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En 2018 le donó un riñón a su amigo, y hoy ayuda con sus clases de yoga

Solidaria, Cristina Giménez es profesora en la ONG el Arte de Vivir y en cuarentena comparte sus saberes sobre yoga para prevenir los efectos del encierro.

Viernes 15 de Mayo de 2020

En 2018 Diario UNO compartió una noticia que conmovió a sus lectores: Cristina Giménez, una profesora de yoga y meditación oriunda de Chaco, pero que hace cinco años reside en Paraná, le donó a su amigo Walter Ardinson un riñón, lo que le posibilitó mejorar enormemente su calidad de vida y evitar tener que someterse largas horas a diálisis, tres veces por semana.

Ambos se habían conocido practicando meditación en la fundación El Arte de Vivir, y ella, al conocer su historia, se ofreció como donante. Su solidaridad hizo crecer el milagro, por lo que fueron elegidos como personas destacadas por Diario UNO hace un año y medio atrás.

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El yoga, una disciplina que en la cuarentena se multiplicó a través de clases on line. 

El yoga, una disciplina que en la cuarentena se multiplicó a través de clases on line.

Walter fue el primer ciudadano en Entre Ríos en recibir un trasplante de un donante vivo no relacionado, es decir, de alguien que no es familiar suyo, y con su testimonio promueven la importancia de la donación de órganos. En ese entonces no existía todavía la ley Justina y tuvieron que presentar un recurso de amparo para que la Justicia les permitiera poder llevar adelante el procedimiento, que fue un éxito.

En ese entonces, Cristina señaló que a muy pocas personas les había contado sobre este hecho y explicó: “En general la gente no está acostumbrada a estas cosas, sino a dar las sobras. Esto es algo que la mente racional generalmente no entiende”.

Además de ser profesora de yoga, es licenciada en Letras y docente de Lengua y Literatura en escuelas de barrio, donde brindó talleres de meditación a sus alumnos, y hasta que se declaró al pandemia, durante cuatro años dio clases yoga ad honorem en la Unidad Penal N° 1 de Paraná, junto a sus pares Ricardo Levín y Patricia Rivarola, quien está a cargo del proyecto de la ONG Prision Smart, que se lleva adelante en distintas cárceles del país.

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“Es una elección de vida ir a lugares donde se me necesite”, afirmó Cristina, y comentó a UNO que es el camino que siguió eligiendo al decretarse el aislamiento social, preventivo y obligatorio que se decretó en el país para frenar el avance del coronavirus.

Actualmente aprovecha las bondades de las tecnologías para ayudar con sus clases virtuales de yoga y meditación a quienes lo necesitan, previniendo los efectos que puede llegar a causar el encierro de la gente en el contexto de cuarentena.

Lugar de encuentro

El Arte de Vivir es una organización no gubernamental humanitaria, educativa y de carácter voluntario, fundada en 1981 por Ravi Shankar, y que actualmente tiene centros en más de 156 países, según explican en su sitio oficial. Y a través de la cuenta de Instagram elartedevivir_parana Cristina comenzará a dar clases en vivo de manera gratuita desde la semana que viene, para que “todos encuentren la paz mental”, sostuvo.

A su vez, refirió: “Serán clases libres y gratuitas para todos. Siempre me gusta hacer servicio para la comunidad. Además de eso, tengo mis alumnos de clases aranceladas, que ahora las doy desde la Fundación dos veces por semana, los lunes y miércoles a las 20 por la plataforma Zoom”. Sobre este punto, indicó que los interesados pueden pedirle más información comunicándose al celular (0343) 156444677.

Por otra parte, da clases en el Consejo de Profesionales de Ciencias Económicas de Entre Ríos, y además la convocaron de la Municipalidad de Paraná para compartir sus saberes a través del programa Activá en Casa, al que se puede acceder por medio de la página activaencasa.parana.gob.ar. “Me llamaron desde el municipio y me consultaron si podía dar yoga en esa plataforma, y es maravilloso poder hacer este servicio”, dijo, y recalcó: “Siempre estoy disponible para el servicio, es lo que me alegra el alma”.

