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El trabajo que escasea y los salarios que no alcanzan

El trabajo que escasea y los sueldos que no alcanzan. Dos caras de una misma moneda en un país que vive en una permanente crisis.

Domingo 24 de Octubre de 2021

Se va terminando el año y la gente padece las mismas penurias. No es necesario realizar una encuesta para darse cuenta de que el coronavirus dejó de ser una preocupación, al menos en el corto plazo. El pulso de la calle dice otra cosa, habla de problemas más terrenales y a esta altura crónicos. “No podemos llegar a fin de mes”, se escucha en una conversación en el colectivo. En los pocos minutos que duran los viajes por la ciudad al trabajo o a la escuela habitan muchas historias mínimas con fuerte contenido social y que ayudan a comprender de primera mano las problemáticas más urgentes. Los que aún conservan el trabajo se desviven pensando en cómo estirar sus magros salarios. Es el principal desafío de la clase trabajadora, porque los usuarios del transporte en su mayoría son empleados de comercio o se desempeñan en algún organismo estatal.

Son testimonios de una capa social en degradación, de los excluidos de una clase media que supo ser próspera. La gente cuida el “mango” como puede, aunque son pocas las estrategias capaces de lograr el “milagro”. La inflación está haciendo añicos cualquier previsión, más aún cuando el índice anual de precios se estima que llegará al 48%.

Por más que se busquen precios en los grandes centros comerciales o en el almacén de barrio, el bolsillo siempre termina castigado. Un conocido comerciante de Paraná contaba acerca del comportamiento del consumidor en tiempos donde la crisis golea fuerte. Afirmaba que el cliente ahora lleva lo justo y lo necesario, sólo para el consumo diario, y que es frecuente que ciertos productos se dejaron de consumir.

“Salvo que algunos vayan con alguna mutual, como por ejemplo cuando habilitan la tarjeta Sidecreer, ahí hacen pedidos más grandes. Pero después llevan la diaria”, confió a UNO.

Son razones para no estar felices, porque siempre es el laburante el que está sometido a condiciones de achique del salario y a un esquema galopante de precios. Si a estas reglas las sufre el trabajador registrado, ¿qué queda para los empleados informales y para los jubilados en nuestro país?

Otra vez el viaje en colectivo es la usina de contenidos para reflejar el modo de vida y de producción de la clase tra- bajadora. La charla transcurre entre dos mujeres mayores de edad, quizás cerca de llegar a los 60 años, que intercambian experiencias laborales. “No sé cuántos viajes tengo que hacer por día para llegar a mi trabajo. Hoy me parece que abrimos de corrido, porque hay mayor movimiento de gente”, le decía a su compañera. La otra asentía con complicidad, aunque a ella le tocaba en suerte atender en horario desdoblado.

Es una charla con diálogos ficticios pero que ocurrió hace unas semanas en Paraná. La anécdota es representativa de dos mujeres que en todo caso deberían estar pensando más en jubilarse que aportando su fuerza de trabajo al mercado. ¿A quién responsabilizar por estas condiciones desiguales para hombres y mujeres, dentro de un mercado laboral cada vez más excluyente y tirano?

Podría ser tranquilamente el sistema político por diversas razones: su falta de acierto cuando se requiere de políticas laborales adecuadas, o el poder más concentrado que representan las empresas nacionales y multinacionales.

Como sea, en esta pospandemia es necesario recuperar fuentes de trabajo de calidad, y a la vez potenciando los ingresos de los sectores formales. Hace algunos días UNO reflejó el caso del frigorífico equino de la ciudad de Gualeguay. Luego de la salida de sus propietarios se conformó una cooperativa que es la que actualmente está peleando por reactivar el predio fabril. De esa forma podrían reinsertarse en el mercado laboral más de 80 trabajadores y sus familias. Para que el sueño se concrete aún resta la confirmación de la Jus-ticia, que tiene que expedirse acerca del proceso de quiebra. Es una lucha silenciosa que lleva varios años, con avances y retrocesos, pero que necesita del respaldo del gobiernoprovincial en este tramo decisivo. El frigorífico, por su tipo de producción y faena, es único en su tipo en el país, y en su momento de mayor auge exportaba carne de caballo a Rusia y a algunos países de Europa.

El trabajo dignifica, por eso es tiempo de reconvertir la asistencia social en puestos laborales genuinos, convocando al empresariado y a los gremios en pos de un país que brinde más posibilidades de desarrollo a sus ciudadanos.

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