Historia de Vida

El padre Pablo Méndez lleva consigo arte narrativo poético

El padre Pablo Méndez de la iglesia San Isidro Labrador de Puerto Yeruá y su otra faceta por los recitados que lo llevó a subirse a escenarios de la región.

Miércoles 08 de Junio de 2022

Lleva consigo un interés por la narración y lo hace visible mediante el recitado, un género en peligro de extinción. Se trata de una impronta que lo descubrió a muy corta edad, casi en paralelo con aquel momento en que le anunció a sus padres que tenía la intención de ingresar al seminario para abrirse camino en la iglesia. El padre Pablo Méndez, que está al frente de la Iglesia San Isidro labrador de Puerto Yeruá en el departamento Concordia, tiene su pasión por los textos, que lo llevó a subirse a los escenarios de la región, donde compartió su talento con grupos folclóricos. Inclusive, su admiración por la música chamamecera derivó con los años en tener su propio programa de radio, donde cada semana se brinda para con sus oyentes mediante la música litoraleña.

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El padre Pablo es muy querido en su comunidad.

El padre Pablo es muy querido en su comunidad.

El párroco permanece en la localidad turística desde febrero de 2018 y por estos días se están cumpliendo 100 años de que un cura fue a vivir a la localidad ubicada al margen del río Uruguay, por lo que el año próximo se cerrará el año de alegría. Inclusive la parroquia recibió el saludo del Papa Francisco y las dispensas necesarias de la vida religiosas enviadas desde el Vaticano. “Vamos a recibir unas reliquias de tercer grado desde la tumba de San Isidro y con el cuerpo mismo de San Isidro en Madrid”, expresó y al mismo tiempo agregó: “Es un año de mucho movimiento”.

Su entusiasmo por este arte poético narrativo lo define de la siguiente manera: “Busco dar lo que está en mi interior, el que escribe una letra está sacando de adentro lo que muchos quieren expresar y tal vez no sepan cómo hacerlo. Le pasa a cualquier escritor, a cualquier poeta. El padre Julián Zini sacaba cosas y eso que sacaba era lo que todos queríamos decir. A mi me pasa lo mismo, muchas veces pasa que me decís ‘me duele el corazón por lo que pasa en el mundo’ y esa situación me hace sacar una letra”.

Nacido en la localidad correntina de Goya en 1978, el Padre llega de un origen desconocido por el interés hacia la iglesia y a modo de chanza así lo interpreta. “Vengo de una familia correntina tradicional pero no muy religiosa, por lo que ni yo sé cómo salí cura jaja. Mi papá era trabajador, en esa época estaba en la fábrica de la Coca Cola que después cerró, mamá siempre fue una mujer ama de casa. Eran personas que no eran de ir a la iglesia, pero rezan y creen en Dios. Era una familia normal, por eso no sé cómo salí cura jaja. Nosotros somos cinco hermanos, yo soy el mayor y después me siguen tres varones y una sola guaina y un último varón. Todos son normales, el único soy yo que salí cura. O como decía Mamerto Menapace, ‘yo soy el único vivo’ y le preguntaban si el resto estaban muertos y respondía: ‘no no, el resto trabaja’”, manifestó de manera graciosa a UNO.

Respecto a su vocación por la iglesia, recordó: “Escuchaba las campanas de la iglesia cuando tenía unos 7 años y eso me atraía muchísimo. Para mi el ruido de las campanas es muy importante porque despertaba en mi interior un algo que no sabía qué era. Yo mismo por mis propios medios fui buscando cómo llegar a ser la vida de la catequesis porque mis padres no se preocupaban mucho, por distintos motivos. No por despreocupados, sino por un poco de ignorancia, de conocer la vida religiosa. Un día fui a averiguar cómo se hacía la catequesis y ya estaba excedido en edad, por lo que tenía que hacer catequesis de comunión y confirmación. Para eso tenía unos 13 años y ya escribía unas poesías. Me fui criando así”.

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Consultado qué representa en su interior el sonido de las campanas, respondió: “Cuando llegué a Concordia lo primero que detecto es que hay torres, campanarios y de hecho tengo una letra escrita a los campanarios de Concordia. Los campanarios de la Catedral, Pompeya, Capuchinos, el tímido campanario de la San José Adoratrices. Cuando suenan las campanas en mi se produce el mismo sentimiento que tenía en la época de niño. Por eso es muy importante que una iglesia tenga y suenen las campanas. A través del sonido de las campanas, es el horario de misa y de oración por más que no vayan hasta el lugar de oración. Te avisa algo, te dice algo, te pide algo. Te avisa que algo nuevo está comenzando y te pide de tu parte una actitud reverencial hacia esos momentos. Después nos volvemos a confundir en la vida. Es como el Kairós en la teología, el Cronos, el tiempo cronológico de la mitología griega, es el tiempo que nos va consumiendo. Cronos se alimentaba de sus hijos dice la mitología griega, por eso son tiempos cronológicos. Nos va comiendo, nos va envejeciendo, nos va tirando y nos va llevando a la muerte. Sin embargo, en ese tiempo cronológico hay un tiempo de Dios que es el Kairós, que es el tiempo que viene y hace nuevas todas las cosas. La resurrección, el nacimiento del niño, el bautismo de un niño, la comunión, el cumpleaños es un Kairós. Nuestra vida está marcada por Kairós y ese Kairós que marca nuestra vida, la campana a mi me saca de lo cotidiano y te mete en un tiempo atemporal, la eternidad”.

