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"En la vida hay que sembrar huellas, no cicatrices", asegura el salesiano Andrés Randisi

Tras su reconocimiento en Puerto Deseado, donde sembró conceptos de Don Bosco de escuela y trabajo, el misionero visitó Paraná

Viernes 01 de Noviembre de 2019

Con una mente repleta de recuerdos, anécdotas y momentos vividos en los años 70, así el hermano salesiano Andrés Randisi repasó el homenaje que recibió días atrás en la ciudad de Puerto Deseado, Santa Cruz.

Allí destacaron su figura que por 10 años sembró los conceptos de Don Bosco sobre la necesidad de escuela y trabajo, para desarrollar las potencialidades de los jóvenes.

“En la vida se cosecha lo que se siembra, eso todo lo saben. Si sembramos heridas ¿qué se cosecha? Cicatrices. Y si sembramos huella vamos a cosechar personas que no serán iguales a mi, pero que tendrán una forma de caminar que los va a guiar y eso que se llama educación”, reflexionó el misionero que visitó la redacción de UNO, como cada vez que llega a Paraná donde aún vive su mamá.

“Mamá cumplió 99 años y se lo festejamos junto con el día de la madre. Ella nos mira y se ríe”, contó el salesiano de 77 años.

Randisi trabajó en la Patagonia marcando positivamente a toda una generación, hoy hombres y mujeres que junto a sus hijos y nietos recuerdan sus enseñanzas. “Aquellos chicos hoy son todos adultos, algunos son diputados provinciales, otro diputado nacional. Varios han sido políticos, un nieto de uno de mis músicos es el intendente. Están todos relacionados conmigo de algún modo”.

Sobre los diferentes actos en su honor añadió: “Puerto Deseado es hoy una ciudad de 20.000 habitantes, cuando yo estaba eran 5.000 habitantes. Allí formé la primera orquesta infantil y hasta fuimos a tocar al teatro San Martín de Buenos Aires y el teatro de las provincias. Porque quienes nos invitaban decían que esa expresión cultural había que conservarla, graficarla y hacer un disco. Fue una experiencia muy linda. Cuando terminamos de cantar la misa patagónica en el teatro, nos pidieron otra y entonces les dije a los chicos ‘comiencen de nuevo’.

Para quienes no conocen la ciudad se encuentra escondida entre acantilados que dan cuenta del origen volcánico de estas tierras, y así lo refleja el paranaense que cautivó a los patagónicos: “Deseado es muy bonito. Tiene rocas, está el mar, la ciudad, se levanta todo y está la Patagonia. El cañadón de la ría Deseado es donde Darwin estuvo. Está el mirador desde donde el naturalista inglés vio la inmensidad y quedó maravillado. Hay una cantidad de pesqueros. En el año 1948, un salesiano visitó esa zona y surgió la idea de entronizar la virgen de Lourdes. Así se hizo la gruta que está en el cañadón De las Bandurrias y que es muy visitado por gente de Comodoro Rivadavia, Caleta Olvia, es muy bonito. El sacerdote actual –de acuerdo con la Intendencia– hermosearon toda la zona, no tiene nada que envidiarle a los santuarios del mundo. Es un paraíso natural. Además están los animales, hay gaviotas, pingüinos, cormoranes, lobos marinos”.

De bronce

“Estuve 10 años ahí con tres tipos de gobierno y todos me trataron bien. Cuando pedí siempre me dieron ayuda. Por ejemplo, para formar electricistas –porque yo era el único– me dieron todos los elementos (alicates, pinzas, cables, toma corrientes); para la cultura también, para formar gente del teatro, en la música. Fui director de cultura para manejar fondos para la misión salesiana, para instrumentos, vestuario. Así manteníamos la obra. Así educábamos a los jóvenes en las artes”, recordó.

Sobre el monumento que se erigió en la Plaza Exequiel Ramos Mexía, situada frente a la Iglesia local, obra del artesano-herrero Aldo Soto, ideólogo del homenaje, Randisi señaló entre risas: “¡Estoy en el bronce! La verdad fue muy emotivo caminar hasta la plaza repleta de alumnos y descubrir la obra. Muy agradecido”.

Y también dejó un mensaje para mejorar los sentimientos y la calidad de vida. “Hablemos bien de los otros. Yo les digo a los chicos y a los viejitos, si quieren estar bien de salud tienen que dar 10 abrazos por día y eso los va ayudar a ser mejor persona”.

Su lugar en el mundo

Hoy viajará a Buenos Aires en micro. Hará una parada de 5 minutos en Rosario para saludar gente; al igual que en San Nicolás para luego llegar a la terminal de Retiro donde lo esperan para trasladarlo a la Casa Salesiana que se encuentra en Almagro. Allí se alojará el fin de semana. Mañana lo esperan para una entrevista con un medio gráfico; visitará luego dos familias de salesianos que están en Angola y posteriormente a los salesianos viejitos de Almagro. El lunes irá a un canal de televisión y el martes temprano saldrá rumbo a África.

“Allá hay mucha desigualdad. Unos pocos tienen mucho y muchos tienen muy poco. Hay dificultades muy serias. En la obra salesiana de la ciudad tenemos 6.000 jóvenes Y mi misión en la aldea tenemos 2.000 alumnos secundario y 2.000 del primario. La pequeña ciudad se llama Calulo, es un departamento de la provincia de Cuanza Sur y está unos 400 kilómetros para adentro. Luanda está sobre el mar”, explicó.

“Todavía no hay agua potable buena. La gente va al río a buscar o a la misión. Nosotros tenemos una canilla del lado de afuera para los chicos que hacen deporte, porque de día hace mucho calor. Así que la gente busca ahí. Cuando se quema o rompe la bomba hay que tener paciencia e ir al río a buscar baldes. La energía eléctrica está mejorando mucho, ya no se corta tanto. Igualmente tenemos generadores”, describió y añadió: “El pueblo pasa todos los días por ahí porque la misión tiene 17 hectáreas de cafetal tipo de pino y de palmeras. Las palmeras dan dátiles, los hombres suben con unos cintos de cuero y tiran los dátiles a la tierra y hacen óleo de palma como hace 200 años. Y el café se lleva a la misión con el grupo de señoras, se expande en el patio para que se seque con el sol y después se vende a una empresa nueva que hace café nacional, es una industria de Angola muy buena. Y con ese pequeño dinero que entra se trabaja, se come, se ayuda a los pobres. Todos los jueves vienen los viejitos, ciegos, cansados que piden un abrazo. Hay algunos que me miran y me piden las sandalias.

También vienen los chiquitos que están siempre sucios, no tienen cédula de identidad, comen poco. Todo hace que el corazón se pregunte ‘¿cómo ayudar?’”, se pregunta así mismo el misionero que lleva más de 30 años en tierras angoleñas.

Entonces surgen las respuestas a través de la filosofía salesiana: “Vamos a enseñar a trabajar. Como se hizo siempre. Que los chicos aprendan carpintería, electricidad, albanilería y también computación para los que van a la escuela. Además, tengo la orquesta, que ahora por una cuestión de dinero continuamos con exalumnos porque a los maestros de afuera, como de Filipinas, no se le puede pagar en dólares y las quanzas no sirven para mandar a sus familias. Así que nos arreglamos con nuestros jóvenes, los profesores actuales son egresados y reciben el salario del gobierno. Nos vamos defendiendo, la crisis no nos detiene”.

Así el hermano Andrés Randisi sigue su marcha misionera en la vida “sembrando huellas, no cicatrices”.

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