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En los recreos la necesidad de correr, saltar y gritar es evidente

Suena el timbre y estalla la alegría de los chicos. “Quieren descargar sus energías”, la viven con mucha intensidad, sin descansar un minuto. Asoma también menos tolerancia y más agresión.

Domingo 01 de Julio de 2012

Corren de un lado para otro. Se tiran al suelo. Gritan. Cuatro niños se encuentran en el centro, levantan sus manos; segundos después uno sale disparado contra otro que pasó por atrás. Se disuelven. Al lado otro grupo: quieren empezar a hacer una ronda. El intento es válido pero no pueden esperar a ponerse de acuerdo y la ronda se desarma. Hay juegos que antes eran más comunes verlos en la escuela. La escondida, la mancha, la cachada, saltar la soga, jugar al elástico, las bolitas: todas, además de la necesidad de interactuar con otros participantes porque sino no se podían realizar, exigían ciertas destrezas físicas que se ganaban al hacerlas. Entre ellas correr, saltar, la puntería y la audacia, entre otras.

A las 10.20, del último viernes, como todos los días, sonó el timbre del segundo recreo en la escuela Nº 4 Domingo Faustino Sarmiento de Paraná. Inmediatamente de las aulas, como en una manada, niñas y niños, corrieron desesperados al patio. No pararon un solo instante hasta que ese mismo timbre volvió a sonar.


Lo primero que se advierte es la necesidad de descargar energías, de querer jugar a lo que sea y como sea.


Las docentes, tratan aunque imposible, de incentivarlos a juegos en donde no corran tanto. Al parecer, y si bien puede haber particularidades, es uno de los poco momentos en el día en donde se encuentran entre sí.


“Corren de un lado para otro, o juegan a la cachada. Pero se chocan y pelean. A veces se hace difícil en una escuela con poco espacio jugar a esas juegos”, dijo la directora Raquel Andreoli de Mc Cormick.
Lo segundo que se puede advertir es que correr, jugar y gritar les gusta y los divierte. De hecho las risas son permanentes. Sin embargo, la directora sostiene que hoy les cuesta ponerse de acuerdo en cómo van a jugar. A su vez, cuando lo hacen, no siempre están dispuestos a aceptar que se puede perder. “Todo lo que pasa en la sociedad es como una caja de resonancia en la escuela. El niño cada vez tolera menos, viene con mucha agresión y tratamos de entender por qué ocurre eso”, dijo la directora.


Raquel Andreoli de Mc Cormick dijo: “Los chicos quieren estar continuamente corriendo, quieren descargar sus energías pero dentro de la institución”, dijo y agregó: “Es como que están en sus casas pero no se los deja salir mucho a jugar con sus amigos o sus vecinos, entonces necesitan jugar y correr en la escuela”.


Es docente desde 1984. El contacto con los niños le permite mostrar algunas diferencias con la forma en que se relacionaban los niños entre sí hace más de 20 años atrás.


“Jugaban al elástico, a la rayuela; eran juegos más tranquilos, donde se entretenían en grupos como en la escondida”. El juego a determinada edad es una forma de relacionarse, de hacerse amigos. Luego, muchas veces y en aquellos que tienen la posibilidad, el deporte ocupa ese lugar.


Si bien puede haber situaciones que son especiales, es muy difícil encontrar a un niño o a una niña que no les guste jugar con otros o compartir una tarde en una plaza.


“En el aula se torna muy difícil. Les cuesta mucho estar quietos. A veces en la dinámica de las docentes, hay momentos que necesitan orden y se dificulta que estén quietos ensus bancos”, dijo la directora.


Cuenta que a veces los docentes arman rondas en el patio o determinados juegos a fin de poder lograr atraerlos con una alternativa. Pero “se aburren enseguida y buscan otra cosa para hacer al instante”, dijo.


En definitiva, hay una infinidad de experiencias que se pueden advertir y de hecho son parte de un estudio permanente, sobre todo en la forma en que se dan las relaciones entre las personas. Sin embargo, en 20 minutos se ve a simple vista, la necesidad de jugar y de correr que tienen los niños.

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