Clima
Miércoles 25 de Julio de 2018

En la semana más fría, con leña y braseros resisten en barrios vulnerables de Paraná

La sensación térmica fue de -2° el lunes y ayer la helada se sintió con fuerza. El invierno recrudece con menos recursos y más carencias

Las bajas temperaturas se sintieron con mayor intensidad desde el inicio de esta semana. Si bien el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) señaló que en Paraná se registró 1° de mínima, la sensación térmica fue de -2°. En tanto, ayer el termómetro marcó 2° y la presencia de aire frío y seco sigue provocando heladas sobre distintos sectores de región.

En este contexto, en los barrios más vulnerables parece difícil resistir las gélidas jornadas. Son días en que los abrigos se abultan sobre el cuerpo, no solo para salir a la calle sino también para permanecer adentro de las precarias viviendas, donde muchas veces es inviable contar con algún recurso que sirva para calefaccionarse. Al respecto Hugo Altamirano, presidente de la vecinal Antártida Argentina, comentó a UNO: "La gente se abriga con lo poco que tiene. Hay lugares donde da lástima ver cómo están, porque las casitas son de chapa y nos han pedido cortes de nailon para forrarlas enteras por fuera, para aislar un poco el viento".

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Si bien el dirigente comentó que en algunos lugares usan leña, la opción es inviable en la mayoría de los ranchos que se erigen sobre la barranca, ya que las dimensiones no permiten ni siquiera encender un brasero porque significa un riesgo: "Muchas son chicas, de cuatro metros por cuatro metros, y de chapa, así que es impensado prender fuego adentro", sostuvo.

En un ambiente en el que el frío se cuela por cualquier lado y no da tregua, se hace difícil dormir, sobre todo cuando ni siquiera se tiene a mano una frazada que proteja del hostigamiento que las bajas temperaturas hacen sentir y cuando la ayuda social no llega o es escasa. "Presentamos notas en la Municipalidad pidiendo 250 frazadas, pero hace dos semanas nos trajeron 50 nomás. Pedimos 40 más, porque realmente se necesitan, y nos dijeron que nos van a dar 20, pero hasta ahora no han llegado", aseguró Altamirano, y expresó: "Hay muchos chicos en el barrio. Cada familia tiene cuatro o cinco criaturas. Entregamos 100 el año pasado y ahora se agrandó bastante el barrio. Y se arruinan, porque son viviendas muy precarias y a veces les entra agua cuando llueve y se les mojan. Estoy seguro de que las criaturas deben dormir vestidas para no pasar frío".

Muy cerca, en el barrio San Martín, el drama es similar. María García, una vecina de la zona, aseveró que la gente que trabaja en el cirujeo encuentra en el fuego que se origina en la basura un aliado para contrarrestar el dolor que una mañana álgida puede provocar en los huesos, y en el alma. Según mencionó, "en las casas usan brasero".

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En los hogares, donde se multiplican las carencias en cualquier estación del año pero en invierno se profundizan, un brasero, por peligroso que resulte, ayuda a seguir y no bajar los brazos, abrigando a quienes viven limitados de todo. Roberto Gómez, presidente de la vecinal San Martín, indicó: "La mayoría de los vecinos de este y otros barrios de la zona hacen fuego y recurren al famoso brasero. Hay algunos que lo manejan bien y tienen cuidado, para no exponerse a un riesgo. La mayoría de la gente que lo utiliza junta leña y con eso se las arregla".

En el lugar donde vive también faltan las frazadas para cubrir el cuerpo en el descanso y hacer más confortable el sueño. "Nos dieron 100 cobijas y no alcanzamos a cubrir todo el barrio. Hay familias numerosas, que tienen ocho criaturas, otras cinco. El municipio nos brinda una cobija por familia y nos genera problemas en la vecinal. Tratamos de darles a todos, pero cuando no alcanza los que ponemos la cara somos nosotros y el Estado se lava las manos", lamentó el dirigente.

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En la zona, Alicia Grassi, una de las férreas colaboradoras en la parroquia Guadalupe, sintetizó: "La palabra calefacción no existe en los barrios de la zona. La gente se pone ropa que consigue Cáritas y no hay otra forma de abrigarse. Es todo muy costoso y requieren frazadas y abrigos. Nosotros hicimos una campaña porque se necesitan medias también. Algunas casillas son hechas con nailon, otras con unas chapas usadas, y en esos lugares al frío lo aguantan como pueden", dijo conmovida.

