NI VENCEDORES NI VENCIDOS
Domingo 22 de Octubre de 2017

En el después de las urnas vuelven los asuntos del antes

Reacomodamiento de fuerzas, algún sinceramiento, diálogo en el horizonte, son temas del 23. Y también los clásicos: semillas con sello imperial, deuda pública en alza, federalismo en veremos, partidos crujientes, trabajo esquivo, tribunales tensos

Bien, ganamos y perdimos. Ahora, ¿con qué plan erradicaremos la muerte en ruta en la Argentina, que bate récord? ¿Y cuál será el método de consulta para que los entrerrianos definamos las obras prioritarias, si padecemos con cada lluvia el aislamiento en 20.000 kilómetros de caminos naturales, mientras los elegidos se pintan de faraones con obras monumentales?

Lo decimos, porque el apuro, con sus consecuencias fatales, y el desarraigo son moneda corriente a pesar de los avisos.

Pasaron las urnas, ahora, ¿cuál es el plan para devolver a las familias del barrio las tierras que usurpan diez usureros, antes que imputar a los hijos del barrio y acribillarlos en el corte de una calle?

Seguimos perdiendo en biodiversidad, erosionando el suelo, y está a la vista que los entrerrianos vivimos a orillas de arroyos contaminados. ¿Cuál es el plan, cuando el eslogan se esfuma y las familias vuelven a levantar la tapa del contenedor de basura para manotear algunas sobras?

Ya se avizoraban algunos indicios de conversación, siempre bienvenida, y mejor si avanzara hacia una recuperación del abolido federalismo. También alguna claridad tal vez en la orientación de las fuerzas, cuando todo se muestra tan embarullado. Pero a no engañarse: en la Argentina en crisis tallan fuerzas con fines diversos, camuflados, y pocas veces afloran los intereses. Eso corre para políticos, jueces, periodistas, corporaciones, sindicatos; no queremos pecar de cándidos.

Violencia y contestación
El tire y afloje sectorial suele desviarnos de una fuente de solución de los conflictos: la verdad.
Escuchábamos en las últimas horas una rueda de periodistas radiales planteando el terrible problema de la violencia mapuche, las capuchas, las intimidaciones, los ataques a puesteros de Benetton. Se preguntaban si no hay que diferenciar entre acción del Estado y represión, y si no debiera considerarse terrorismo la toma de una propiedad con un puñal en la mano. ¿Qué solución pretenden nuestros colegas, si el Estado garantiza a tres empresas la propiedad de dos millones de hectáreas (equivalentes a cien ciudades de Buenos Aires) mientras millones de argentinos no tienen dónde caerse muertos? ¿Dónde está la fuente de la violencia, sino en las sangrientas campañas al llamado “desierto” con sus matanzas, violaciones, destierros, secuestros, cuando los que están protestando hoy son nietos de aquellas víctimas?

La clase social gobernante no pasó unas noches en el Pu Lof, vacacionó en la estancia de Joe Lewis. Esa es la violencia, lo demás es contestación.

Los gendarmes no estarían controlando y reprimiendo cortes de ruta en la Patagonia si la clase social gobernante hubieran devuelto a los mapuches las 400.000 hectáreas que se robó un solo socio. La verdad es muy sencilla y esclarecedora: a los conflictos los crean el capital y sus aliados de la partidocracia.

Lo decimos el día después para prevenirnos de la histeria del próximo capítulo, si se puede.

Partidocracia
La ausencia de participación de los ciudadanos en los temas de importancia es ya incontrastable. Ni los unos pagando la friolera de 12.000 millones de dólares por año de una deuda fraudulenta, sin investigarla, ni los otros endeudándonos entre 30 y 50.000 millones de dólares cada año han tomado el hábito de consultar al pueblo.

El descrédito de la casta política explotó en 2001 y su paulatina recuperación volvió a tropezar con las mismas piedras.

Absorbidos por el día a día, los protagonistas no advierten que la partidocracia se ha convertido, lejos de la democracia declamada, en un régimen despótico. Que la fragmentación es su fuente de recursos y garantía de subsistencia. Que el respaldo del capital financiero y, a través de ese capital, de los medios masivos y los recursos para la propaganda, vuelca las elecciones en los partidos más audaces inclinados ante ese capital. De ahí que, si de Monsanto, Chevrón y la banca se habla, no hay sillas vacías.

