Sociedad
Domingo 22 de Julio de 2018

El Norte deforma el mapa y nos ningunea con rigor científico

La cartografía usada en las escuelas entrerrianas deja chiquitas a la provincia y a la región, en una desproporción naturalizada por el Estado

Tenemos en las manos un planisferio de uso escolar, del tamaño de un cuaderno. En el extremo austral medimos a la Argentina en su ancho mayor: 1 centímetro, y de norte a sur 2,5 cm. Ahora nos vamos al norte, medimos la isla de Groenlandia. Ancho, 3 cm, alto 4 cm.

Es decir: caben cinco argentinas dentro de Groenlandia. Sin embargo, el territorio de nuestro país es mayor que la isla del norte. La desproporción es asombrosa, se sabe, pero la seguimos enseñando como científica a los alumnos en nuestras escuelas.

Groenlandia traiciona al hemisferio norte por demasiado evidente, y se convierte en delatora del engaño de los planisferios más divulgados en la colonizada escuela argentina.

Es que Groenlandia se muestra sola, sin países limítrofes, entonces nos facilita las proporciones. Allí no hay modo de ocultar el fraude.

El planisferio que más usan hoy las escuelas muestra a la derecha y arriba de Estados Unidos y Canadá una Groenlandia enorme. Eso es lo más impactante, pero en verdad todo el norte se ve así, inflado, como las cabezas de los caballos de Molina Campos. El complejo de superioridad del Norte los hizo pintarse grandes, y nuestro complejo de inferioridad nos hace sostener mapas macaneadores.

En el mapamundi más trabajado en nuestras aulas, del tamaño de las hojas comunes, Entre Ríos aparece tan insignificante que no se puede dimensionar a simple vista, y territorios similares del Norte, como Islandia, se ven en cambio bien delimitados.

Si hubiera una desproporción (que no alentamos) debiera ser a la inversa, para colocar a nuestros territorios con mayor presencia, y el resto del planeta a modo de referencia.

En los gráficos comunes, el Ecuador no está al medio del mapa como es lógico, y así lo aceptamos. Entonces la Argentina pierde su condición de país bicontinental, es decir, con un pie en el Abya yala (América), y otro en la Antártida. Y del mismo modo, todo el hemisferio sur aparece más chiquito, irrelevante.

Mapas políticos
La razón es sencilla: el planisferio más aceptado agranda los territorios hacia los polos, pero como saca a nuestro polo sur, muestra solo un retazo de la Antártida, entonces la mitad norte toma una presencia desmesurada.

¿Serán casualidades? Vamos a un mapa de las tres Abya yalas (Américas). Lo compramos al azar, en un quiosco cualquiera. El norte llega hasta el polo, es decir, se ve hasta el paralelo 90, y el sur, en cambio, hasta Tierra del Fuego, un poco después del paralelo 50. Está bien, porque eso es el Abya yala, pero nuevamente se pierde la idea de la Argentina, ya que es poco común aclarar que ahí la Argentina está incompleta. Además, nuevamente, la línea del Ecuador no aparece al medio sino más abajo, lo que deja la impresión de que el norte es más grande.

Todo eso demuestra que los mapas son, efectivamente, políticos, pero no en el sentido de la división de los Estados sino en el sentido del poder dominante. No estamos diciendo una novedad. La novedad es que pasen los años y sigamos con el mismo engaño.

Hubo intentos de modificar estos mapas y la nueva versión llega muy lentamente a nuestras escuelas. Existe un mapamundi diseñado por el Instituto Geográfico Militar que coloca a la Argentina en el medio para facilitar la ubicación de nuestro país en el mundo, y allí se ve su condición de país bioceánico. En ese mapa el sector antártico argentino, hasta el polo, está trazado con nitidez. Si bien no es lo que tienen en sus cuadernos los alumnos aún, sirve para mostrar que existe una conciencia de esa mirada colonial heredada, y deja la esperanza de que se irá corrigiendo, aunque demore más de lo aconsejable.

En 2010 se dispuso que las editoriales incluyeran el mapa bicontinental de la República Argentina en las nuevas ediciones de los libros de texto. Pero si uno pide el mapamundi en la librería, en la papelería, el quiosco, en ese mapa la norma no se cumple. Todavía aparece el sector antártico en el recuadrito, como si fuera un agregado, de los que usan países colonialistas como Gran Bretaña, con territorios usurpados en distintos lugares del planeta (Las Malvinas, por ejemplo), pero no se aplica a nuestro caso, donde la Antártida tiene continuidad con el continente y los mares. Sólo un capricho nos impide ver la Argentina en su real dimensión.

Con las modificaciones, poco a poco se añadirá la demarcación hecha en la plataforma submarina, que permitió ampliar y completar el mapa gracias a los trabajos en los que participó el geólogo entrerriano Florencio Aceñolaza, entre otros expertos. Allí se nota con claridad la pertenencia de las Malvinas y las otras islas a la Argentina, y al territorio del Abya yala.

