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El sapucay de Marcia despertó un nuevo cancionero entrerriano

El arte regional, de parabienes con esta generación de músicos que estudia, contesta, escucha, enseña y ensambla vertientes

Lunes 05 de Agosto de 2019

Inspirados en un disco recién salido del horno del pianista paranaense José Bulos, hablaremos de una explosión musical en la juventud entrerriana. Todo un jardín que conocemos a medias, pero se intuye, está en el aire, y con una peculiaridad: son jóvenes atentos a la huella de sus mayores, jóvenes que escuchan y se convierten en puente entre esos mayores y los niños, todo surgido en una actitud compartida de fogonear la cultura nuestra, regional, desde el pie.

Las chicas y los muchachos están componiendo temas bellísimos y hondos, con fuente en viejas y siempre vigentes obras de Abelardo Dimotta y José Ramón Maciel Varela, y renovadas versiones de los aportes de Walter Heinze, Miguel Martínez, Aníbal Sampayo, Linares Cardozo, Edmundo Pérez, Alcides Müller, Víctor Velázquez, Jorge Méndez y tantos que sería largo enumerar.

Sin dudas seremos un poco injustos, porque al mencionar algunos dejaremos a la mayoría afuera. Por eso pedimos disculpas de entrada.

Gran encuentro

Bien siglo 21, esta corriente encuentra eslabones en distintas generaciones y se hunde en el fondo de los tiempos. Pero pasamos por un momento especial porque confluyen diversas vertientes, serias y alegres, académicas y familiares, suaves y vibrantes, para festivales o salones, y hay onda, es decir: se valoran los aportes de cada cual, sin por eso mentir o menospreciar talentos. Hay todo un mundo entorno del chamamé, un mundo alrededor de la milonga, un mundo en el candombe, en fin, y esos mundos se cruzan en algo abarcador llamado arte.

Veamos esto, de arranque: el chamamé de Edmundo Pérez “Alborada y melodía”, que sentimos como una puerta a la conciencia de la vida y la biodiversidad, al aire puro, con algunos contrapuntos entre las aves, las mariposas, las flores, los habitantes del monte que corretean a nuestro alrededor; ese hallazgo de la música lugareña abre el “Abrazo entrerriano”, la obra de Chamamé Trío que formaron Juan Martín Caraballo (guitarra), Pablo Suárez (flauta traversa, clarinete, cajón), y Ariel Cardozo (contrabajo). Qué halago para Edmundo, eso de escuchar a los jóvenes tratando las melodías de su acordeón con manos de seda. Si todavía no escuchamos, busquemos esa versión por ahí; esa comunión de vientos y cuerdas nos deja como flotando.

Algunos de estos artistas junto a Nelson Leonori y Valentín Cosso formaron en su momento el Cuarteto San Antonio; nos queda una grabación de El Tren Zonal que titularon Con la música a otra parte. Temas de Abitbol, Casís, Dimotta, Tarragó Ros; y cómo luce la armónica en El Hornerito, el rasguido doble del entrerriano Julio Luján y Pircas Rojas, cuando sabemos que es casi imposible alcanzar la versión de Ernesto Montiel y su Cuarteto Santa Ana, particularmente en este tema, fruto de uno de los compositores más notables que ha dado el territorio: Luján. A propósito, el historiador entrerriano Juan Antonio Vilar, gran admirador y conocedor del chamamé, dice que pocas obras se comparan a Gente de ley, ese chamamé casi galopa que Ernesto dedicó a su amigo Miguel Franco, y en verdad que compartimos esa apreciación porque en esto de la música no hay fronteras, para qué decirlo, y con Gente de ley, nuestro himno nacional, los argentinos salimos a pasear por el mundo con el corazón lleno, como si desplegáramos nosotros el fuelle completo.

Estando solo, marca colectiva

El jueves pasado, en la presentación del nuevo libro de Ana María Martínez, Mujeres del verano (dimos algunas referencias en este espacio), nos llegó a las manos inesperadamente una esperada grabación de José Bulos. Además de ser cuñado de Ana María, José es un pianista de excepción, de formación académica, volcado al cancionero regional con la inestimable orientación de Hilda Herrera, nada menos.

Leamos el agradecimiento de Bulos, en la cara interna de la caja de su disco titulado Estando solo. “A Oli, Maru, Ata, Pini, Facu, Juan, Turco, Ceci, Negra, Guille y Chela, compañeros del Movimiento de Música Entrerriana De Costa a Costa, por haberme enamorado de estas músicas que nos conocen”.