A la vez, Méndez manifestó cuándo despertó su interés por ser cura y los caminos que debió enfrentar. “A los 15 años sentí un ardor interior de que quería ser cura, me fui y le enfrenté al párroco diciéndole que quería ir al seminario. Me fui al seminario menor San Carlos Borromeo de Goya, de ahí pasé al mayor en Resistencia, Chaco que estuve hasta 2004, en 2005 estuve en Buenos Aires y en 2006 regresé a Esquina, Corrientes, donde hice un año pastoral en la parroquia Santa Rita, en 2007 fui a Roma por el Movimiento de los Focolares y viví dos años. En 2009 regresé con una carta del Obispo abierto, si quería regresar a la Diócesis de Goya o donde hubiese sacerdotes del Movimiento de los Focolares. La Diócesis más cercana a mi origen era la Diócesis de Concordia porque estaban los Padres José Temón, Daniel Zimmermann y Martín Bordet, quienes adhieren a este movimiento y así fue que llegué a Concordia”, relató.

Para el Padre no interpreta al ser humano sin la vida religiosa y así lo considera. “Todo ser humano por más ateo que sea cree aunque sea en el hombre, cree en un amigo, en un familiar, en aquél que está cerca. Creemos. El creer es religión. La religión del latín es religre, es como diría en lo popular, tirar un lazo y enlazar a alguien. Enlazar al toro, al ternero. Queda atado, uno queda ligado a algo, a alguien. Entonces no podemos decir que la religión va por un lado y la vida por otro, la vida es religión y la religión es vida. Cuando escribo un recitado y uno lo lee, ese recitado popular te va a describir un pueblo, una geografía, al hombre, pero siempre vas a descubrir que en eso hay algo trascendente, que te lleva a otra dimensión”, relató.

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Y sobre sus primeras incursiones en los textos de esos versos poéticos recuerda: “Comencé cuando era gurí. Me acuerdo que un día estaba en la plaza Mitre de mi ciudad, miro y diviso a la iglesia Catedral de Goya, del cual viene nuestro primer Obispo Monseñor Ricardo Rösch. Me doy vuelta y veo que está el colegio Santa Teresa que en aquella época era solo de señoritas. Y me salió una letra, a esa letra la perdí, lo único que recuerdo es que hablaba de la plaza, del colegio y de las niñas… se ve que estaba medio enamorado, eran otras épocas ja. ‘Pero simplemente me doy vuelta y comienzo a revivir, cuando suenan las campanas de la iglesia Catedral, veo una pareja de novios que sale del templo y un largo beso se dan’. Solo de eso me acuerdo. Para mi ese fue el momento inspirador, desde ahí siempre escribí algo. Cuando llegué a la Diócesis de Concordia en 2011 se cumplían los 50 años de la misma y ahí escribí una letra que es María Inmaculada de la Concordia. Escribo cosas populares y religiosas”.

Sobre su impronta con estas expresiones de identidad, el presbítero se ha subido a distintos escenarios litoraleños y manifestó: “Lo que quiero transmitir a través de los mismos, primero quiero que llegue el recitado a la persona común, sencilla, no a la que está a la iglesia. Por eso, muchos de los recitados están dados al azar. Después, tengo recitados que quiero que lleguen a gente dentro de la iglesia, son más religiosos. Yo no canto, ni ejecuto, pese a que estuve en el coro polifónico del seminario. No toco ningún instrumento, pero cuando escribo me viene la melodía y a esa melodía se la paso a algún amigo, que ejecuta y pone la melodía que le voy pidiendo. Me han pedido algunas personas que escriba. Por ejemplo, el párroco de Los Charrúas para los 80 años de Los Charrúas me pidió que le escribiera algo y le escribí. Así sucede para tal o cual evento. Estuve en la plaza pública de Los Charrúas con el maestro Roberto Viera y su conjunto que toca el acordeón, en Puerto mismo –aniversario de la localidad– y hay algunos recitados míos que están en You Tube. Después de eso he recibido más invitaciones pero mi actividad no me deja mucho. O me voy a recitar o hago la misa los sábado y domingo jaja”.

