Consumos problemáticos

Drogas: el drama de las familias que perdieron a un hijo

Mientras las adicciones a las drogas se llevan la vida de tantos jóvenes, hay madres que golpean puertas para que el Estado las ayude, sin recibir respuestas

Viernes 04 de Febrero de 2022

Beatriz es el nombre de la mujer que el miércoles de la semana pasada, en la puerta de Hospital Municipal San Bernardino, de Hurlingham, donde permanecía internado en terapia intensiva su hijo de 41 años adicto a las drogas, contó que lo había encontrado tirado en el piso de la cocina de su casa, tras consumir cocaína adulterada. “Fue terrible. Estaba con un paro cardiorrespiratorio. Mientras intentaba reanimarlo empecé a llamar a la ambulancia, pero tardó media hora. Igual, hay que entender que no daban abasto con todos los jóvenes que estaban en una situación similar”, mencionó.

Hasta el momento son 24 los muertos por este episodio. Pero poco se sabe acerca de la cantidad certera de personas que pierden su vida en la Argentina por el flagelo de la droga, adulterada o no, aunque se estima que son muchísimos.

Y aunque a partir de la pandemia, según estiman los especialistas en salud mental, se incrementó el consumo de alcohol, psicofármacos sin prescripción médica y otras drogas, las acciones para brindar un tratamiento a quienes padecen problemas de acciones no crecieron, así como tampoco se sumaron más espacios para internación de personas con consumos problemáticos, al menos en la provincia.

Mirta luchó siempre para rescatar de las drogas a su hijo Brian, quien fue asesinado en 2018..jpg
Mirta luchó siempre para rescatar de las drogas a su hijo Brian, quien fue asesinado en 2018..jpg

Mirta luchó siempre para rescatar de las drogas a su hijo Brian, quien fue asesinado en 2018..jpg

Con su hijo internado, Beatriz contó que desde que él tenía 14 ella viene “intentando que deje de drogarse”, y que “él nunca quiso internarse”. Sobre este punto, hizo un pedido desgarrador: “No sirve de nada que nos peleemos. Acá lo que tiene que cambiar son las leyes. En vez de abrir cárceles, hay que abrir más centros de rehabilitación para los jóvenes. Todos somos padres y nadie está exento de nada: ni el rico ni el pobre ni el de clase media. Pero si cada vez que queremos internar a nuestros hijos nos dicen: ‘¿Y si no quiere?’. Cambiemos la mentalidad. No queremos hijos enfermos, no queremos hijos tontos, queremos una juventud sana. Cambiemos las leyes”, reflexionó.

Sus dichos reflejan los de tantas madres que atraviesan una situación similar. Muchas golpean puertas para que algún organismo estatal las ayude a internar a sus hijos, pero no tienen respuestas; o a veces sí y otras no, cuando en estos casos se precisa acompañamiento siempre.

Mirta Oroño es de Paraná y sabe de esto. En 2015, decidió hacer pública su historia con la esperanza de encontrar ayuda para que su hijo Brian, que entonces tenía 16 años, volviera a ser internado en alguna institución para superar sus adicciones. Hacía tres años que el consumo de sustancias se había adueñado de la vida del chico.

UNO publicó en aquel entonces que, en su peregrinar por las oficinas públicas, Mirta consiguió medidas de protección para su hijo dos veces. En dos ocasiones lo internaron durante tres meses en una colonia de Cerrito. “La tercera vez no me lo quisieron aceptar porque ya estaba grande”, había contado en aquel entonces, cuando también recordó: “La primera vez que volvió fue relindo, dos semanas estuvo bien, yo dije ‘al fin’. Se quedaba acá, comía, me ayudaba, tomábamos mates juntos, y un día se me fue. Después le pasó eso del ojo (un vecino le disparó con un aire comprimido y perdió la visión), y fue cada vez peor”.

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Mirta siguió luchando para recuperar a su hijo, pero a mediados de 2018 Brian fue asesinado en inmediaciones del barrio La Delfina. Oscar Siboldi, conocido por su prontuario, fue quien lo ejecutó de un balazo en el pecho. Por el hecho acordó una pena de 15 años de prisión en 2019, y tras permanecer con arresto domiciliario sin tobillera electrónica, protagonizó un triple homicidio tiempo después.

