Suplemento Aniversario 2018
Domingo 11 de Noviembre de 2018

El mismo hombre, la misma guerra

Entonces ahí estaba yo, en el mes uno del año del Señor de 1817 cuando la columnas del Ejército de los Andes comenzarían el épico cruce de la cadena montañosa más importante de América. Tropa de línea, edecanes, generalato, mulas y caballos, piezas de artillería, granaderos y logística necesaria para la campaña militar, una componenda de 2.500 negros (entre libertos, esclavos a prueba y otros dispuestos a la batalla) conformaban los escuadrones de Infantería más audaces de aquel ejército.
Libertos por habérselos ganado, por haber pagado su propio precio o por alguna liberalidad aislada y además esclavos que preferían ir a la guerra en busca de su liberación o bien entregados como aporte a la revolución por parte de hacendados patrones que aparte de terratenientes, también eran esclavistas. Negros por raza, por descarte desesperados.
En el fragor de las épicas que conducen a la muerte inmediata y en pocos casos a la gloria de las ánimas el Escuadrón de Negros y Pardos constituiría la vanguardia del Ejército de los Andes durante el desarrollo de la campaña continental ideada y gestada por el gran estratega: José de San Martín. Y entre todos y muchos andaba yo, que me llamo Colin Anderson pero que me dicen "Negro". Negro así nomás, porque dicen que todos somos iguales y que no hay manera de distinguirnos. Uniformado y con botas, fusilero del Sr. General vengo aquí porque después de los tiros y de la guerra, me van a dejar libre. Libre yo, que siempre tuve dueño. Dueño de dominio, no de enamorada ni cosas de esas. Dueño, señor...amo. Otra cosa no tengo yo...ni casa, ni mujer, ni caballo, ni tierra ni candombe. Solo amo tengo yo y 18 años.
¿Habrá de ser por eso que hay cosas que no entiendo? ¿Será por tener amo o por tener 18 años?
Porque ahora dicen que todavía tenemos que seguir en la guerra nomás. Que nosotros los negros tenemos un valor incalculable y necesario para seguir luchando. Yo no sé muy bien cuál será el desencuentro aquí, porque luchar, a nosotros, nos ha pasado siempre.
Tampoco entiendo mucho eso del valor; la verdad es que la última vez que escuché algo sobre eso no entendía el idioma de esos hombres de piel sin color. Y mucho menos cuando me abrían la boca para que mostrara que tenía todos los dientes. Pero eso sí, escuche que por tenerlos a todos los dientes yo "tenía mucho valor". Sigo sin entender qué tiene que ver eso con las batallas donde estamos ahora, y cuál será la importancia de tantos dientes cuando calamos bayonetas. Yo tengo orden de matar, para poder defender la libertad dicen que tanto se necesita.
¿Eso será el valor? Yo vi cuando los señores de piel sin color le pagaban a los traficantes y me soltaron las amarras. Nunca más pude ver al resto de los míos, nunca más. Pero me dijeron que viven muy bien, que son siervas de un lugar muy grande y que no les pegan. Y que los más chicos trabajan duro el campo y hasta han aprendido a descuerar ganado que no comen ni abrigan. Eso sí que es tener suerte. Ahora si entiendo porque nosotros, los negros, tenemos tanto valor. Lo que si es que por acá, después de las montañas grandes, no he visto nunca que alguien pague como dicen nuestro valor.
A mí me han dicho que ahora somos del "Ejército" y que también somos "de los Andes". Debe ser bien cierto porque me han uniformado de chaqueta y pantalón y hasta correaje de cuero. Pero yo lo que veo acá es que las arenas blancas de las montañas son muy frías aunque también queman la piel. He visto que el sol de estos lugares no es tan poderoso como en mi tierra, porque acá quema la nieve y allá en mi tierra quema el Sol. El Sol es de todos: de los animales y los árboles, de las plantas y las semillas, de los hombres y de las mujeres. ¿Para qué sirve un Sol que no es poderoso? Yo no lo sé, no entiendo por qué donde la luz es tan intensa la nieve castiga tanto. En la tierra donde yo nací, lo que dicen "el frío" no lo conozco; por eso el Sol es un rey poderoso y no se puede matar en la guerra. Ese es un dios poderoso...el sol que nadie puede vencer.
