avanzada la década de 1980 se reimplantó su prohibición completa, que estuvo vigente hasta 1995, cuando la ley 24.525 impulsó definitivamente el consumo, fomento y desarrollo del ganado equino y subproductos, pero manteniendo la preservación de los ejemplares más jóvenes.

Sin embargo, en 1998 se estableció, a través del decreto 974, que no existan límites de edad para la matanza de caballos, medida que rige en la actualidad.

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