Tercer mapamundi
Fuera de esos dos mapas que decíamos, tenemos sobre la mesa otro planisferio físico político, usado en las escuelas, de mayor dimensión: 50 cm por 35 cm. Lo acabamos de comprar. Y aquí, de nuevo: el Ecuador más abajo, el norte enorme y llegando casi al polo, Groenlandia parecida a Sudamérica cuando en verdad es poco más que una décima parte... El sur pequeño sólo llegando a la península antártica, todo fuera de escala verdadera, e incompleto. En ninguno de los casos el país está entero.

No se pide que agreguemos territorios ajenos, y tampoco que aparezcamos más grandes de lo que somos. Sólo es necesario contar con una cartografía del mundo trazada con algún criterio que no sea el imperialista del norte, que los dibujos no respondan a los intereses económicos del norte. Es decir: un mapa que refleje el mundo y no lo deforme.

Si en su momento esos mapas en uso se hicieron para facilitar la comprensión de las comunicaciones intercontinentales, la navegación y esas cosas, es claro que nacieron con un fin determinado. Y bien: a la Argentina le falta definir para qué trazamos y estudiamos los mapas. Si es para conocernos y ubicarnos, no son los apropiados.

Es cierto que resulta difícil mostrar en un plano un mundo esférico. Pero la distorsión que nos hace chiquitos, al lado de un norte sobredimensionado, es la continuidad de un mapa de Gerardus Mercator, de hace más de 4 siglos, hecho para el norte. Ese mapa muestra una Europa muy visible, cuando en verdad es pequeña. Responde a intereses occidentales y eurocéntricos que no son los nuestros.

Los estudiosos recuerdan un mapa de Arno Peters, un alemán que intentó hacer justicia con su mapamundi y decía: "La Proyección de Mercator sobrevalora al hombre blanco y distorsiona la imagen del mundo para ventaja de los colonialistas".

Dicho en kilómetros
A simple vista, en los mapas de mayor difusión Groenlandia parece igual que Abya yala (América) del Sur y un poquito más chica que África. Pero Groenlandia tiene 2 millones de kilómetros cuadrados, mientras que Abya yala del sur tiene 18 millones y África 30 millones de km2. Es decir: una superficie que cabe 9 veces en nuestro subcontinente, se muestra como de similar tamaño. Y lo mismo ocurre en relación con el otro continente del hemisferio sur: habría que sumar 14 Groenlandias para hacer una África, y a la vista, sin embargo, son casi iguales.
El error se nota en esa isla del norte, que pertenece a Dinamarca, pero ese gran engaño nos hace ver grandes a Estados Unidos, Europa, Rusia, y chiquitos a los continentes del sur.
El objetivo es claro. Es el mismo que nos hace llamar continente a Europa, que es una pequeña superficie de Eurasia; y llamar subcontinente a Abya yala del Sur que es en sí mismo un continente muy bien definido. Todas categorías importadas, tramposas.
Decíamos de otra isla, Islandia: tiene 100 mil kilómetros cuadrados, pero en el planisferio se ve más grande que toda la Mesopotamia argentina con el doble de superficie.

Envión colonial
Los mapas más comercializados para la escuela cumplen con el requisito impuesto por la ley 22963 promulgada el 2 de noviembre de 1983 (de la dictadura), y con el artículo 19 Bis agregado en marzo de 1998 que reza: "La publicación de cualquier documento cartográfico, folleto o mapa que haya sido aprobado por el Instituto Geográfico Militar de acuerdo a las normas establecidas en esta ley, deberá llevar una inscripción al pie del mismo, en forma visible y clara, que exprese 'Aprobado por el Instituto Geográfico Militar' con su correspondiente número de expediente de aprobación". No hay duda: el Estado argentino ha naturalizado el engaño, y está tratando de enmendar su error, pero el envión colonial sigue por ahora. ¿Tanto nos cuesta?
Otros países trazan mapamundis con su región en el centro, si lo que se quiere es explicar el mundo y la ubicación propia en ese mundo. Algunos, incluso, lo presentan con el sur al norte y el norte al sur, a manera de resistencia a las imposiciones eurocéntricas.
Vale aclararlo: el planeta no tiene piso ni techo, no hay un arriba y un abajo, y no es casualidad que los poderosos se pintaron arriba y a mayor tamaño, principalmente Europa y su vástago imperial: los Estados Unidos de América.
Si la Argentina sufre gravísimos problemas de colonialismo y colonialidad, que por un lado menoscaban nuestro territorio y por otro nos empobrecen y estrangulan, entonces debe considerarse un legítimo y razonable acto de soberanía, sin chovinismos, la divulgación de una cartografía que ayude al conocimiento, y no consolide la distorsión heredada.
Si nos preguntaran, es obvio: preferimos el territorio del Abya yala del sur, en el centro del planisferio, y arriba, con la Antártida completa, de polo a polo, y el Ecuador al medio. Entonces, las islas Malvinas quedarían en el lugar que hoy ocupa Europa... No es esto una competencia, esto es sencillamente conocer, conocernos, libres de intereses sectoriales y coloniales.

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