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El Servicio Sacerdotal de Urgencia dejó de ser una guardia nocturna para atender durante las 24 horas

Cambios a partir de la pandemia. El padre José Barreto describió un alza en los llamados de personas ahogadas por la situación de tristeza.

Lunes 13 de Abril de 2020

La Iglesia católica está viviendo momentos de gran cambio pastoral debido a la pandemia de coronavirus; el papa Francisco fue el primero en impartir cuidados para evitar el contagio entre los fieles brindando indicaciones precisas a cada Diócesis. De ahí que primero se dejó de dar misas –aún con el templo abierto donde se podía–; reservando del trabajo pastoral a los sacerdotes mayores de 60 años, postergando peregrinaciones, bendiciones y viviendo de manera virtual el Triduo Pascual y las celebraciones religiosas de cada fin de semana.

Sin embargo el Sumo Pontífice remarcó que no debían dejar solos a los enfermos, a los que necesitan ayuda espiritual. “Recemos al Señor también por nuestros sacerdotes, para que tengan el coraje de salir y acudir a los enfermos, llevando la fuerza de la Palabra de Dios y la Eucaristía y acompañen a los trabajadores sanitarios, los voluntarios, en este trabajo que están haciendo”, remarcó el Papa argentino en una misa del 10 de marzo pasado, en la residencia de Santa Marta .

Tal vez por estas medidas impartidas, el Servicio Sacerdotal de Urgencia (SSU) en Paraná haya incrementado no sólo la atención religiosa sino también emocional. Diario UNO se comunicó con el asesor del SSU, el presbítero José Barreto que explicó los cambios que se fueron dando a partir de la pandemia, en un servicio que en principio solo atendía de 21.30 a 6 de la mañana.

“Ahora las llamadas se reciben todo el día y se canalizan a través de una persona que tiene el teléfono abierto y de ahí se derivan a quien corresponda”, describió el sacerdote destinado actualmente en la comunidad de la parroquia San José de Feliciano.

“Hemos recibido más llamados de los habituales pero de gente que está fuera del radio de las urgencias que nosotros manejábamos, personas que quieren hablar, que piden oración. Con la pandemia se profundizó el diálogo con personas ahogadas por situación de tristeza, angustia, así que le damos palabras de consuelo, ánimo”, señaló.

Según manifestó, habitualmente se desarrollaban 30 guardias que se corresponden a los días del mes. “Cada día se constituyen tres laicos y un cura. Entonces son 90 laicos y 30 sacerdotes, 120 voluntarios, más 10 o 12 semaneros (se llama así a quienes coordinan la entrada, el comienzo y la formación de la guardia, una vez organizada la misma)”.

Pero además de ampliar el horario, quienes integran el SSU también debieron comenzar a ajustarse a las medidas de prevención para evitar contagio de Covid-19.

Para la atención de enfermos (confesión, unción) los sacerdotes deben discernir prudencialmente cuando el caso es realmente urgente y cuando se puede postergar la visita; también tener el cuidado de al llegar y salir del lugar que visitan higienizarse las manos cuidadosamente. Si se visitan a más de un enfermo (por ejemplo hospital, hogar de ancianos), aplicar medidas sanitarias antes de pasar de uno a otro. Tener las cautelas necesarias acerca de la distancia entre personas, excepto cuando los ritos lo exijan. Pueden usar barbijo y guantes descartables. Cuando se atienda a un enfermo con óleos no se debe volver a usar el mismo algodón con el aceite de los enfermos.

“Tuvimos una situación difícil cuando recién había comenzado a difundirse información sobre coronavirus y posibles casos en Paraná. Una familia nos llamó en la noche para ir a su casa pero no nos brindó demasiado detalle del enfermo. El sacerdote fue y lo atendió espiritualmente, salió al encuentro sin recaudos. Ahora no salimos; la guardia de tres que se constituía en el Arzobispado ya no lo hacemos. La guardia desde el 20 de marzo ya no es más presencial sino virtual, y así una persona concentra la información y avisa con las precauciones del caso. Por nuestra parte, liberamos a los sacerdotes, semaneros y guardias de más de 60 años, sólo estamos trabajando los menores”, explicó.

