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Elecciones 2019

En la semana de las definiciones

Quedan cuatro días de campaña electoral antes de las elecciones presidenciales. Un pantallazo del panorama electoral nacional, provincial y municipal.

Sábado 19 de Octubre de 2019

Quedan cuatro días de campaña electoral antes de las elecciones presidenciales. A este domingo no habría que contarlo, por ser el Día de la Madre, y también porque la atención política está concentrada en el segundo debate de los candidatos presidenciales, esta noche se juega el partido de vuelta, aunque con menos expectativa que la semifinal de la Libertadores del martes porque casi nadie espera que alguien cambie su voto por este suceso, más allá de su importancia institucional.

Mucho se ha elucubrado desde que el presidente Mauricio Macri comenzó la campaña 30/30, pero nada le resta la condición de amplia favorita a la fórmula del Frente de Todos; y en todo caso, el logro evidente de la campaña macrista fue instalar en un sector de la sociedad la idea de que todavía hay pelea. Lo que revela la situación del macrismo hoy es que los convencidos con esta campaña son los propios, el sector que nunca votaría al peronismo, lo que se parece bastante a una campaña pensando en consolidarse como oposición, para evitar el desbande después de la presumible derrota.

No se conocen muchas encuestas hechas en la provincia, pero si en todo el país el candidato peronista mantiene la diferencia de las PASO del 11 de agosto, o la incrementa, sería muy extraño que en Entre Ríos sucediera algo diferente. Tal vez esa sea la respuesta a quienes, dentro del oficialismo provincial, se preguntan por la ausencia de actos y movilizaciones proselitistas. Si bien los candidatos a legisladores siguieron con su tarea electoral, no hubo hasta ahora actos con la participación del gobernador, que es el gran elector de la política provincial.

Esta semana seguramente habrá una actividad diferente, con actos en los que participe el mandatario. Parece razonable pensar que si Gustavo Bordet ganó el 9 de junio la elección para gobernador por una diferencia sobre Cambiemos que fue mayor a los 124.000 votos , y Alberto Fernández obtuvo en las PASO del 11 de agosto una luz de 75.000 votos, la incidencia del gobernador es gravitante en esta ocasión para mantener o ampliar esa diferencia.

No hacer actos posiblemente sea solo de una cuestión de formas, en una campaña atípica en todo el país, que solo justifica las movilizaciones cuando están presentes los candidatos presidenciales.

Siempre teniendo en cuenta que se trata de movilizaciones que tienen más que ver con el efecto que genera su difusión que con el impacto sobre la conjunto de personas movilizadas, a las que ya no hay que convencer de nada.

Así y todo, movilizar no es sencillo. La primera presencia de Macri en Entre Ríos en el marco de la campaña 30/30 tuvo un resultado que podría considerarse moderadamente satisfactorio. La segunda incursión, el lunes pasado a Paraná, mostró una pobre capacidad de movilización si se considera que se trató de un acto provincial, en el que todos los intendentes de Cambiemos tuvieron que hacer su aporte de concurrentes.

Las falsas imágenes del acto de Paraná que circularon por las redes sociales; las exageraciones sobre la concurrencia y la seguidilla de equivocaciones del Presidente sobre los lugares de que visita, terminaron por convertirse en el tema de comentario del acto para muchos de los que se enteraron por los medios o las redes sociales.

La evaluación del resultado electoral del domingo en la provincia parece plantear un mecanismo sencillo. Si en el país aumenta el porcentaje de votos de la fórmula Fernández-Fernández respecto de las PASO; en la provincia debería aumentar en coincidencia, como requisito mínimo para considerar al resultado como positivo.

En el acto del Día de la Lealtad peronista, el jueves en La Pampa, Alberto y Cristina hablaron de la necesidad de no confiarse y trabajar electoralmente hasta el mismo domingo. El gobernador anfitrión, Carlos Verna, había lanzado antes algún dardo a los gobernadores dialoguistas que no tuvo mayor efecto. La invención de Cristina, la candidatura de Alberto Fernández, sirvió para superar todas esas diferencias hacia adentro del justicialismo.

Tras la elección quedarán 40 y pico de días de incertidumbre, de caminar por el desierto, de ayunar y ser tentados por el demonio; o de prender velas para que Macri no empeore la situación. Ayer Clarín publicó que “los empresarios” preparan aumentos del orden 15% –especialmente en los productos de supermercados– para anticiparse “al congelamiento que podría imponer Alberto Fernández en caso de llegar al gobierno”.

A algunos se les ocurre que la entrega del mando durante la primera semana de noviembre podría disipar esas dudas, pero no lo dicen para no ser señalados como gente que no respeta la institucionalidad.

La agenda de los temas políticos provinciales queda claramente en un segundo plano frente a este panorama. De todos modos algunas cuestiones aparecen en el horizonte.

Sobre el perfil de la segunda gestión de Bordet dice mucho el proyecto de presupuesto para 2020. El fortalecimiento de las áreas de Salud y Desarrollo Social, como ocurrió ya el año pasado, atendiendo a que los efectos de la crisis seguirán sintiéndose por un largo tiempo, es el rasgo distintivo.

Si bien el propósito del equipo económico de Fernández apunta a reactivar el consumo (de bienes elementales ) –algo que puede resumirse como la intención de poner un peso en el bolsillo de la gente–, tendría un impacto relativamente rápido; la inversión en salud y en el área social seguirán siendo cruciales por muchos meses.