Desde hace algunos años el Padre Méndez tiene su propio espacio en un programa radial que se emite los día martes por Cadena Entrerriana de Concordia y se repite en varias localidades de la provincia. “Pasamos chamamé, chamarrita y lo que hace a nuestra vida del litoral. Comienzo el programa diciendo: ‘Canta la calandria, se despereza el zorzal, templadas las cuerdas comienzo a cantar. Su nombre, mi pueblo porá. Su voz, un dulce trinar. La audición más esperada, de mi bello Litoral’. El programa se llama ‘Mi pueblo porá’ y nació hace como unos 7 u 8 años en una FM católica de Federación, Radio Inmaculada junto a Gustavo Javier. Es un programa que a donde voy lo llevo, busca ser un programa chamamecero cultural. Con dos horas de duración, en la primera hora busca tener algún invitado, por ejemplo la última entrevista que se le hizo a la señora Ramona Galarza, se la hice yo, después de esa entrevista ella falleció. Además, por los micrófonos de ‘Mi pueblo porá’ pasaron Berta Miriam, Nélida Argentina Zenón, Julio Cáceres y después muchos jóvenes que uno trata de promoverlos”, recordó Méndez que considera que llega de una familia tradicional chamamecera.

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Su Puerto Yeruá

El Padre Méndez lleva cuatro años ya instalado en la localidad de Puerto Yeruá y sobre su estadía en la localidad al margen del río Uruguay contó: “Es una zona rural y con la característica de la zona rural. Siempre digo que Concordia es una petit Buenos Aires. Todo lo que uno busque encuentra en Buenos Aires y en Concordia pasa lo mismo. Desde un microcentro, peatonal, hasta el más pobre, el que te va a robar y el que te va a auxiliar. En el campo es distinto, aunque también hay algunos robos, pero se encuentra gente más sencilla, que está para darte la mano, que es trabajadora, laboriosa, a mi me ayudan a vivir enraizándome. Soy como esas plantas que cuando las trasladas y la ponés en otro macetero, hay que echar raíz. Hoy me siento un yeruense, me siento de toda mi zona”.

Y aclara: “Yo soy un bicho de ciudad y cuando me iba al campo de mis abuelos, me iba el fin de semana a descansar. Mi procesos de formación se produce en grandes urbes, ya sea en Resistencia, Paraná donde terminé mis estudios de teología, en Buenos Aires vivía en Avellaneda, de ahí a Roma, luego Federación, Federal y de allí a Puerto Yeruá. Tenía un poco de temor, pero la calidez de la gente me hizo sentir uno más. Hoy me costaría mucho estar en un centro urbano, vengo a Concordia pero me acostumbré al silencio del lugar”, finalizó.

Desde el puente

Desde el puente Alvear/Puedo contemplar/Los edificios, las casas y las torres,/De una gran ciudad.

La fe del pueblo,/El rostro de tu gente,/Tus barrios, tu microcentro,/Tu historia y tu presente.

Las misiones que llegaron,/Los primeros fundadores.

San Antonio del Salto Chico,/Así, no más, te llamaron.

Mientras el presbítero,/Mariano José del Castillo,/Junto a varios vecinos/Nuevo nombre te legaron.

San Antonio de Padua/De la Concordia,/Así, sin vueltas,/Concordia te bautizaron.

QUÉ TE HICIMOS MADRE TIERRA

Qué te hicimos madre tierra/Que ya no querés llorar,/Solo ardes en tu ira,/Cómo quién reclama con afán.

Ya no cantan los pájaros/ni se escucha al Carayá.

El Yacaré dispara/Igual que el aguará,/El carpincho, la curiyú,/La lampalagua y la ñacanina,/La tortuga o carumbé/no tienen donde nadar.

Ya no ruge el yaguareté,/El ñurumí no sabe que comer.

No quedan árboles ni frutas,/Todo parece un sueño de ayer.

La vaca no da su leche,/No cabalga el cabayú,/La oveja no vala,/No hay sonido del ñacurutú.

Se secan las lagunas, los arroyos.

Sin aguas el Paraná y Uruguay,/se camina sobre el río Corrientes,/El Miriñay y el Gualeguay.

No llueve, la sequía se hace notar.

Seco el Gualeguaycito,/Seco el Mocoretá.

El viento caliente/quema el pastizal.

No hay trigo, no hay maíz,/no hay arroz ni olor a sandial.

Somos los culpables/del incendio y la sequía,/Del grito de la tierra/Pidiendo ¡Por favor!

Somos los culpables/Del desmonte y contaminación,/De la muerte del planeta,/Flora y fauna en extinción.

Nosotros comenzamos/El ecocidio, la aniquilación.

Nosotros podemos/revertir la situación.

¡Despertemos!/Plantemos un árbol, una flor,/No infectemos los ríos,/Pidamos a la tierra perdón.

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