¿Nos conocen estas músicas? ¿Somos nosotros parte de ese mundo que nos espera, nos tiene paciencia, nos abraza, nos alienta? ¿Y cuáles son “estas músicas”?

Bueno, algo nos dice el repertorio de José Bulos: Estando solo, el chamamé de Abelardo Dimotta (que da el título), abre el disco con una versión en piano que le escuchamos a Bulos en la Casa de la Cultura hace pocos meses: brillante. A este hijo de Hilda Herrera y Ariel Ramírez y Adolfo Ábalos que es Bulos sólo le falta tocar un chamamé en Europa para que la Argentina colonizada advierta lo que tiene a mano. Y no nos sorprende, si hemos disfrutado aquí en el piano al Negro Aguirre, a Silvia Teijeira, que constituyen con Bulos y otros toda una corriente viva de la música sin tiempo.

Pero volvamos al chamamé de Dimotta: Juan Martín Caraballo y Valentín Cosso grabaron Dimotta en guitarras, y su versión de Estando solo se encuentra por youtube. Empieza con los sonidos del monte, un contexto sin igual.

La obra Nido, de Maru Figueroa, incorpora Estando solo con otra interpretación exquisita, que le escuchamos en la biblioteca provincial, y también entra en Arroyo Hondo del mismo autor nacido en Mojones Norte, en el Departamento Villaguay. Se nos impone aclarar que no nos levantamos lisonjeros esta mañana, nada de eso. Ocurre que tomamos las versiones del mismo tema de Dimotta en Figueroa, Caraballo-Cosso, y Bulos, y las tres se presentan distintas e imperdibles, una mejor que la otra, cada cual con influencias conocidas o no tanto. En el caso de Maru, en su mismo disco agradece “a Diego Espíndola, mi maestro de chamamé”, por ejemplo. Allí comparte algunos temas con Silvina López, que junto a Ernesto Méndez, Mauricio Lafferrara y otro puñado constituye toda una generación de la guitarra entrerriana, que los aún más jóvenes escuchan bien.

A propósito de Lafferrara, su disco Volver en guitarra (que grabó en Shagrada Medra hace una década ya, con la compañía de Flavio Valdez en guitarrón y Facundo Petruccelli en bandoneón) lleva el nombre del chamamé de Roberto Galarza. Allí la versión de El rancho solo, de Ernesto Montiel, es un hallazgo.En otra obra, Figueroa, la nieta del querido y recordado Mingo Nanni, amigo de Atahualpa Yupanqui, grabó una saga de temas de Maciel Varela, bajo el título Al estilo de Maciel, una veta fundamental de la guitarra entrerriana.

En el programa radial de Ricardo Maldonado solemos encontrarnos con el guitarrista y escritor Marcelo Varela, y le hemos escuchado obras de las de antes y de siempre, como el preludio “Lágrima de madre”, un regalo. Tristes, estilos, milongas, un clima que habla de otra Entre Ríos, medio oculta por ahí en los ruidos modernos, pero que florece y somos testigos.

Estuvimos con Marino Frezetti varias veces, y su disco Rescoldo es una prueba de su selección prolija de temas criollos, con una voz clara, ancha y paisana como las bombachas que fabrica en familia y presenta en las ferias de artesanías.

Décimas con trinos y otras milongas; cifras, estilos, vidalitas, son sus preferencias para el canto y la guitarra, que suena redonda en Campos de la tarde, de Walter Heinze. Allí también el chamamé Tarde islera, que Frezetti compuso con Melisa Budini, y hemos escuchado a esta joven, claro, entre las cantoras de voz privilegiada que está dando el siglo.

Acordeón y poesía

Rumor Litoral, el trío de Analía Bosque, Chela Martínez y Maru Figueroa, es otro grupo que fogonea nuestro cancionero. En su obra Cauce eligieron tres temas de Albérico Mansilla y Edgar Romero Maciel, entre otros clásicos, y también Facilón de Adivinar, de Juan Carlos Alsina, en la voz de Chela. Hay una conversación del bandoneón con la guitarra y la flauta, en Colchón de Chala, de Isaco Abitbol, toda una celebración, y otros logros como la voz de Bosque en De Santa Fe al norte de Carlos Pino. “Me acuerdo de una Villa Guillermina donde duerme la historia sepultada…”. Qué belleza; el Dúo Enarmonía también lo ha grabado.

