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El Viejo Bale tiene sus horas contadas para surcar los cielos

La pasión por la aviación llevó a José María Balerdi de 81 años, carpintero y ex docente, a construir su propio avión. En pocos días hará las primeras pruebas.

Jueves 17 de Junio de 2021

Es un proyecto que le está llevando dos años y medio de trabajo, pero tiene la gratitud que lo considera casi como a un hijo. Horas y horas de dedicación en su taller de carpintería, como también mucho tiempo de estudiar los planos porque la aviación se trata de un trabajo de precisión absoluto, al más mínimo detalle. Con sus jóvenes 81 años, José María Balerdi está a punto de cristalizar su obra más preciada. Esta aeromodelista de Concordia nunca se imaginó que algún día se podrían como desafío construir su propio avión y ahí está, lo tiene a sus narices a poco de tomar contacto con el cielo.

Este carpintero con más de 60 años en el oficio, un buen día se confió a sí mismo y luego a sus amigos, que tenía en mente encarar un nuevo proyecto, pero destaca que el motor de esta aventura se la dieron sus amigos del aire, quienes le consiguieron planos y además siguen de cerca el proceso. Se trata de la construcción desde sus raíces de un Woody Pusher, es un monoplano biplaza en tándem, ala alta tipo parasol, diseñado en los años 60. “El Viejo Bale”, como lo llaman sus amigos y el mismo nombre que tendrá la aeronave se preguntó una y otra vez si era posible que él mismo fabricara un producto de estas características y finalmente el tiempo le dio la razón.

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El Viejo Bale, y su proyecto concretado.

El Viejo Bale, y su proyecto concretado.

Este avión experimental biplaza en tándem cuenta los días para comenzar con sus ensayos de vuelo en el Aeroclub de la Capital del Citrus y por el cual hay muchos aficionados que se anotan para estar en esa jornada histórica. “En la escuela dando clases estuve casi 30 años. Una vez que me jubilé, seguí la rutina de la carpintería. Trabajaba mucho, con muy buena clientela. Pero una vez apareció esto y dije, ‘punto’. No se puede hacer dos cosas porque demanda mucho tiempo. Te lo metés tanto en la cabeza, que el mejor lugar es la cama. Cuando apoyás la cabeza en la almohada, ese es el momento donde salen las ideas. De lunes a viernes estoy dedicado a esto, sábado y domingo no entro. Es una muy linda rutina diaria”, recalca en su larga charla con UNO.

Este explorador un buen día reunido con sus amigos (Adolfo Fito Bikkesbakker y Mario Ziegler) le surgió un interés de hacer algo más que los aeromodelos que él mismo fabrica, pero nunca pensó que su aventura sería tan grandiosa. “Un día haciendo aeromodelos uno de los muchachos amigos del aeroclub y que vienen al taller, estábamos charlando y les pregunté. ‘Mario, tengo ganas de hacer un modelo, pero algo grande’. Nunca pensando en esto. Y Mario me dice, ‘ampliá un plano y lo hacés’. La charla quedó y un día me cae Mario al taller con otro amigo, que es un libro abierto. Se paran en la puerta con los planos y me dicen: ‘mirá Bale lo que te traemos para vos’. Eran los planos de este avión. Miramos los planos, me gustó y con eso abandoné la carpintería, más allá de que estaba jubilado para dedicarme de lleno en esto”, relató respecto a cómo surgió la iniciativa de crear este avión.

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El aeromodelista de Concordia y su creación.

El aeromodelista de Concordia y su creación.

Actualmente la aeronave está en los “toques finales”, en fin en los detalles. “Llevan tiempo, hay cosas para corregir. Por ejemplo, ahora estoy trabajando en la rueda de cola. Recientemente lo pusimos en marcha en el patio y resulta que la rueda de cola está muy débil en donde agarraba, se torció, por lo que lo estoy haciendo de nuevo. Después tengo una pequeña pérdida en el escape, tengo que cambiar la junta y nada más”, contó.

El proceso del armado del fuselaje, el Viejo Bale destacó que fue todo por planos, aclarando que podía ser de madera, como de caños. “Tengo todos los planos de una fábrica en Estados Unidos y con eso trabajé todo. Como tengo la ventaja de ser carpintero, tengo las máquinas, sé elaborar madera. Fue con cierto temor. De punta a punta tiene un listón de madera de pino de 19 por 19 milímetros. Estaba solo en el taller, me los puse en la mano a los listones y me pregunté ¿en esto voy a volar yo? Pero claro, cuando se lo arma se convierte en una estructura fuertísima, parece que no, pero lo es”, rescata.

