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El hartazgo de la gente y la clase política

La agenda electoral vuelve a estar alejada de las demandas de la gente. El rol de la política, en una coyuntura atravesada por la pandemia

Martes 24 de Agosto de 2021

Es probable que la agenda del vecino de Paraná y de cualquier ciudad del país, sea totalmente opuesta a la que suponen los dirigentes políticos. Como siempre sucede en tiempos de campaña, la clase política busca restablecer vínculos en el territorio, escuchar los problemas de la gente y si es posible, ganarse un potencial votante. La gente, apremiada por la coyuntura, ya no disimula su rechazo a las organizaciones partidarias. Tampoco se identifica con los representantes de esas fuerzas. Entonces la oferta electoral no es algo que desvele a la opinión pública, porque básicamente se están priorizando cuestiones esenciales de la vida cotidiana. La política, o más bien, las estructuras que le dan sentido a las fuerzas partidarias hace bastante tiempo que están alejadas de la ciudadanía. De hecho la fortaleza de los partidos tradicionales se ha ido diluyendo en los últimos años con la fuga de afiliados, un dato que surge de las estadísticas de la Cámara Nacional Electoral (CNE).

Siempre es bueno saber cuáles son las necesidades y las demandas de los vecinos. ¿Es posible que en esta campaña, los precandidatos tengan en cuenta la agenda de los ciudadanos? Si fuera posible hacer una encuesta representativa, la mayoría de los habitantes de nuestro país responderían que la situación económica es uno de los principales problemas. El ingreso de los argentinos -para aquellos que tienen la fortuna de tener trabajo- ha sido víctima de una galopante inflación y todas las consecuencias que ello implica. Entonces la lógica indica que los salarios pierden poder adquisitivo y la expectativa de tener una mejor calidad disminuye. El acceso a empleos de calidad es uno de los mayores desafíos en esta época de pandemia. La precarización es moneda corriente en el campo laboral, tanto en el sector público como en el privado. Es una de las deudas de los gobernantes de turno garantizar un empleo estable y con un salario acorde a la realidad económica.

Es cierto que las oportunidades no son iguales para todos y en la búsqueda de una mayor equidad, la educación cumple un rol fundamental. Es la base de toda transformación social, pero a partir de ese principio, es necesario que la clase dirigente entienda que se debe frenar la deserción escolar, aunando estrategias con las familias y con los equipos docentes. Como se podrá advertir los problemas son crónicos, una radiografía de nuestra identidad nacional y que interpelan nuestra forma de ser y de pensarnos.

Es momento que los políticos -o la clase a la que representan- sean más terrenales, más creíbles y menos superficiales, al menos para tener un poco más de legitimidad.

¿Qué le preocupa a las familias de cualquier barrio de Paraná? Seguramente es una pregunta difícil de responder, pero es válido recrear situaciones que a diario se plantean como problemáticas vecinales. En nuestra ciudad prevalecen reclamos por el estado deplorable de las calles, el deficiente servicio de agua potable, agravado actualmente por la bajante histórica del río y la pésima prestación del transporte público de pasajeros. La gestión municipal responde con obras estratégicas para la ciudad, pero deja de lado demandas históricas de algunos barrios. Hace algunos días los vecinos del barrio 144 Viviendas me contaban que sufrían por la falta de un óptimo servicio de cloacas y la falta de una adecuada planificación urbana. Calles intransitables, el histórico reclamo por un espacio verde y de recreación de calidad, son algunas de las demandas más urgentes. Es la microrrealidad de una capital provincial con claros contrastes entre el casco céntrico y los sectores más vulnerables que se encuentran fuera de los bulevares.

Son muchas las deudas de nuestro sistema de representación, de la democracia y el rol de los dirigentes políticos al servicio de las necesidades ciudadanas. Hoy parece haberse roto ese voto de confianza, con la clase dirigente hablando desde un altar inalcanzable y lejos, muy lejos, del sentimiento popular. Las soluciones, o el principio de un cambio, no se advierte en el corto plazo, por eso es momento del compromiso personal y social, desde el lugar que a cada uno le corresponde.

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