El dolor de Mirta desde entonces es eterno. Está sola a cargo de su familia, por lo que trabaja todo el día, y hoy vive con sus tres hijos más chicos: uno de 20 años, y los otros de 18 y 16. “Tengo una conocida a la que hace poco casi le mataron a su hijo de 15 años por un tema de drogas acá en el barrio Municipal. Es amigo de uno de mis hijos más chicos y no quiero repetir la historia”, contó ayer a UNO sin poder contener el llanto.

La mujer, visiblemente conmovida, se preguntó entre lágrimas: “No entiendo por qué el gobierno no se ocupa. Necesitamos que el Estado haga algo para que nuestros gurises no sigan muriendo a causa de la droga, como le pasó a mi hijo, que estaba enfermo y sin ayuda no se lo pudo sacar a tiempo. Nadie se ocupa porque es un negocio para todo el mundo. Acá en el barrio sigo en contacto con muchas mamás que están pasando por lo mismo”.

Hace poco más de 10 días, una mujer que prefirió que no se divulgue su identidad, pidió ayuda en una ONG religiosa que brinda contención a gente en estado de vulnerabilidad. Su hijo, una persona con discapacidad que padece epilepsia, es adicto y hoy está preso. Según contó, hace años que lucha para que el Estado intervenga para que sea internado y pueda tratarse, sin ninguna respuesta. “Personalmente he ido a golpear puertas en todos lados”, dijo, y agregó con tristeza e impotencia: “Como madre tengo que esperar cualquier cosa, encontrarlo muerto por ahí, o muerto ahora adentro del penal, porque es una vida que no le importa a nadie. Y hay mucha gente que está en misma situación que él. Lamentablemente los jueces no ven la parte humana en estos casos”.

Resignada, afirma que lo único que le queda por hacer es rezar todas las noches por la vida de su hijo. “Él está vivo por la misericordia de Dios, porque yo ya no puedo andar buscándolo en los lugares donde anda, adonde se me pierde. Mientras tanto trato de hablarlo, noche y día lo hablo, lo corrijo, pero vuelve a caer y es peor”, aseguró.

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Falta de acompañamiento

Jorge Achor, referente de Casa Lázaro, la institución impulsada por el Arzobispado de Paraná que contiene a jóvenes sin recursos que se proponen superar sus adicciones, aseguró a UNO: “Recibimos muchas llamadas de mamás que vienen hace tiempo golpeando puertas y no han tenido respuestas. A veces son chicos que además de su adicción tienen alguna otra enfermedad y se complica el cuadro de asistencia y de control. Los muchachos van creciendo, la situación va empeorando y las madres quedan a la deriva”.

“Hay tantas familias en este estado desesperante, las pobres madres que no tienen la culpa de lo que están viviendo y el Estado, que no protege a la juventud, genera este tipo de enfermedades sociales que repercuten en las familias, Hay quienes dicen que las familias son las culpables, pero no es así”, manifestó.

A su vez, analizó: “Creo que el Estado tiene herramientas para hacer funcionar este sistema, pero hay algunos funcionarios que no toman en serio la demanda de estas personas”.

“Aunque veo que en general el Estado tiene ganas de ayudar, quienes están en la parte técnica, quienes tienen que hacer que todo eso funcione, no se mueven, no muestran interés, les dicen a esos familiares que están desesperados que vuelvan mañana, o pasado. Si fuesen más ejecutivos en estas cuestiones, o si las gestionaran con el Sedronar para que se busquen casas aunque sea fuera de Entre Ríos y que los chicos sean ubicados en algún dispositivo en le que puedan recibir un tratamiento, todo cambiaría”, opinó Achor.

Por otra parte, recordó que en calle Caputto, casi Newbery, se iba a construir un Centros de Atención y Prevención de Adicciones. Así lo anunció el gobierno provincial en 2015, pero finalmente no sucedió, sino que se destinó el lugar para instalar un centro de salud integral. “No se una dio respuesta a esa demanda concreta”, señaló.

Por otra parte, lamentó que en Paraná ya no exista la Secretaría de Lucha contra las Adicciones (SELCA), que fue reemplazada por la Dirección de Abordaje Integral de Problemáticas de Consumos: “La SELCA funcionaba muy bien: teníamos contacto y enviábamos ahí lo casos más difíciles y alguna respuesta siempre había. Después de eso hemos tenido visitas de funcionarios, pero quedaron en eso y nunca llegaron a concretar nada”, expresó por último.

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