En cuanto a la elaboración de la estructura que sostiene a las alas y que está por debajo del impulsor, indicó: “El instrumental que tiene es lo imprescindible, lo esencial. Todo está hecho acá adentro y por mí, con ayuda. Por ejemplo, esta estructura que sostiene las alas se llama cabana, que fue soldado por unos amigos porque es muy difícil de hacer por todos los ángulos que tiene y demás, además debe coincidir con todo lo demás”. Justamente en cuanto a las prestaciones del motor se trata de un Rotax 582, dos cilindros, dos tiempos, refrigerado por agua, con válvula rotativa, doble encendido electrónico y dos carburadores. Eroga una potencia de 65 Cv a 6500 rpm, de 6.800 RPM, de 580 centímetros cúbicos, generando una potencia de 155W a 6.000 RPM.

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Las alas construidas íntegramente de madera, tienen una terminación en una tela especial. “Una vez que se las instala, se las estira y se le da calor, queda sumamente tensa. Luego, la tela tiene siete manos de un producto que se llama Dope y le termina dando consistencia, fuerza. En fin, no le pasa el agua”, manifestó. En cuanto a los colores que utilizó para este desafío destacó que es una coincidencia ya que simpatiza por Boca Juniors. “Cuando mis amigos me traen los planos de la aeronave, me traen la foto del avión en Estados Unidos es exactamente igual”, destacó.

El carpintero de 81 años indicó que actualmente está en el proceso de conseguir los permisos correspondientes para poner en el aire al avión. “Se deben cumplir los requisitos de poder volar cualquier avión. La aeronave debe pasar por inspecciones de la Administración Nacional de Aviación Civil (Anac). Tienen que venir pero por culpa de la pandemia, no lo pueden hacer. Una vez que esté todo bien, me deben dar la matrícula. No obstante, cumple todos los requisitos”, dijo.

En un pasaje de la entrevista, José María contó que hace pocos días había puesto en marcha por primera vez el motor y lo sintetizó de la siguiente manera: “Fue una maravilla, lo ves así chiquito como es al motor, pero tiene todas las características”. En cuanto a la autonomía de vuelo contó: “Es variable de acuerdo a los vientos que pueda haber. Con el tanque que tengo de 60 litros, calculo que puedo volar aproximadamente cuatro horas, con un consumo aproximado de 15 litros”, dijo. Consultado de cuándo podría tener su producto surcando los aires de la ciudad respondió: “La prueba de vuelo seguramente la haremos en próximos días, casi seguro. Inicialmente lo vamos a carretear y después guardarlo”, indicó.

Esta pasión por los aviones la tiene desde muy chico, con la misma fabricación de los aeromodelos. “Siempre digo que a esto lo parí. Los que saben más que yo, calculan que me llevó entre 2.500 y 3.000 horas de trabajo. Voy rápido, llevo dos años y medio. Hay momentos que es muy cansador, no desde los físico, sino desde lo mental porque hay que leer mucho. Como los planos son norteamericanos, es todo en pulgadas y hay que pasarlos a milímetro”, contó.

En cuanto al primer vuelo, le consultamos al viejo Bale quienes serán los tripulantes de esa primera experiencia y de eso salió una anécdota que surgió en el taller. “Había empezado a hacerlo, estaba trabajando en la madera. Y a uno de esos muchachos que sabe tanto le pregunto: ‘¿Che Fito, cuando termine esto quién lo va a volar? Y me responde, él que es piloto. ‘Yo te lo voy a volar’. Y le retruqué, ‘mirá que te tomo la palabra’. Cuando esté listo será él quien lo va a volar y yo voy a ir de acompañante. Será el padrino de la criatura”, contó.

Este bonaerense con más de 50 años ya establecido en Concordia también contó lo que llevó hacerse del motor que impulsará al producto terminado. “Este amigo Fito aparece un día con que había encontrado este motor en la provincia de Buenos Aires, le hicimos una oferta y así se dio. A los pocos días lo fuimos a buscar, muy cerquita de General Villegas. Está prácticamente nuevo. A los motores se los mide por horas de marcha trabajada, se lo revisó todo y me dice que no debe tener ni 20 horas. En el mismo viaje en La Plata fuimos y nos trajimos el tren de aterrizaje, todo en fibra de vidrio. Si no hubiese tenido el respaldo de estos amigos no llegaría en esta aventura”, contó.

