Las bajas temperaturas repercuten en el rendimiento de las huertas de la zona. El frío podría generar faltantes e impactar en los precios.
09:09 hs - Sábado 16 de Mayo de 2026
Las bajas temperaturas comenzaron a sentirse con fuerza en Entre Ríos y el impacto ya se refleja en la producción hortícola. Menor rendimiento, demoras en las cosechas, aumento de costos y menos productores en actividad conforman un escenario más complejo para el sector, que atraviesa una etapa marcada por las consecuencias de un verano extremo y un otoño con fuertes contrastes climáticos, con días muy fríos esta semana.
Así lo describió Nicolás Bevilacqua, presidente de la Asociación de Productores Hortícolas de Entre Ríos y operador del mercado concentrador El Charrúa, quien explicó que el frío modifica por completo los tiempos de producción y repercute directamente en la disponibilidad de mercadería. “Venimos castigados desde el verano, que fue muy caluroso, y también por las lluvias, que hicieron bastante daño. Eso se reflejó en el incremento de varios artículos”, señaló.
A ese panorama ahora se suma el descenso de las temperaturas, que ralentiza el crecimiento de las verduras y estira los tiempos de cosecha. “Lo que normalmente está en 30 días ahora se va a 45, 50 y hasta 60 días”, detalló.
El dirigente explicó que las verduras de hoja son las más sensibles a las variaciones térmicas. “El clima es nuestro principal factor y hoy está yéndose de un extremo al otro. Hubo muchísimo calor, mucha humedad y de golpe pueden aparecer heladas tempranas en algunas zonas”, indicó. Aunque en el área de Paraná las temperaturas todavía no son tan extremas, en regiones más frías ya comenzaron a registrarse heladas que afectan la producción.
La consecuencia inmediata es una menor oferta en los mercados y, por lo tanto, subas en algunos productos. “Somos pocos productores los que vamos quedando y eso repercute todavía más”, afirmó Bevilacqua.
Producción a cielo abierto
Uno de los aspectos más complejos para el sector es el costo de sostener sistemas de producción protegida. Aunque los invernaderos permiten amortiguar las condiciones climáticas, muchos pequeños y medianos productores no pueden afrontar la inversión. “Tener invernadero es muy caro. Los nylon se cambian continuamente y todo está atado al dólar. Nosotros vendemos en pesos, pero los insumos se cotizan como si fueran en dólares”, explicóproductor.
Además, gran parte de la horticultura entrerriana continúa desarrollándose a campo abierto y en grandes extensiones, lo que dificulta cubrir completamente los cultivos frente a las bajas temperaturas.
En ese contexto, algunos productos sufren especialmente el frío. El zapallito, por ejemplo, reduce drásticamente su rendimiento. “En verano una hectárea puede dar mil cajones y ahora apenas diez”, graficó. Lo mismo ocurre con el pepino o el morrón, cuya maduración se vuelve mucho más lenta.
Para ilustrar la situación, Bevilacqua utilizó una comparación sencilla: “Es como el pasto en una casa. En verano lo cortás todo el tiempo y en invierno casi no crece. Lo mismo pasa con las plantas”, explicó.
Cultivos estacionales
Con la llegada del frío cambia también el mapa productivo. A las verduras tradicionales de hoja se suma la espinaca, una de las especies que mejor tolera las bajas temperaturas. “La espinaca es la que aparece ahora porque le gusta el frío y en verano desaparece”, comentó el productor.
Actualmente se cosechan y comercializan productos como rúcula, achicoria, perejil, rabanito, acelga y distintas variedades de lechuga. También continúan algunos cultivos como zanahoria y zapallito, aunque con menor rendimiento.
En cuanto a las frutas de estación, todavía se encuentran remanentes de melón y sandía de postre, especialmente la variedad pequeña que ganó popularidad en los últimos años.
Presión sobre los precios
Uno de los cultivos más sensibles en términos económicos es el tomate. Según Bevilacqua, durante el verano hubo sobreproducción y los valores pagados al productor estuvieron muy por debajo de los costos. “Para que el productor pueda seguir, tendría que recibir al menos 25.000 pesos limpios por cajón y eso nunca pasó”, afirmó. Incluso contó que en los mejores momentos de la temporada el cajón llegó apenas a 15.000 pesos y por pocos días.
La situación fue distinta con la papa, cuyo valor suele subir cuando las lluvias afectan las zonas productivas. “Cuando llueve mucho, salen menos camiones y ahí empieza la escasez”, explicó el especialista.
Actualmente, la papa comenzó a estabilizarse luego de varios meses de aumento. “Una bolsa puede parecer cara, pero tiene alrededor de 16 kilos y sigue siendo un producto rendidor comparado con otros alimentos”, sostuvo.
Entre las opciones más accesibles para el consumidor, Bevilacqua destacó el zapallo y la calabaza, que atraviesan un período de precios bajos. La cebolla, en cambio, registró una suba impulsada por la demanda brasileña. “Brasil está comprando mucho y eso obliga a competir con esos valores para abastecer el mercado interno”, explicó. Según indicó, muchos productores priorizan vender al mejor postor después de temporadas muy difíciles.
El panorama también alcanza a las frutas. Los cítricos comenzaron a bajar de precio con la aparición de variedades como la mandarina criolla y la naranja para jugo, aunque el sector continúa afectado por los costos logísticos.
“Muchas veces el producto no vale tanto, pero hay muchísimos gastos en cosecha, empaque, transporte y combustible”, señaló.
La banana, por su parte, depende en gran medida de las condiciones climáticas y logísticas de países vecinos. Parte importante de la fruta ingresa por Chile y las nevadas pueden generar interrupciones en el transporte y aumentos de costos.
Además, Bevilacqua recordó que Paraguay y Bolivia también sufrieron fuertes heladas el año pasado, afectando la producción regional.
En cuanto a la manzana y la pera, los daños por granizo redujeron considerablemente la calidad de la fruta. “La piedra golpea la fruta y mucha termina yendo a industria porque no sirve para consumo fresco”, explicó.
Menos productores
Uno de los puntos que más preocupa al sector es la disminución de productores en actividad, especialmente en el área de Paraná y alrededores, donde históricamente existieron numerosas quintas hortícolas. “El crecimiento de la ciudad hizo que muchas zonas productivas se transformaran en barrios y además los productores son cada vez más grandes en edad”, indicó.
A eso se suma la falta de incentivos para nuevas generaciones. Desde la Asociación de Productores Hortícolas buscan gestionar créditos blandos y alternativas vinculadas al riego y la energía renovable para sostener la actividad. “Hay poca incentivación para el productor nuevo y eso hace muy difícil el recambio”, reconoció.
Vaivenes del clima
Más allá de los números y los precios, Bevilacqua remarcó el esfuerzo cotidiano que implica la producción hortícola. Las jornadas comienzan de madrugada y las tareas cambian según las condiciones climáticas.
En verano, el riego debe ser constante para evitar que el calor queme las plantas recién nacidas. En invierno, en cambio, muchas veces es necesario esperar que se levante la helada antes de ingresar al cultivo. “Si tocás la mercadería congelada la perjudicás más todavía”, explicó.
El dirigente reconoció además el desgaste físico que genera una actividad que depende permanentemente del clima y que exige presencia diaria en el campo y en los mercados.
Mientras el frío avanza y las cosechas se vuelven más lentas, el sector hortícola atraviesa una etapa de fuerte incertidumbre, marcada por altos costos, menor rentabilidad y una producción cada vez más vulnerable frente a los cambios climáticos.