Fueron varios generales los que nos dijeron que no tuviéramos miedo, que íbamos a la guerra cuidados y consagrados por una imagen que también es blanca y que le dicen "la virgen del Carmen". La verdad es que yo le pregunto cosas y la imagen no me responde... ¿quizás por eso será que los hombres blancos tampoco entienden a nosotros? Cuando salí del Puerto grande yo junté tierra, porque allá de donde yo nací, y de donde nació mi padre, su padre, mis hermanos y hermanas y todo mi linaje si llevamos un puñado de tierra seguro vamos a volver. Yo le pregunté eso a la señora que le dicen "del Carmen" pero aún no me ha contestado. Pero ya lo va a hacer.
Hay cosas de los generales de la guerra que no parecen acertadas. En el lugar de mis ancestros los guerreros sólo se dividen entre los valientes y los hábiles, pero todos son guerreros. Lo que yo no entiendo de los generales de esta guerra es porque ordenan a sus guerreros por colores: los negros en este batallón, los indios rejuntados en otro. Los únicos sin color son los comandantes o como les dicen ellos "la oficialidá"
Cuando me hicieron llenar unas papeletas me preguntaron cosas extrañas. Uno de "la oficialidá" me preguntaba de dónde vengo y yo le respondí "de allá". Se reía el hombre y me pregunta si era de "l'Africa". Yo no sé dónde queda, pero por las dudas le respondí que yo venía de los barcos, que me bajaron en el Puerto y que me dijeron que tenía mucho valor y muchos dientes.
De lo que no tengo dudas es de mi nombre, porque me llamo Colin Anderson. En verdad que yo tenía otro nombre pero no me acuerdo y cuando los hombres sin color me llevaron por tener valor y todos los dientes, me dijeron que me iba a llamar igual que mi dueño. Cosas raras de los hombres sin color: todos nos llamamos igual al dueño, una cantidad muy grande y tenemos el mismo nombre. Yo tampoco lo entiendo.
Lo que voy aprendiendo ahora es a contar. No quiero hacer alardes pero ahora ya sé cuánto es "mucho", cuántos son los "negros" y cuáles son los muertos. Dijo el Sr. General que la Cancha Rayada no iba a terminar con el deseo de ser libres y creo que tiene razón. Después nos íbamos para el Chacabuco.
Yo me he acostumbrado a ver los sables y la fusilería, el humo de los cañones y el olor a carne quemada. Cuanto escucho el griterío yo cierro los ojos y sigo, sigo. Porque si lo único que vale es ser libre que importa si me muero. Creo entender que para eso me vine a la guerra: para ser libre, quiero decir, no para morirme.
Pero ahora ya voy sabiendo contar. Tengo un sable, un fusil y un cuerno de pólvora. Las botas me suman dos y los pies también, y tengo muchos dedos pero repartidos en dos manos. Los otros negros del Batallón Nº 7 de Infantería también usan botas, aunque algunos no tienen la misma cantidad de dedos en las manos. Algunos dicen que por no querer trabajar, y que el Dios de los hombres sin color los castigó y por eso sus amos se los cortaron. Vaya uno a saber, yo debo ser muy bueno (o como dicen ellos "tengo mucho valor y todos los dientes") porque tengo toditos los dedos. Sí, señor.
Capaz que por eso nomás, por ser bueno o por el Dios de los hombres es que todavía puedo seguir contando, ahora que cruzamos la montaña de regreso. Ya no soy el mismo hombre que se fue, tengo magulladuras en el cuerpo, cicatrices en la piel, el olfato quemado por la pólvora y una venia militar del Sr. General. Tengo las botas rotas y cuarteadas, el fusil quedó como pertrecho y el sable lo tuve que vender en Uspallata para comprar un caballo. Ya volví al puerto grande, donde los señores sin color dicen que la guerra se ganó gracias "a Dios" pero de nosotros no dicen nada. Ya no soy el mismo hombre que se fue, ahora tengo un papel que dice que soy libre. Extrañas cosas de los hombres sin color, que para sentirse libres precisan de un documento.
Pero lo que no dice es adonde tengo que ir, ni tampoco que puedo hacer ni como ganarme la vida. No tengo sitio que me acobije porque mi amo ya no me quiere y yo casa no tengo. ¿Habrá de ser por eso que hay cosas que no entiendo? ¿Será por tener amo o por tener 18 años?
Pienso que soy muy bueno para Dios y también que debo seguir aprendiendo a contar. También estoy seguro de que tengo todos los dientes aunque no sé cuánto será el valor que tengo.
Ya no soy el mismo hombre que se fue, pero sigo siendo el mismo negro.

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