El oficialismo, cualquier sea, sirve al estado de cosas y la oposición erosiona al oficialismo. La fórmula es conocida. En el medio, una sociedad convulsionada por las disputas que el poder socializa, como no socializa sus riquezas.

Tribunales
La noticia electoral será reemplazada en un santiamén por la noticia judicial, con uno de los peces más gordos de la política, Julio De Vido, en el banquillo.

Por años se denunció a Lázaro Báez, José López, Ricardo Jaime y Julio De Vido, entre otros. Sus propios seguidores no dejan de asombrarse por la magnitud de sus atropellos a la caja pública. También Cristina Fernández suma causas graves. Pero ya lo vivimos, principalmente con la década de Carlos Menem y su séquito. Entonces la pregunta, ¿qué se hace para revertir estas prácticas, para ejercer una medicina preventiva y no sólo curativa? ¿Y qué haremos con la corrupción más honda y legal?

Si la Argentina no da garantías, es importante hacer un diagnóstico para luego buscarle remedios y precauciones. Y esto sirve también para Entre Ríos, donde el Superior Tribunal de Justicia se ha manchado solo, sin ayuda. En la cuna de la república, Entre Ríos, la actuación del jefe de fiscales Jorge García y de la jueza Viviana Murawnik dan para el escándalo, pero no desentonan con el Superior. Y bien, pasaron las urnas, ¿nos animaremos? ¿O los gobernantes se conformarán, como sospechamos, con zafar?

Semillas
Por milenios sembramos semillas con libertad. Ahora asoma una disputa por la presión de multinacionales que quieren atarse al cinto la cadena de semillas hasta la eternidad.

No les alcanza con patentar una semilla: pretenden que las hijas y nietas de esas semillas también les paguen. Los gobernantes de ayer y hoy encuentran en Monsanto y ese mundo el punto de intersección. Pero los posicionamientos se verán mejor en la colita que resta del año 17. Apuntamos a la Ley de semillas porque será convocante. Sectores de la producción agropecuaria están que se salen de la vaina y le van a pasar factura a sus dirigentes si el oficialismo hace oídos sordos.

El tratamiento de algunas leyes depende de los porotos que junte el oficialismo en el Congreso, desde la lógica antirrepublicana que consiste en no entrar en un debate si no hay triunfo asegurado.

Los productores gastan recursos vigilando cada grano que circula por los puertos, para hacerle el favor a Monsanto, y cada gobierno que llega ignora ese despropósito que consiste en esparcir un gen (Intacta) en una suerte de violación masiva, y sentarse a cosechar los frutos.

En la Federación Agraria, los dirigentes que no fueron absorbidos por el oficialismo se quejan porque de 2014 a la fecha sus denuncias contra Monsanto por abuso de posición dominante no obtienen respuesta de los sucesivos gobiernos.

La manera de abortar otro diciembre bravo es sencilla y podrían celebrarla 40 millones de argentinos, menos una decena de popes que tendrá con qué comprarse un pañuelo.

Deuda y patria
Bien, votamos. ¿Y la deuda pública? Si los partidos mayoritarios no querían hablar antes a calzón quitado, los números ya hieren los ojos: la deuda trepa los 300.000 millones de dólares. El gobierno nacional no paga vencimientos de capital de la deuda, y toma más, con la complicidad de gobernadores de otros partidos, que también endeudan sus provincias. No sería grave si fuera que ya la vivimos.

Una de las causas: el déficit fiscal, y achicar el déficit se llama “ajuste”. ¿Dónde? ¿Quién está dispuesto a ceder medio centavo en un territorio con tanto cacique alzado y tanta necesidad de palmadas?

Lo interesante del caso es que, mientras la pobreza no cede de manera significativa, los privilegiados del sistema parecen dispuestos a brindar sobre la cubierta del Titanic. Y allí vemos a la patria contratista de siete vidas, por caso, desafiando al gobernador Gustavo Bordet. Las declaraciones de algún capo mafioso parecen de película, con el súbito protagonismo de alguien que desenvainó el sable como su patrono. Y bien, pasaron las urnas, ¿quién le pone el cascabel? O dicho de otro modo, pensando en futuro, ¿cómo evitar que las sabandijas nos sigan marcando la cancha?

