El Niño favorece la campaña del trigo pero puede afectar otros cultivos

Si bien las lluvias que trae el fenómeno de El Niño puede beneficiar la cosecha fina, preocupa que generen otro tipo de dificultades en el agro.

07:01 hs - Miércoles 14 de Octubre de 2026

Esta semana el Centro de Predicción Climática (CPC) de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) informó que El Niño continúa fortaleciéndose y señaló la posibilidad de que alcance una intensidad fuerte a muy fuerte entre enero y marzo de 2027. En Argentina ya se advierte su avance, y las recientes tormentas dejaron importantes acumulados en distintas regiones productivas, entre ellas el Litoral y la zona núcleo.

Pero más allá de un posible escenario adverso, el fortalecimiento de este fenómeno climático también abre perspectivas favorables para algunos cultivos de la región. En este marco, productores agropecuarios indican que las lluvias registradas en las últimas semanas aportaron agua a los suelos, beneficiaron al trigo y contribuyeron a preparar el terreno para la campaña gruesa.

Así lo confirmó a UNO Matías Martiarena, director de la Federación Agraria de Entre Ríos y productor de Gualeguaychú, quien destacó que las lluvias actuales resultan beneficiosas para el trigo, aunque aclaró que su impacto depende de la cantidad de agua y del momento en que se produzcan. “En términos generales, siempre es mejor que llueva. La realidad es que todo depende de en qué momento se produzcan las lluvias, porque las precipitaciones excesivas podrían complicar las labores agrícolas y afectar la calidad de los granos durante la cosecha”, sostuvo.

El agricultor subrayó que las precipitaciones llegaron ahora en una etapa importante para los cultivos de invierno. Además del trigo, la cebada y la colza transitan el tramo final de su desarrollo, previo a la maduración y la cosecha. En este contexto, la disponibilidad de agua contribuye a sostener su crecimiento y las perspectivas productivas.

No obstante, si bien Martiarena consideró que las lluvias fueron oportunas para el trigo, advirtió sobre las posibles complicaciones sanitarias que puede generar la humedad. “Las lluvias que han caído ahora han venido especialmente bien para el trigo, pero sí hay mucha incidencia de hongos y otras cuestiones relacionadas con la humedad que afectan al cultivo”, explicó.

Estas condiciones que pueden favorecer la aparición de enfermedades y obligar a los productores a intensificar el seguimiento de los lotes y evaluar posibles tratamientos. Además, si las precipitaciones se intensifican cuando los granos estén listos para recolectarse, podrían dificultar la cosecha.

Maíz y soja

Mientras los cultivos de invierno avanzan hacia la maduración, comienza a ganar protagonismo la campaña gruesa. La siembra de maíz está en marcha y los productores se preparan para iniciar las labores de soja, entre fines de octubre y principios de noviembre. También avanzan los preparativos para la producción arrocera.

En este contexto, las lluvias pueden aportar la humedad necesaria para la implantación y el desarrollo inicial de los cultivos de verano. Sin embargo, el resultado dependerá de que las precipitaciones se distribuyan adecuadamente y no generen anegamientos ni dificultades para ingresar a los campos.

Martiarena remarcó que no alcanza con conocer la cantidad de milímetros acumulados: también es necesario evaluar cuándo llueve y cómo se distribuye el agua en cada región. Algunos pronósticos anticipan mayores precipitaciones durante noviembre y diciembre, un período clave para la evolución de los cultivos y las tareas agrícolas.

El dirigente rural recordó experiencias en las que las lluvias abundantes provocaron pérdidas importantes. Como ejemplo, mencionó un episodio que situó aproximadamente en 2015 o 2016, cuando en abril se acumularon más de 600 milímetros y las máquinas no pudieron ingresar a los campos. “Estaba todo listo para cosechar y no se pudo entrar a los campos. Empezó a brotar en la propia planta y se cosechó muy poco, con una muy mala calidad”, relató.

El antecedente muestra que una mayor disponibilidad de agua no garantiza por sí sola buenos resultados. Los excesos pueden retrasar la recolección, dificultar el acceso a los lotes y afectar el rendimiento y la calidad de los granos.

Otro aspecto que preocupa al sector es la distribución de las precipitaciones. Martiarena mencionó registros recientes de alrededor de 80 milímetros en su zona y de unos 30 milímetros en Paraná, una diferencia que refleja el carácter localizado de las tormentas.

También recordó que durante el año pasado algunas zonas del sur entrerriano atravesaron períodos de marcada escasez de agua, mientras que en el norte se registraron excesos. Las consecuencias fueron distintas según las características productivas de cada región: mientras la falta de lluvias perjudicó a sectores agrícolas del sur, la abundancia de agua favoreció el crecimiento del pasto en zonas ganaderas del norte. “En un punto específico hay una gran cantidad de agua y en otros lugares nada”, describió.

Esta variabilidad representa un desafío para una provincia con sistemas productivos diversos. Por eso, el impacto de El Niño deberá evaluarse a partir de los registros de cada zona y de la respuesta de los cultivos.

La amenaza del granizo

Las tormentas con granizo constituyen otro riesgo para la actividad agropecuaria. Martiarena señaló que las perspectivas climáticas inciden en el costo de los seguros agrícolas, una herramienta para reducir las pérdidas ante eventos adversos. “Los seguros contra granizo este año son más caros por esta cuestión de El Niño, que hace que sea más propenso a caer piedra”, afirmó.

Según estimó, estas coberturas pueden representar entre un 2,5% y un 3% adicional de costo, una cifra significativa en un contexto de márgenes ajustados. Además, el granizo suele afectar de manera localizada, por lo que la decisión de asegurar los cultivos depende de las características y la distribución de cada explotación.

Caminos rurales

Las lluvias también vuelven a poner en primer plano el estado de los caminos rurales, fundamentales para el traslado de maquinaria, insumos y granos. Cuando las precipitaciones son abundantes, las dificultades de circulación pueden demorar la cosecha y complicar la salida de la producción.

Martiarena reconoció algunas mejoras puntuales, pero consideró que todavía no se observan avances contundentes en la infraestructura vial. Cuestionó especialmente los tiempos administrativos para concretar obras y reparaciones. “Hay que hacer un uso más eficiente de esa plata. En el tiempo que se demora en cambiar una alcantarilla, los papeles pueden tardar más de seis meses y todo se retrasa”, afirmó.

También mencionó las dificultades en caminos vinculados con las cuencas lecheras y otros sectores que requieren circulación constante. Para el dirigente, además de contar con recursos, es necesario agilizar los procedimientos para ejecutar las obras.

La preocupación del sector pasa, además, por la posibilidad de que las condiciones del clima cambien rápidamente y obliguen a modificar la planificación de las tareas. En ese escenario, el seguimiento de los pronósticos y la adaptación de las labores serán claves para reducir los riesgos y aprovechar las condiciones favorables que puedan presentarse durante la campaña.