Este espacio ya comenzó a ser compartido online y Cristina Giménez adelantó que la próxima semana grabará más clases, y comentó que además participan en esta propuesta sus colegas y amigos Ricardo Levín y Nanci Sittner, que también pertenecen a El Arte de Vivir. “A veces dan clases ellos y a veces yo”, señaló, y contó que junto a Nerina Aiello, otra amiga de la Fundación, comenzaron a dar yoga y meditación en un Centro Integrador Complementario (CIC) y aclaró: “Es un proyecto nuevo que iniciamos en barrios y comunidades”.

Sumamente generosa, destacó que pudo encontrar una oportunidad dentro de la cuarentena, al comunicarse con más personas a través de Internet, aunque confió: “Al principio me preocupé cuando empezó la pandemia, no sabía cómo iba a hacer para continuar mi actividad. En un momento me senté a meditar y se me ocurrió continuar por Zoom. Comencé y la verdad es que he tenido más alumno que de modo presencial. Es magnífica la tecnología, y puede ser utilizada como algo muy positivo cuando se sabe usarla y se puede contar con ella; en mi caso no me costó”.

“Ahora tengo alumnos de todo Entre Ríos, y prácticamente se han duplicado: son de Concepción del Uruguay, de Villaguay; y también incluso de la provincia de Chaco, de donde vengo. Esto lo que hace es globalizarnos, la tecnología nos acerca más”, remarcó.

Sobre la adhesión que han tenido sus clases, aseveró: “El descanso que le da a la mente de las personas el yoga es muy beneficioso. Durante el aislamiento, uno tiende mucho a preocuparse, a ponerse mal, a deprimirse; es mucho tiempo de mirarse hacia adentro, de estar con uno mismo o con la familia. A mí me pasó al principio, esto es normal en todos: yo estaba todo el día afuera, acostumbrada a andar de aquí para allá, y de repente me vi quedándome todo el día en mi casa, cocinando y demás. Uno en esos primeros momentos se alborota, se inquieta, se impacienta, se estresa, se pone ansioso. Y ahora concluyo que la verdad es que a mí es lo mejor que me pudo pasar”.

En su caso, trabaja desde hace aproximadamente ocho años como profesora internacional de yoga, y tiene una amplia preparación. Al respecto, informó: “Hice distintos cursos, de Sri Sri Yoga, que es el que damos desde la Fundación, también de Hatha Yoga, y el año pasado empecé un instructorado de Ashtanga Yoga. Me gusta estar especializándome, y ahora asisto al profesorado internacional de yoga de El Arte de Vivir, ya no como alumna, sino como profesora”.

Por otra parte, aclaró: “Hay una visión occidental del yoga en que se lo muestra solamente como una sucesión de posturas, pero es una disciplina que tiene muchas acepciones y es muy amplia, con varias ramas. Una de ellas es el servicio desinteresado, estar estables, lograr la unión entre el cuerpo, la mente y la respiración. O sea que si uno en algún momento está al 100% haciendo algo, quiere decir que está en yoga. Como pasa con los niños, que están al 100% siempre, ellos son yoguis: respiran de una manera, viven sin ego, desinteresados, naturales”.

Para quienes deseen tomar sus clases, sostuvo que no hay requisitos previos, excepto “tener ganas de estar en paz”. Sobre esta cuestión, señaló: “Si bien es un color al que se lo asocia con la pureza, no es necesario vestirse de blanco para esta práctica; solo es necesario usar algo cómodo. Lo que recomiendo tener dos horas de ayuno previo, para aprovechar la respiración y las posturas; y no es indispensable tener colchoneta o yoga mat: se puede usar una mantita o con tener un espacio limpio es suficiente”.

“Tampoco es necesario tener conocimientos previos de yoga. Es mejor no saber nada antes, porque sino uno empieza a comparar y es bueno dejarse sorprender. Son muy completas las clases para todos: incluyen técnicas de respiración, posturas, meditación; uno se va una mente muy calma”, aseguró por último con simpatía, destacando los beneficios de una disciplina milenaria que ella elige compartir para ayudar: “Yo practico yoga y de salud estoy maravillosamente, nunca he tomado una aspirina y desde el trasplante estoy perfecta. Además, practico el ayurveda, hago mis ejercios de respiración, tomo tres litros de agua por día, y me rodeo de buena energía”, concluyó.

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