Naturaleza
Miércoles 05 de Diciembre de 2018

El rescate de piedras semipreciosas, otro atractivo de Colón

A menos de cinco kilómetros del centro de la ciudad, a 150 metros del río Uruguay está el Reservorio de Piedras de Selva Gayol

Colón, sitio turístico preferido de la provincia de Entre Ríos para miles de familias cada año, tiene playas y deportes náuticos; también el Parque Nacional El Palmar que emergen como sus atractivos más destacados. Sin embargo, el rescate de piedras semipreciosas es, precisamente, una de las actividades predilectas de turistas del resto del país y del mundo que llegan a este punto del Litoral argentino.

Desde hace un cuarto de siglo se produce el descubrimiento de brillantes ágatas entre el canto rodado que en las canteras de la región se recogen para la producción de hormigón.

Eso despertó la atención de una familia emprendedora de Buenos Aires que se había instalado recientemente en Colón. Aquella primera inquietud se convirtió dos décadas después en una pujante reserva de minerales, con museo y feria de exposiciones merced a la conjunción entre una creciente curiosidad y un inesperado interés por la geología por parte de esta familia, y a un contexto en el que "terapias alternativas" exponen cualidades favorables para la salud entre las piedras preciosas, semipreciosas y ornamentales.

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En el barrio Troncos Petrificados, a menos de cinco kilómetros del centro de Colón, a 150 metros del río Uruguay y a unos 500 metros de la ruta 130, que une esa ciudad con San José, se encuentra el Reservorio de Piedras de Selva Gayol.
Se trata de un museo, que también es sala de exposiciones y feria. Un punto al que arriban curiosos de los minerales, artesanos y trabajadores de la joyería y la bijouterie, y también familias de turistas que hallan en este lugar un paseo que complementa singularmente el abanico de atractivos de la zona.

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Según un informe oficial de la cartera turística colonense se estima que la presencia de ágatas en esta región responde inicialmente a coladas de lava volcánica del prehistórico período cretácico y a posteriores procesos de erosión. El ágata es un conjunto de variedades del cuarzo o sílice, cuya cualidad característica es la de poseer serpenteantes bandas de colores poco contrastados que, alineadas una encima de la otra, con sutiles ondulaciones, responden a la forma misma de la piedra y cautivan las miradas de los aficionados y visitantes.
Entre marrones, amarillas, negras, las más de 2.000 piezas de ágata que se exponen en este particular museo varían no solo por sus naturales características físicas, sino también por el trato que han recibido en el proceso de recolección, corte y pulido. Resistente a los reactivos químicos, se trata de una roca dura cuyo tamaño y forma pueden variar considerablemente.
Si bien la presencia de estas piedras semipreciosas en la región no fue descubierta recientemente, la familia que inició este emprendimiento es pionera en recolectar, cortar, pulir y exhibir estas piezas; tareas en la que se viene formando a lo largo de los años y que demandan un riguroso y paciente trabajo artesanal.

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Bella, misteriosa y energética
Quienes arriban habitualmente por el emprendimiento de Selva Gayol se centran particularmente en llevar piezas de ágatas para enriquecer colecciones de minerales semipreciosos. Otros, atraídos por la singular belleza de esta piedra, la adquieren para realizar bijouterie y artesanías.
En los últimos tiempos, muchos las solicitan para tratamientos de gemoterapia o reiki, ya que esta piedra multicolor, formada a partir de multitud de cristales de cuarzo, se dice, posee propiedades energéticas que favorecen el equilibrio físico, mental e intelectual; tan necesario en tiempos de vertiginosidad y sobreexposición emocional. Según algunas terapias alternativas, esta piedra semipreciosa es capaz de actuar sobre los estados de ánimo de las personas, para asumir positivamente los desafíos cotidianos.

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