Además, el presbítero señaló que el SSU “escucha a todos” algo que en otras Diócesis tiene línea especial como en Lomas de Zamora que se llama “Dios escucha”; en San Isidro “Teléfono de la Esperanza” o en San Francisco (Córdoba) que se lanzó el “Servicio de Escucha”, destinado a las personas que están solas. “El SSU ahora está dedicado también a la contención psicológica, familiar, además de la espiritual”, dijo Barreto que añadió: “Un domingo nos llamaron por una persona que se autodeterminó, nosotros no concurrimos a realizar responsos, somos la urgencia del enfermo, pero por esta necesidad espiritual de la familias, fuimos. Son situaciones nuevas que nos desbordan, no están dentro de los parámetros del SSU, es como que todo ha cambiado y nosotros estamos acostumbrándonos a esas variables”.

Y no sólo se acrecentó la atención telefónica, sino en clínicas y también extendido en el hospital San Martín y hospital Militar. Al respecto, y en sintonía con la prevención, la Pastoral Hospitalaria de Buenos Aires propuso que los sacerdotes que acudan a los hospitales o sanatorios a atender al paciente internado (grave o moribundo que esperan recibir la Unción de los Enfermos) reciban los recaudos de bioseguridad como son guante, barbijo, camisolín, gorro, cubre calzado y antiparras.

Toda esta descripción de vicisitudes que a diario transitan los pastores de la iglesia, laicos y voluntarios muestra las primeras variantes que se están dando en la Iglesia y eso que aún no se ha visto demasiada enfermedad en Entre Ríos como sí en Buenos Aires, donde las directivas son claras.

En cuanto a los pacientes infectados que están en hoteles o domicilios particulares totalmente aislados, el comunicado de la Pastoral Hospitalaria advierte que los sacerdotes no podrán asistirlos personalmente, porque no se contará con medidas de protección como en un hospital (barbijo, guantes, camisolín, gorro, antiparras) y se corre riesgo de contagio personal del sacerdote y luego este convertirse en transmisor del Covid-19. Para esos casos será importante, en los casos en que sea posible, la charla telefónica de consuelo, contención y oración.

“Nosotros hemos venido realizando un trabajo de hormiga para una situación como ésta que es imprevista. Y tenemos sacerdotes que realmente son meritorios, vos los llamás y al toque están”, contó el cura que pidió racionalidad en los fieles al momento de pedir asistencia espiritual: “Nos han pedido por el teléfono fijo o por whatsaap la confesión o que le llevemos la comunión como un delivery, y eso no lo estamos haciendo. Lo nuestro es una obra muy puntual, es la urgencia del enfermo, podemos escucharlos pero después se deriva al párroco más cercano”.

Origen

El Servicio Sacerdotal de Urgencia nació en Córdoba, por iniciativa de un laico de esa comunidad, Armando César Sánchez, que vivió una triste experiencia cuando una noche de mayo de 1952 falleció su padre y no logró contactar a ningún sacerdote para acompañarlo en ese momento y administrar los últimos sacramentos. Mientras recorría las iglesias buscando la ayuda, veía farmacias de turno, sanatorios y hospitales de guardia y pensaba “cómo los cristianos no tenemos un servicio de guardia para estos momentos”. El 26 de octubre de 1952 se constituyó la primera guardia de un servicio que se iba a extender en todo el país y el mundo y que lleva 68 años de trabajo.

El 17 de febrero de 1994 se firmó el Decreto 6/94 por el que se creó el Servicio Sacerdotal de Urgencia en Paraná y a partir del 19 de marzo comenzó a funcionar de 21.30 a 6 de la mañana todos los días. Y es de urgencia, puesto que su ámbito de acción es la noche, para permitir el descanso a los demás sacerdotes y asegurar la atención del enfermo en forma continua. Los números de contacto son 4221444 o al celular (343) 154-598509.

Actualmente hay 17 servicios activos en el país, en Córdoba y Buenos Aires, Santa Fe, Rosario, Tucumán, Salta, Mendoza, Catamarca, entre otros.

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