Causa Ilarraz
Miércoles 25 de Abril de 2018

En la quinta jornada del juicio, más testigos comprometieron al cura Justo Ilarraz

Los relatos coinciden sobre la responsabilidad del acusado. Ayer un cura dio a entender que Puiggari supo de los abusos antes de 1995

Se desarrolló ayer la quinta audiencia del juicio oral al cura Justo Ilarraz, acusado por siete casos de abuso sexuales contra menores cuando ejercía funciones en el Seminario Arquidiocesano Nuestra Señora del Cenáculo, en Paraná.

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Uno de los testimonios fue el de Patricia Díaz, mamá de Maximiliano Hilarza, una de las siete víctimas,. "Mi vieja relató los hechos que a ella le pasaron como amiga de Ilarraz, al punto de tener una intimidad tan grande que él le confesó un hecho muy traumático que pasó en su vida, y que lo marcó para siempre", contó Hilarza a UNO. Si bien no reveló de qué se trataba, se supone que puede ser también un caso de abuso.

"Ella contó cómo fue mi vida en el Seminario, y luego del Seminario incluyendo cosas muy malas que me pasaron durante 20 años. Luego, con el paso del tiempo, ella comprendió mis actitudes. También contó lo que sufrió como madre al ver que no me podía ayudar", narró Hilarza.

"Y también cómo ella fue manipulada psicológicamente por Ilarraz, mediante la ida a nuestra casa a cenar. Ella no podía entender cómo mientras sonreía y comía asado con nuestra familia, estaba abusando de su hijo, a quien había entregado al profesor y guía espiritual para que lo cuide y lo forme", apuntó el exseminarista que denunció los padecimientos sufridos a causa de Ilarraz.

También declararon ayer los exseminaristas: Gabriel Faure, Sebastián Fontana y Walter Wendler y, la psicóloga María Julia Ferrando, que atendió a una de las víctimas, José Riquelme, cuando ingresó como agente de la Policía. El joven padecía "depresión, signos de angustia, síntomas de suicidio" que resultan compatibles con la situación de una persona abusada, aunque nunca supo de boca del paciente sobre esa circunstancia.

La cardióloga Norma Volpe, también testimonió ayer. Fue quien primero se enteró de los abusos sufridos por Riquelme, ya que no le encontraban una causa orgánica a los cuadros de arritmia y taquicardia que presentaba, y que eran producto del estrés por las situaciones vividas.


El cura Puchetta
En su cobertura de ayer, Entre Ríos Ahora destacó el un testimonio de peso que reveló un dato que comprometió seriamente al actual arzobispo Juan Alberto Puiggari.

El sacerdote cordobés Néstor José Pucheta, de la diócesis de Villa María pero que se formó en el Seminario Arquidiocesano de Paraná en tiempos de Ilarraz, se enteró de los abusos en 1995. Se lo contó DC, una víctima que este martes declaró en el juicio a Ilarraz. Luego de escucharlo a DC, Pucheta se lo comenta al entonces rector del Seminario, el ahora arzobispo Puiggari, quien le responde de modo displicente: "Por fin tenemos otro dato. Ahora vamos a poder avanzar con la investigación de Ilarraz. Ya sabíamos de esto".

El 9 de julio de 1995, a las 5 de la tarde, DC fue llevado a la residencia episcopal de la Costanera Alta y declaró ante el instructor de justicia de la curia, el sacerdote Silvio Fariña, y ante el entonces arzobispo Estanislao Karlic

Allí le preguntaron "cuándo empezaron los problemas". Y DC contestó: "Empezaron cuando yo estaba en 2º año, en el campamento de verano. Allí empecé a ser su amigo; yo le dije que no andaba bien en la oración. Más adelante, me dijo que le gustaría que fuéramos íntimos amigos, y que primero tenía que ganar mi cuerpo y después ganar mi interior para llegar a la amistad. Me dijo también que no le dijera a nadie, pues no iban a entender. A mí no me gustaba, pero confiaba en él. Y así lo hacía. Lo que hacíamos juntos era que me llevaba a la cama, nunca me penetró, pero nos bañábamos juntos, nos acariciábamos en las zonas genitales".

Antes de DC, el 6 de julio de 1995, declaró Hernán Rausch en la investigación que había ordenado Karlic. Fue en la parroquia San Cayetano,ante Fariña y el sacerdote Alfonso Frank, hoy incardinado en la diócesis de Concordia. Rausch fue el primero que contó en el Seminario, pero Puiggari, como máxima autoridad del Seminario, recién decidió actuar cuando supo de la segunda víctima.

Con su declaración, el cura Pucheta reafirmó la hipótesis de que la Iglesia sabía de los abusos de Ilarraz mucho antes de 1995, cuando decidió investigarlos.

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