La Provincia
Lunes 27 de Noviembre de 2017

Desde Canadá a Paraná escribió su propio diario de motocicleta

Erick Albornoz recorrió 18.262 kilómetros entre selvas cerradas y caminos peligrosos. Llegó el viernes y contó su experiencia

Erick Albornoz tenía un sueño. Lo planificó, hizo algunos viajes cortos y luego emprendió su larga travesía. El viernes llegó a Paraná. Había salido desde Vancouver, Canadá, el 20 de setiembre. Recorrió en motocicleta 18.262 kilómetros, atravesó selvas y rutas de todo el continente. A los 58 años los cumplió en dos ruedas y aseguró que por ahí tiene algunos otros caminos que todavía le quedan por andar.

Albornoz contó a UNO su historia el día después del regreso. Todavía estaba con la emoción a cuestas, sin ese tiempo que se necesita para lograr los balances. Parecía como si aún anduviera en la motocicleta, la misma que compró en Canadá y con la que realizó el viaje que lo marcó para siempre.

Dijo que desde chico tuvo afinidad por las motos, que la idea de hacer una travesía de verdad lo acompañó mucho tiempo. Hizo algunas incursiones cortas, o más cortas, a modo de práctica y luego se mandó.

Hace tiempo su hijo, que nació en Canadá, se fue a vivir allá. Él también vivió en ese país un tiempo y le quedaron algunos lazos. Por eso Vancouver fue la ciudad de partida; una urbe portuaria y costera canadiense.

"Era una deuda que tenía conmigo, los que están cerca me decían que estaba loco", dijo el hombre, y de inmediato dio una respuesta: "La experiencia fue la contraria. Nunca tuve una situación de violencia. Al contrario, la gente es solidaria con el que está de viaje. Hubo muchos tramos en que no viajé solo porque hay una cantidad de gente que está haciendo lo mismo". Contó por ejemplo que recorrió casi dos días junto a un japonés que quería unir Alaska, desde donde había partido, con Ushuaia, a donde quería llegar. Planificar un viaje tan largo ahora, con Internet y un GPS, no es tan difícil. Hay grupos en las redes sociales y foros que dan cuenta del trayecto a realizar y aportan sabios consejos como los tramos más largos sin estaciones de servicio, uno de los mayores miedos. "Es que hay zonas como en Baja California donde tenías 300 kilómetros sin estación y eso es lo que hace la moto con el tanque lleno. Le erraba en una esquina y a la moto no la podía llevar. Tenía que seguir caminando", contó. Día a día planificaba hasta dónde ir según las ganas, el tiempo, el paisaje o la compañía.



En el camino


Desde el la partida, fueron 66 los días que Albornoz estuvo en la ruta y la última etapa del viaje ya solo pensaba en llegar. En Perú quizás esperaba otro paisaje, pero contó que solo había basurales a los costados del asfalto con mucho humo. "Desde Lima para acá no fue muy agradable. Ahí me empecé a atacar y quería llegar. Después, en la zona de Chile la ruta y el paisaje ya varía porque es más parecido al estilo nuestro", contó.

Habló de las zonas más duras y de la experiencias más difíciles. Explicó que en Guatemala el camino atraviesa la selva, una ruta de cuatro metros de ancho llena de camiones y pozos. Ahí rompió una llanta, otra corrió la misma suerte en Colombia.

Viajaba entre cinco y ocho horas por día, pero llega un momento en que uno se desconcentra y en moto puede ser fatal. Siempre anduvo de día.

"En Guatemala viajaba con GPS por una selva cerrada, como por un tubo con plantas que caían en el medio del camino. Iba tomando referencias, una escuela, un cartel", contó. Como en la selva anochecía más rápido, a las 15 debía llegar a destino. "Por ahí veo la misma escuela y me digo 'ya la crucé', seguí y me encuentro con el mismo poste que había cruzado hacía una hora y media. Estaba todo mal. En algún momento y por más que el GPS me daba bien, hice un gran círculo y me agarró la noche y un ataque por la ansiedad de no saber dónde estaba y porqué repetía la ruta". Aceleró de manera peligrosa, no veía nada, el marcador llegó a los 160 kilómetros por hora. "Me iba a matar. Así que frené, me tiré a un costado y esperé, no sé, 15 minutos, a que se me pase y volví a salir. Son lapsos en los que uno puede meter la pata", agregó.

Además, contó que en la selva hay tantos bichos que la luz de la moto era un llamador. Cada cinco minutos, en varios trayectos, debió parar para limpiarse el visor del casco.

La Panamericana es la ruta más famosa del mundo: atraviesa toda América, conecta Alaska con Tierra del Fuego. Pero le falta un tramo entre Panamá y Colombia conocido como el Nudo o Tapón de Darién. "Embarqué la moto en un mercante chino y yo en el velero de un holandés. Estuve cinco días en un archipiélago, por San Blas. No conozco islas más lindas que esas, y son vírgenes", y contó la historia, las tradiciones, las formas de vida de los aborígenes y los nativos de la zona.



Tres pantalones


Albornoz realizó el viaje en una motocicleta BMW F800 ST y la ponderó por la comodidad. Cargó tres pantalones y dos short. Contó que algunos saben comprarse botas y todo un traje, pero aclaró que con 44° en las rutas colombianas no hubiera sido una buena idea. "Viajé como ando acá. Creo que tengo mi sueño por ahí, de hacer otro viaje. Alguna vez me gustaría, pero ahora no tengo idea", dijo. El hombre contó su historia el día después de haber llegado a la casa de su madre en calle Uruguay al 700 de Paraná.

"Que nada nos obligue a dejar de hacer lo que tenemos ganas de hacer en la vida. Ese es el mensaje que puedo recuperar del viaje. No hay nada más importante que lo que uno tiene ganas de hacer", remató.


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