En este proceso de aprendizaje constante que es el arte de conseguir que la aeronave ponga sus alas en el cielo, Balerdi se sinceró: “Yo siempre digo cuando hablo de la carpintería, que yo sé mucho de carpintería, pero con total seguridad sé que es mucho más lo que no sé. Y en esto pasa más o menos lo mismo. Acá si o si es de una sola forma, bien”, dijo.

Consultado si este sueño de crear una aeronave estaba dentro sus objetivos postergados, respondió: “Yo solo quería hacer un modelo grande en escala, pero estos dos amigos me llevaron a esto. La posibilidad estaba, pero es muy difícil”. Al mismo tiempo destacó que cuenta con el acompañamiento de la familia. “En esto se precisa todo: a la familia, a tu mujer, todo. Mi hijo vive en Chajarí, por lo que está fuera de esto. Y con todo esto de la pandemia no ha podido venir, pero él se siente un poco orgulloso de su padre”, dijo el creador del Viejo Bale y al mismo tiempo agregó: “De todas maneras, todo el mundo que viene al taller es porque habla de aviones. Uno de los muchachos que viene tiene un avión fumigador, yo voy a donde tienen el avión y todo el mundo habla de lo mismo. Es una cultura muy sana, acá prácticamente no se fuma, nos gusta comer buenos asados, no se toma alcohol. Yo fui muy fumador, me fumaba hasta tres paquetes por día y le gané porque lo dejé”.

Durante la charla en su propio “hangar”, el este vasco de condiciones innatas sorprendió al entrevistador al momento de preguntarle que este proyecto se trata de un trabajo de suma precisión. “El aeromodelismo es mucho más difícil que esto porque es todo muy chiquito, muy débil. La madera balsa se corta con una Gillette”, describió.

Con más de dos años de intenso trabajo en su taller de carpintería pegado a su casa, José María anticipó que ya se está preparando para vivir de una manera muy especial ese día cuando vea carretear a su producto terminado. “Me vengo preparando desde hace tiempo. Mi origen es vasco, pero el vasco también tiene sentimientos. Y verlo volar será algo increíble, pero como vengo preparándome, ese día que pusimos en marcha el motor fue un momento bravo te sentís un poco Gardel. El ego puede. Para el vuelo que debe ser obligatorio en el Aeroclub, ese primer momento será un poco fuerte”, contó.

Justamente, el grupo de aficionados que integran el Aeroclub local también están muy expectantes por ese primer vuelo de total bautismo para la aeronave. “Cuando nos podíamos juntar, ahora no por la pandemia, todos los sábados comíamos asados 10 o 15 personas y en alguna medida lo estaban esperando”, manifestó.

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Ese sueño llamado Woody Pusher

Sobre este tipo de aeronave se conoce poco e inclusive no son muchos los videos que se pueden ver de estos surcando los aires. El Woody Pusher es un biplaza ala de sombrilla monoplano diseñado para construcción de viviendas por el norteamericano Harris Woods, basado de cerca en el Curtiss Junior. Comercializado por primera vez en la década de 1960, al menos 27 volaban en 1980.

El motor está montado al ala. Con esta motorización promete un crucero de 85 millas, unos 136 kilómetros por hora y una pérdida en 45 millas por hora (72 kilómetros por hora). El peso máximo de la aeronave es de 520 kilogramos. La estructura está construida en pino Paraná pegada con pegamento poliuretánico, algunos refuerzos y revestimientos son de terciado y el conjunto final entelado con los métodos tradicionales. Los herrajes fueron calculados para hacerlos en acero 1010 y 1020 cortados con los modernos métodos láser que brindan gran precisión y una adecuada relación entre costo, calidad y ahorro de tiempo.

Entre sus características se describe que tiene un largo de 6,22 metros, envergadura de 8,84 metros, altura de 1,91 metros, peso bruto de 522 kilogramos, mientras que en cuanto a su rendimiento su velocidad máxima puede alcanzar los 160 kilómetros por hora, abarca 310 kilómetros y el ritmo de ascenso llega a los 600 pies.

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