Facundo Torresán nos da “Trasnochados espineles” en su obra Retratos de mi pago, y bellas composiciones propias, sea con su grupo, con el Guille Lugrín o en otras formaciones. Su trabajo más reciente, Melodías de Pueblo y Montiel, muestra un diseño de los más bellos de estos años. Empieza con dos de Abelardo Dimotta: el chamamé Causa triste y el rasguido doble Motivo triste, este último con una ejecución de las más sentidas que hemos tenido al alcance. Hay que buscarlo, está en ese disco con un cardenal en la tapa, donde también canta Sebastián Pitu Monsalvo algunos temas como el clásico Jazminero, con su voz cristalina, y Torresán luce sus obras, nostálgicas en letra y música, y busca por el lado del tanguito montielero, tan paisano, para bailar sin apuro.

Estuvimos en la presentación de Atahualpa Puchulu en Paraná con Oración Chaná. Allí el poeta, músico, guitarrero y cantor uruguayense viaja por chamarras, huellas, chamamés, estilos, y se anima a las voces del chaná. Hay en Atahualpa todo un sondeo. Pa’el Jacinto no es una chamarrita más. Tiene algo entrerriano y un no sé qué latinoamericano. “Creció juntito al dolor que le enseñó a caminar pero nunca se torció, a un horizonte apuntó y le tiró un diario en el zaguán… Pa’el Jacinto no hay domingo ni rincones donde irse a llorar”. Esa pieza es otra muestra de lo que pueden nuestros jóvenes.

Lemes desde el sur

Y pasan los párrafos y resulta que hemos empezado apenas el paseo por ese jardín de nuevos artistas, esta eclosión de flores. ¿Dijimos algo ya de la voz y las composiciones notables de Damián Lemes? Lo conocimos en una presentación de Agmer, luego escuchamos su obra Canciones del gajo al suelo, y después en vivo en radio nacional Gualeguaychú.

Así como en el chamamé solemos señalar la voz del villaguayense Mario Suárez, como heredero de esas voces siempre presentes (Julio Luján antes, Juan Cabral más cerca), en este nuevo cancionero, Lemes toma la palabra con timbre muy propio. Como Puchulu, le da otra vida a la chamarrita, y viaja por galopas, huainos, zambas, varios temas propios. Canta lo que le gusta. Dávalos, Petrocceli. Y Remando, es un regalo.

No hace tanto pasó por la capital entrerriana Paraná Berreta, para presentar su obra Machetazo. Ahí también el entrerriano Juan Manuel Benítez junto a Pedro Berreta y Matías Leriche, trabajo prometedor con temas propios y clásicos de José Larralde, Aníbal Sampayo. Otros jóvenes están por los tambores, o en la murga uruguaya y en la murga canción, como ocurre con La de Bolsillo con actuaciones a sala llena que no se olvidan, en La Vieja Usina y otros escenarios. Da gusto su vibrante versión de la retirada de Asaltantes con patente (gorrión que abriendo sus alas…).

Cruzando generaciones

José Bulos nombra en su disco recién salido del horno a Olivia Reinhartt, Facundo Torresán, Maru Figueroa, Guille Lugrín, Atahualpa Puchulu, Ángel Pini Muñoz, Chela Martínez Bader, Claudia Krom, Cecilia Castro (la hija del Chamarritero), Juan Martín Caraballo, el Turco Abdala y otros, que conocemos por sus obras o por sus enseñanzas. Y dice algo más de Lugrín, que nos releva de comentarios: “A la palabra desafiante y clarificadora del amigo Guille Lugrín. Y al compromiso de su voz”. Vaya dedicatoria, toda una definición sobre uno de los motores del Movimiento De Costa a Costa.

Días atrás recodábamos una chamarrita de Lugrín que menciona a algunas de sus inspiraciones. “Voy cantando a Maldonado y a Raúl de Gualeguay, por el Negro allá en mi barrio, por el Aldo en Nogoyá”, en referencia al galarceño Ricardo Maldonado, un clásico en el cancionero entrerriano y en la recopilación de antiguas obras anónimas, y al gualeyo Raúl Ponce, el autor, con el payador Adolfo Cosso, de la chamarrita Con el tango del Montiel; al Negro Alcibíades Larrosa, autor con Walter Ocampo de bellas canciones entrerrianas (Regreso pitanguero, por caso), y al recordado poeta y recitador nogoyasero Aldo Muñoz, autor con Carlos Santa María de Cruzando el arroyo Malo, una marca.

Hasta aquí llegamos y no explicamos aún por qué lo del sapucay de Marcia Müller como bisagra… Bueno, la seguimos en otro número para nombrar otros aportes conmovedores del arte regional. (Continuará).

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