Economía Social
Sábado 27 de Octubre de 2018

El desafío de dos cooperativas que se sostiene pese a los avatares de la crisis

Los casos testigo del sanatorio Luis Jeannot Sueyro y la reconversión de la cooperativa de Carniceros de Paraná, como fórmulas exitosas

Las experiencias de trabajo autogestionado surgen como respuestas colectivas a la crisis, ante la expulsión del mercado de trabajo y la flexibilización laboral, que operan como fundamentos de un modelo económico-social que va perdiendo su legitimidad. Y los protagonistas son trabajadores con un mayor o menor grado de organización que vieron amenazada su fuente laboral, por lo que decidieron asumir nuevos roles dentro de empresas casi obsoletas y emprender procesos participativos que conduzcan a sentar las bases para tener un trabajo y una vida digna. Con 40 años de antigüedad, el sanatorio de la Asociación Gualeguaychú de Obras Sociales (AGOS) no pudo superar una serie de dificultades económicas y financieras que lo dejó al borde del cierre definitivo: en marzo de 2016 renunciaron sus autoridades y los médicos dieron de alta a los últimos pacientes que quedaron internados. La emergencia puso en alerta a un grupo de trabajadores que iniciaron gestiones para tratar de salvar su fuente laboral; la primera medida fue recurrir a la Superintendencia de Servicios de Salud de la Nación, que designó como administrador provisorio a Juan Carlos Paludi. Hubo un intento de salvataje por parte de la Municipalidad, a través de una fundación, pero tampoco prosperó. En ese contexto, el desafío de los trabajadores supuso la búsqueda de estrategias para organizarse colectivamente en una cooperativa de trabajo dedicada a brindar prestaciones de salud.
"Después de hacer diferentes trámites, el Ministerio de Salud de la provincia nos negó la habilitación en julio de 2016", le contó a UNO el presidente de la cooperativa de trabajo Luis Jeannot Sueyro, Telmo Martínez. En ese tiempo los trabajadores se abocaron a tareas de reparación y reacondicionamiento del edificio, a la vez que cerraron los sectores más importantes para que no se llevaran herramientas de trabajo.
En octubre de ese año quedó habilitado el sector de consultorios, y dos meses después se hizo lo propio con el quirófano e internación. Casi después de un año del cierre del sanatorio se reanudó la actividad en todas sus dependencias, salvo la Terapia intensiva, con una planta de 50 trabajadores que actualmente conforman la cooperativa. Fue todo un acontecimiento para la ciudad, porque en materia sanitaria significó la disponibilidad de nuevas camas (son 24 camas de piso, a las que se les deben añadir las 6 que se agreguen a la Terapia y otras 10 más de piso) y una Guardia que le da respuesta a miles de vecinos. "En ese transcurso conseguimos un préstamo del gobierno municipal para poner en condiciones el sanatorio, para comprar aparatología médica que nos hacía falta", informó sobre el proceso de recuperación.
El nombre de la cooperativa se debe al cura Luis Jeannot Sueyro, conocido popularmente en Gualeguaychú como el cura gaucho. La experiencia de esta cooperativa no tiene antecedentes en el país: "Estamos hablando de cooperativas de trabajo, no cooperativas de servicios, y de esta magnitud es la única en el país", explicó. Después de varios meses de burocracia y un trimestre de trabajo, en marzo de 2017 los empleados recibieron su primer sueldo que alcanzó los 2.000 pesos.
"Empezamos a trabajar con todas las obras sociales de la provincia, con convenio con la Asociación de Clínicas de Entre Ríos y en junio arrancamos con las prestaciones de PAMI", señaló el titular de la asociación que se controla democráticamente.
Ese fue el principio de un crecimiento que se fue consolidando, con el incremento de la cantidad de pacientes y se sumaron nuevos médicos provenientes de otras ciudades. Dicha evolución se correspondió lógicamente en lo que percibían los empleados como remuneración, ya que en diciembre de ese año el salario pasó a 8.000 pesos mensuales y en lo que va de 2018 se buscaron abrir todos los consultorios médicos, así como también las especialidades médicas que en la actualidad suman un total de 20.
"Practicamos un promedio de entre 130 y 170 cirugías mensuales; se registran 200 internaciones. Y ahora estamos a la espera de inaugurar la Terapia intensiva, ya que presentamos todos los expedientes en septiembre en el Ministerio de Salud. Compramos todo el equipamiento nuevo y hemos hecho una inversión bastante importante con recursos propios", enfatizó el cooperativista.
Las diferencias entre una cooperativa de trabajo y un sanatorio privado radican que el primero está gestionado por trabajadores, y en cambio, el segundo está dirigido por médicos. La mejoría en la situación financiera se tradujo en un incremento en el salario de los empleados, aunque limitada por la permanente inversión que se realiza para prestar mejores servicios. "El juez de la quiebra nos pide un proyecto de explotación, lo presentamos y lo vio muy viable. Se nos concedió la explotación por un año, renovable, con toda la libertad para trabajar. Estamos financiera y económicamente bien, sin ningún tipo de deuda. Uno de los proyectos previstos para el 2019 será la prestación de servicios extrahospitaliarios, con tres ambulancias y que será una novedad para la ciudad", anticipó.


Una experiencia de autogestión en Paraná

La Cooperativa de Carniceros de Paraná, creada en 1958, se sostuvo por la voluntad y el trabajo de un grupo de carniceros que quería darle un perfil propio a la actividad, y se posicionaba así como una de las primeras experiencias asociativas en Paraná. Después de una extensa trayectoria en el rubro, en 2014 la situación de crisis económica y todas las adversidades que atravesó el sector cárnico derivó en una situación límite: se llegó a un concurso preventivo de acreedores. "Los empleados que tratamos de mantener la fuente laboral, paralelamente a ese estado de crisis, decidimos formar una cooperativa de trabajo. Inicialmente era la Cooperativa de Carniceros de Paraná, pero a partir de 2017 con el trámite concursal en marcha, se llegó a la etapa donde los empleados se hicieron cargo de la cooperativa", relató a UNO Horacio Valdemarín, jefe administrativo de la cooperativa.
En realidad, el funcionamiento de la planta, la metodología de comercialización y de trabajo no varió con el cambio de denominación, ya que la producción nunca se paralizó. "Al darnos el juez el fallo a favor de la cooperativa, los activos y pasivos asumimos la conducción: se había llegado a la etapa final del concurso de acreedores", agregó Valdemarín.
Consultado por la experiencia de pasar de ser trabajadores a gestionarse en forma autónoma, el directivo aseguró: "No fue nada fácil de ser empleado a asumir como asociado. Es otra la responsabilidad, no ha sido que los mismos compañeros comprendan la situación. Cambiar la mentalidad de los compañeros de trabajo".
En la actualidad la cooperativa cuenta con 94 asociados y tiene su sede en las intersecciones de Pascual Uva y General Espejo, se indicó.

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