Madera
Gualeguaychú no logró echar a UPM Botnia. Como otra mojada de oreja están anunciando una nueva pastera que descargará efluentes en el río Negro para desembocar también en el Uruguay. Ahora, ¿también perderá la Ley de la madera? ¿No tensamos demasiado la cuerda con los asambleístas?

Gustavo Bordet y Mauricio Macri se tomaron de la mano para derogar una ley que le arrancó al poder la lucha ecológica, y había puesto paños fríos a los reclamos, con esta lógica: si no bajamos las pasteras, por lo menos no les venderemos árboles. Y bien: ¿calibran el descontento que están azuzando? Si iban a derogar la ley, ¿por qué no lo explicaron en la plataforma partidaria, cuando pedían el voto?

Escuchar
La partidocracia no hace del escuchar un hábito. No escucha a las agrupaciones y las personas que piensan y aman el país, y que no van por los votos porque no aceptarían que los bancaran banqueros.
Han pasado las urnas. ¿Escucharemos algunos meses al peronista ecologista Jorge Rulli? Es un ejemplo, nomás. ¿Por qué no hacer el esfuerzo, ya que no hay elecciones a la vista? ¿Por qué no escuchar a los viejos, si quizá un consejo nos ahorraría un mar?
Los que actúan con indiferencia ante los saberes, ¿qué dicen cuando la juventud agarra las masas y rompe los pisos y los escalones para hacerse de las piedras necesarias?
Escuchar es una de las tantas deudas de esta democracia. Abrirse a las verdades, aunque no paguen. Dice el pensador Huanacuni Mamani (ahora canciller boliviano) que el saber escuchar es uno de los principios que contribuyen al vivir bien y buen convivir.

Chovinismos
Hay un excepcionalismo entrerriano que es real. Por razones históricas, políticas, geográficas, culturales. La partidocracia es enemiga de ese excepcionalismo, por su dependencia de los designios metropolitanos, pero usa con frecuencia el espíritu autonomista del pueblo en tiempos electorales.

Las disputas por Salto Grande entran en esa lógica. Dirigentes que han gobernado el país por décadas, apenas pierden ese poder se atrincheran en su localismo y gritan derechos que hasta ayer callaban. Cuando les queda bien, patria grande; cuando aprieta el zapato, chovinismo. Podríamos pedir a ganadores y perdedores de estas urnas que nos alivien de esa carga que consiste en exponer tesoros de la sociedad a merced de intereses de ocasión. Que no abonen el camino a la desconfianza colectiva.

Trabajo quiero trabajo
Hace pocas semanas concluyó y se divulgó un relevamiento de villas miseria en el país. De las 4.100 registrados, 168 están en la provincia de Entre Ríos. La precariedad de esos asentamientos es un síntoma de la desocupación y otros males.

Ese tipo de caseríos sin servicios adecuados ni seguros sociales constituye un extremo. Sin embargo, cientos de otros barrios padecen similares necesidades y no están mencionados en el relevamiento, pero sabemos que la indigencia, el amontonamiento, los conflictos, se suceden a lo largo y ancho del país. Y bien, pasaron las urnas, ¿cuál es el plan?

Pollos amontonados, gallinas amontonadas, chanchos amontonados, vacas amontonadas, hombres amontonados, campos vacíos donde sembrar granos para pollos, gallinas, chanchos, vacas, hombres amontonados. ¿Para sostener ese sistema perverso es que la Argentina se está endeudando a razón de 50.000 millones de dólares al año?

El lema “ni vencedores ni vencidos” no debiera aplicarse a toda circunstancia, pero viene bien en esta ocasión. Los que ganaron, los que perdieron, los que no participaron, todos constituimos un país, cada cual es lo que es y es también en parte su adversario.

Los entrerrianos podemos aportar un lugar extraordinario para buscar la solución: la rueda de mate. En ese lugar sagrado nadie gana, nadie pierde, porque en presencia de la yerba y la Pachamama, allí habla el corazón.

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