En otro punto de la capital entrerriana, pegado al río, los vecinos de Puerto Sánchez también soportan el frío intenso que el viento de la costa intensifica, o lo intentan como mejor pueden. José Luis Godoy, vicepresidente de la vecinal, contó que hay quienes usan la garrafa de 10 kilos con algún artefacto para enfrentar las bajas temperaturas, pero admitió que "es cada vez más costosa".

"En otros casos usan leña. Los muchachos por lo general van y la buscan en la canoa en la isla. Cuando van a recorrer el espinel todos los días traen un poco", sostuvo, y explicó: "Utilizan brasero, o algunos tienen una parrillita. O si no consiguen los lavarropas viejos de acero inoxidable que ya no se usan más, lo cortan un poquito a los costados y es como un brasero, y con eso mantienen todo caliente".

Julio Martínez, un vecino del lugar, refirió que también se hacen los braseros con los tachos de 200 litros en desuso, y con la leña traída de la isla logran un poco de calor en jornadas tan heladas. "No es fácil para aquellos que no tienen la posibilidad de tener una garrafa, pero una de las formas es hacer un fogón dentro de la casa, aunque hay que adaptarse a que haya olor a humo", sostuvo, y manifestó que en su casa, como es de dimensiones reducidas, se las arreglan con "una estufita eléctrica". En este sentido, afirmó: "A nosotros nos sirve, porque es chico el lugar y nos calentamos con poco".

Por su parte, Diego Motta, presidente de la vecinal Puerto Viejo, observó: "Este año hay mucha gente que anda buscando leña. Son muchos los vecinos que no tienen calefacción. En calle Estrada algunos tienen gas natural y una garrafa no rinde, como para usarla para calentarse. Si la usan para cocinar también, dura nada más que unos 15 días".

"Algunos no la están pasando bien; una cosa es contarlo y otra muy distinta es verlo. Por ahí ayudo, pero no tengo recursos para todos, encima este año no han dado los bonos del gas", confió con tristeza.

Walter Pérez, quien habita en uno de los sectores más necesitados de Puerto Viejo, comentó: "Donde vivo usan leña todos, más cuando hace mucho frío. La gente usa brasero, aunque algunos tienen salamandra; hay de todo un poco. Tengo un pariente del barrio que corta leña y le vende a los vecinos, pero si no la gente se las ingenia y busca de los montes", concluyó.


Mayor uso de salamandras y hogares

Si bien muchas viviendas de la capital entrerriana tienen acceso a la red de gas natural y esto simplifica los modos para calefaccionarse e incluso, a pesar de las subas, sigue siendo el combustible más barato en estos casos, el grueso de la población debe buscar diferentes alternativas para hacer frente a las gélidas jornadas.

El gas envasado es más caro y utilizarlo para calentar un ambiente a través de una pantalla u otro modo significa un costo importante para las familias. Frente a esta situación, las estufas a leña se fueron transformando en la opción más accesible. Martín Valdemarín atiende un local de venta de leña, carbón y otros combustibles en calle Soler, casi llegando a Vucetich, y comentó: "Respecto a años anteriores es impresionante cómo aumentó la venta de leña para lo que es hogares y salamandras. Años atrás se vendió, pero lejos a como se está dando ahora. Hacía mucho, quizás unos ocho años que no había tanta demanda".

El vendedor sostuvo que el uso de la leña en la actualidad también puede vincularse a una cuestión de confort, y refirió: "Ando mucho por el centro y por la zona del Parque Urquiza y veo que entre semana hay gente que usa los calefactores con gas natural y los fines de semana prenden los hogares, que son más lindos y hay otro ritual".

No obstante, sostuvo que además hay un público que no tiene acceso al gas natural y opta por la salamandra como recurso para calentar los ambientes de sus casas. "Tenemos clientes de todas las clases sociales, gente humilde y personas que están muy bien económicamente. Hay quienes llevan de a 100 pesos, y otros que buscan 100 o 200 kilos", aseguró, y contó: "Estamos llevando mucha leña a vecinos que viven en la zona del Autódromo, donde no existe gas natural. Una vez a la semana nos están llamando porque tienen salamandra y nos piden que les llevemos de a 50, 100 y 200 kilos".

Suelen traerla de la provincia de Corrientes, de la zona de Curuzú Cuatiá, de Mercedes, que se consigue leña más dura y de mejor calidad, porque el clima es más seco. El precio por kilogramo es de entre 5,50 y 6 pesos. Valdemarín sostuvo que si bien hay leña más económica, no la trabajan porque rinde menos. "Eso para salamandra. Lo que es para asado cuesta más, porque lleva otro proceso. La cortamos a gusto", aclaró, y por último agregó: "Trabajamos lo que es ñandubay; hay espinillo o algarrobo, que es más barato, y no rinde, porque se consume enseguida".


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