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El amor es más fuerte: una mujer salvó la vida de su pareja donándole un riñón

Gracias al trasplante él se está recuperando, a pesar de que hace una semana tuvieron que extirparle el riñón que aún le quedaba.

Jueves 06 de Febrero de 2020

Darío Márquez y Liliana López son oriundos de San Vicente, provincia de Misiones, pero desde hace dos años residen en Concordia, ciudad adonde la familia de él se había mudado antes. Ambos tienen 25 años y tomaron la decisión de abandonar su ciudad para radicarse en Entre Ríos porque a Darío le diagnosticaron un insuficiencia renal y en su localidad de origen no había médicos que atendieran esta dolencia.

Durante un año y medio se sometió a diálisis, un tratamiento que elimina artificialmente las sustancias nocivas o tóxicas de la sangre que se producen cuando hay una falla en los riñones. El procedimiento demanda varias horas y puede tener una serie de efectos adversos para el paciente, por lo que un trasplante suele ser la opción aconsejada para que pueda mejorar su calidad de vida.

Enterada de esto, y en un acto de amor y generosidad, Liliana ofreció donarle uno de sus riñones, aunque esto le demandara tener que llevar adelante una vida llena de cuidados. “Esto empezó en Misiones. Él se enfermo del riñón y como allá donde vivíamos no había médico, nos vinimos a Concordia. Hicimos un análisis para evaluar la compatibilidad y corroborar que yo le podía donar uno de mis riñones. Salió todo bien, así que acá estamos”, dijo la mujer.

“A quien está en una situación similar y puede ser donante de un familiar o de su pareja, le diría que no tengan miedo, porque es algo que le salvará la vida”, subrayó. A su vez, comentó a UNO: “Hace seis años que estamos juntos. Cuando Darío se hacía diálisis y volvía a casa, siempre quedaba mal. Tenemos un hijito de 2 años y medio, que se llama Juan Ignacio, y pensé también en él. Yo estaba totalmente segura de esta decisión y no sentí miedo”.

La operación se concretó hace poco más de cinco meses, precisamente el 23 de agosto del año pasado, y duró cuatro horas. Fue en el sanatorio La Entrerriana, de Paraná, el único centro médico de la provincia donde desde hace 15 años se realiza este tipo de intervenciones.

A Liliana le dieron el alta a los cuatro días y a él le llevó casi un mes recuperarse para poder regresar a su hogar. No obstante, hace una semana tuvo que volver al nosocomio de la capital provincial para someterse a una nueva cirugía: el trasplante del riñón de su esposa fue un éxito, pero debido a una infección que significaba un riesgo para su salud tuvieron que extirparle el riñón propio que aún le quedaba. Sobre este punto, desde la habitación en la que permanece internado, Darío explicó a UNO: “Estamos acá ahora porque me extrajeron un riñón mío que no funcionaba, que hacía reflujo y repetidas veces tuve infecciones. Eso me podía llevar a la pérdida del riñón que me donó Liliana”.

Los dos coincidieron en que fue un acto de amor de parte de ella y él se mostró visiblemente agradecido. Ahora espera el alta para poder volver a su ciudad, aunque sabe que su rutina deberá incluir visitas periódicas al médico para que le efectúen los controles correspondientes para corroborar que el órgano está funcionando correctamente.

Ambos deben llevar una vida saludable, que incluye no fumar, beber alcohol solo en cantidades mínimas, llevar una dieta en lo posible sin sal y con pocas proteínas, hacer actividad física aeróbica, entre otras cuestiones, según comentó a UNO el doctor Miguel Ángel Acosta, médico nefrólogo y jefe del equipo de del programa de Trasplante Renoureteral del sanatorio La Entrerriana, quien explicó: “Al estar con un solo riñón, no hay que sobrecargarlo. De esa manera se pueden evitar algunas complicaciones que pueden aparecer”.

Este tipo de intervenciones se realizan hace 15 años en esta institución, y el especialista comentó: “Además de la posibilidad de un donante cadavérico, el trasplante con un donante vivo es habitual. La ley establece que pueden ser familiares hasta cuarto orden, y que eso llegue en sentido horizontal hasta los primos, y en sentido vertical hasta los tíos y sobrinos. También pueden haber donantes no relacionados, como lo son por ejemplo los esposos o los concubinos que puedan demostrar fehacientemente que hace tres años como mínimo que están juntos, o dos años que conviven y que en esa relación hayan engendrado un hijo”.

Acto seguido, aclaró: “Además puede ser donante cualquier persona, como un amigo o un cuñado, pero en este caso debe contarse con una autorización previa de un juez”. En este marco, puso como ejemplo el caso de la cantante Sandra Mihanovich, quien en 2012 le donó un riñón a su ahijada, Sonsoles Rey Obligado.

Acosta señaló que, en general, cuando son donantes vivos no relacionados, es muy baja la compatibilidad entre donante y receptor, lo que no impide que el trasplante sea exitoso: “Es poco frecuente que marido y mujer sean parecidos, la histocompatibilidad es poco y nada, pero los resultados son buenos, incluso mejores que los trasplantes hechos de un donante cadavérico”.

Sin embargo, aclaró: “Quien recibe el trasplante nunca deja de ser un paciente renal, y durante el tiempo que ese riñón dure tiene que tomar una medicación para prevenir el rechazo. Por lo general son medicamentos con efectos adversos y deben tener un control médico: a los pacientes trasplantados los controlamos hasta los dos años una vez por mes, y después de ese plazo, una vez cada dos meses”. Asimismo, sostuvo: “Los riñones trasplantados no son eternos, un órgano de un donante cadáverico tiene una expectativa de funcionamiento que puede ser de 15 años, y de un donante vivo alrededor de 25 años. Después el paciente puede volver a diálisis, o hacer otro trasplante: hay gente que a lo largo de su vida tiene dos o más trasplantes”.

Respecto al donante, refirió: “Puede estar toda una vida con un solo riñón, pero debe tener una serie de cuidados, que fundamentalmente consisten en llevar una vida moderada. Una persona, al quedar con un riñón, nunca va a tener una función como si tuviera dos”.

En referencia al caso de Darío Márquez, indicó que “es muy poco frecuente que haya que sacar uno o dos de los riñones propios”, pero en este caso debieron hacerlo por una serie de infecciones. “Está muy bien, pero hay que concretar un tratamiento antibiótico antes de darle el alta, y se está evaluando con el servicio de Infectología”, concluyó.

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