¿Qué prepara Bordet para su segunda gestión? ¿Habrá un relanzamiento?¿Qué hay del recambio de funcionarios? Son preguntas que en otro contexto hubieran despertado mayor interés. Es el contexto el que las desplaza a un segundo plano, más allá del estilo sobrio del gobernador.

Puede pensarse que la designación de quien suceda a Laura Stratta en la cartera de Desarrollo Social es el punto más saliente del recambio de funcionarios provinciales. Ha sido el Ministerio neurálgico de la primera gestión y es lógico pensar que su funcionamiento se mantendrá en los parámetros actuales. Con esta definición, la elección del titular de la cartera parece limitarse al entorno de la ministra (el equipo actual del ministerio o dirigentes en esa sintonía), más si se considera que la electa vicegobernadora seguiría teniendo participación en esas políticas provinciales.

Algo parecido parece que ocurrirá con Edgardo Kueider , quien se sentará en el Senado nacional desde diciembre. La principal espada política del gobernador no dejará de tener incidencia en lo provincial, más allá de que formalmente no ejerza el cargo que desempeñó desde 2015. Sí tendrá otras tareas, legislativas claro, y también políticas. La proyección de Bordet en el plano nacional, no pensando en 2023 necesariamente, sino en esta gestión tendrá en Kueider a su principal operador. Hace casi un año Bordet le encargó llevar adelante la negociación de la unidad con el arbitraje de Alberto Fernández, lo que da cuenta de su condición de principal operador político del bordetismo.

Igualmente, la idea de que el recambio de algunos de los principales funcionarios puede no ser tan complicada si se mantienen las políticas, no termina de resolver todas las cuestiones.

Sostiene el gobierno que la primera gestión fue esencialmente de ordenamiento de la situación financiera, de contención del ajuste macrista y de algunas obras públicas con fondos provinciales. ¿Cuál será el sello de la segunda gestión? además de mantener estas prioridades.

La definición de obras públicas de envergadura pasará por decisiones nacionales. Una de las variantes apunta a mejorar la calidad de la gestión en áreas tal vez no tan visibles, lo que pone a tiro de decreto a muchos funcionarios con rango de secretarios para abajo.

Tras la derrota electoral en las legislativas de 2017, Bordet realizó un recambio de funcionarios que si bien incluyó algún ministro, se expandió en las segundas y terceras líneas con un efecto positivo en la imagen del equipo de gobierno. La efectividad de la receta sigue vigente.

La segunda

La segunda gestión de los gobernadores entrerrianos corre el riesgo de decaer tras el segundo año, cuando se lanza abiertamente la interna por la sucesión, por imperio de la cláusula estadounidense que se impuso en la reforma de 2008, que habilita a cualquier ciudadano a ejercer solamente dos mandatos, como gobernador o vice, consecutivos o no.

En la carrera para 2023 hay ya instalados cuatro nombres anotados, aunque pueden sumarse otros. El vicegobernador e intendente electo de paraná, Adán Bahl; los intendentes de Concordia y Gualeguaychú, Enrique Cresto y Martín Piaggio; y la vicegobernadora electa aparecen en la línea de largada. Obviamente Bordet deberá arbitrar esa puja, especialmente en resguardo de su gestión, ya que un peronismo con amplias mayorías legislativas y gobernando también numerosos municipios, puede alimentar una disputa que corra el riesgo de salirse del de la normalidad.

Pero antes de eso, en los dos primeros años, buscará definir la impronta de su segunda gestión, que es por la que se los suele recordar a quienes son reelectos.

Hoy Bordet es el principal referente de un justicialismo que enfrente tiene a un radicalismo sin conducción, floreciente en reproches, y con una renovación dirigencial que no se inicia porque tampoco hay claridad en eso.

El PRO, el otro socio de Cambiemos, tendrá un fuerte desafío por su sobrevivencia en la provincia si Fernández es electo presidente. La alternativa es volver a ser un partido porteño.

El descalabro de Paraná

La situación del municipio de la capital provincial es de una gravedad tal que posiblemente los paranaenses no terminen de dimensionarla. El principal impacto que reciben se relaciona con la pésima prestación de los servicios públicos, originado en la carencia de elementos para brindarlos y de recursos presupuestarios, ya que la inmensa mayoría se agotaron antes del 9 de junio, en función de la expectativa electoral del intendente Sergio Varisco (Cambiemos).

Datos preliminares de un informe de auditoría solicitado por el intendente electo, que aborda el estado de situación de las cuentas municipales, indican que la actual administración no tiene recursos genuinos para afrontar los compromisos contraídos, incluido el pago de las masas salariales pendientes.

A pesar de una advertencia del contador general del municipio, la administración tomó recursos del Presupuesto Participativo y de otras áreas de la Municipalidad para afrontar los compromisos de este mes.

Se estima que sólo para el pago de salarios hacen falta 870 millones de pesos, además de un pasivo flotante al 30 de setiembre superaba los 1.300 millones de pesos. Entre las deudas pendientes hay más de 200 millones vencidos de pago de obra pública y se estima que el déficit de 2019 estaría por encima de los 1.500 millones de pesos. Al intendente electo le recomiendan iniciar acciones legales porque “los hechos devenidos sin respaldo presupuestario son legalmente nulos” y cuestiona la ordenanza de emergencia recientemente votada por vicios de inconstitucionalidad.

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