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Desazón en bares y restaurantes: trabajan al 25% de su capacidad

En Entre Ríos hay unos 1.500 establecimientos del rubro. Con un estricto protocolo, en Paraná abren de 7 a 23, pero la demanda es reducida.

Viernes 19 de Junio de 2020

En Entre Ríos hay unos 1.500 establecimientos gastronómicos que para sostener su actividad tendrían que trabajar por lo menos al 70% de su capacidad instalada. Sin embargo la demanda es reducida en este tiempo de pandemia y apenas llegan al 25%; y ni siquiera los fines de semana logran revertir este porcentaje.

En Paraná están autorizados a abrir desde hace tres semanas, de 7 a 23, aplicando un estricto protocolo que incluye respetar la distancia social mínima de un metro y medio y que no haya más de seis personas por mesa; desinfectar constantemente las sillas, mesas, barandas de las escaleras y demás; utilizar tapaboca, barbijo o máscara en el caso del personal que atiende al público, entre otros pasos que procuran minimizar cualquier posibilidad de contagio de Covid-19.

Sin embargo, hay referentes del sector en la capital provincial que optaron por mantener sus puertas cerradas para evitar pérdidas, y si bien permanentemente están deliberando qué hacer, sobre todo para mantener la fuente de trabajo de su personal, estiman que el riesgo de retornar a la actividad es muy grande si se considera la inversión que tienen que afrontar, comprando insumos que en su mayoría son perecederos.

Los que sí abrieron dan cuenta de la difícil situación que atraviesan, sobre todo por la incertidumbre que genera el aumento de casos en algunas zonas del país, que obligó a tres provincias hasta ahora a volver a la fase inicial.

Marcelo Barsuglia, quien hace más de tres décadas es empresario del sector y actualmente es vicepresidente de la Asociación Hotelera Gastronómica de Paraná (AEHG) y secretario de la Federación Hotelera Gastronómica de la República Argentina (Fehgra), comentó a UNO que durante el día hay movimiento, pero solo hasta el horario en que cierra el resto de los comercios de otros rubros, es decir, hasta las 17: “Cuando cierran los comercios la gente desaparece del centro y no queda nadie. Es muy poco el movimiento y el panorama es el mismo los fines de semana”, aseguró.

“Lo que más nos preocupa es la incertidumbre de no saber cómo va a seguir esto. A nivel nacional se pasa de fase en fase rápidamente, por la aparición de algunos brotes, y esto provocó que algunas provincias vuelvan para atrás en sus autorizaciones para trabajar”, dijo, y analizó: “Por suerte en Entre Ríos está bastante controlada la pandemia y hay que esperar que pase el pico principal, como dicen, que sería ahora en estos próximos días, y después esperemos que se pueda volver a la normalidad”.

Barsuglia recordó que bares y restaurantes tienen permitido trabajar al 50% de su capacidad para evitar aglomeración de personas, pero confirmó que por la poca afluencia de gente solo están trabajando al 25% de lo que se trabajaba el año pasado en esta época. “A nivel nacional es lo mismo. Viene menos gente y el consumo es inferior: muchos llegan a tomar un café, y es distinto el costo que si vinieran a cenar. Sabemos que la situación económica ha golpeado a numerosos sectores, mucha gente ha estado sin trabajar y lamentablemente su economía se ha resentido, y por ende tampoco sale a comer o a tomar un café”, observó.

Asimismo, advirtió que las restricciones por la pandemia y el temor a un posible contagio hacen que el grueso de “la gente salga poco, o directamente no se mueva de su casa”.

Si bien desde un principio pudieron incorporar el delivery de comidas, el empresario y dirigente gastronómico sostuvo: “Funciona como una manera de mantener una cierta actividad en pie, pero para la gran mayoría no es rentable. Quienes no estaban haciendo delivery antes y ahora se ven obligados porque es la única forma que tienen de recaudar algo más, encuentran con que es mayor la oferta que la demanda, y considerando el porcentaje que cobran las aplicaciones, no es alentador el panorama”.

Los locales del rubro admiten que están comprando menos mercadería, reponiendo stock en base a la venta que van teniendo. “Las compras son las mínimas e indispensables”, aclaró Barsuglia.

Sobre los empleados, indicó que los negocios que están abriendo tratan de “repartir el poco trabajo que hay entre el personal”, haciéndolos rotar: “Es una manera de poder seguir, pero la verdad es que no sabemos hasta cuándo se puede continuar así. La recaudación es mínima. Para mantener una plantilla como la que se tenía antes de la pandemia se debe trabajar al menos en un 70% de la capacidad instalada, y estamos hablando de un 25%”, alertó.

Otro tema que preocupa a los propietarios de locales gastronómicos que tienen personal a cargo es el anuncio del gobierno nacional de restringir el acceso al programa Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP), a través del cual el Estado paga a los trabajadores formales parte de su salario. Sobre este punto, el secretario de Fehgra advirtió que en ese caso “hay un montón de establecimientos que van a cerrar”, y explicó: “Si no tenemos la ayuda del pago de los sueldos va a ser inviable seguir trabajando. Tampoco se puede despedir personal, y si suspenden el ATP sería el golpe final, significaría el fin de la actividad, y no solamente para el sector de la gastronomía, sino también de la hotelería, que está parada. No sé cómo haría un hotel para afrontar los pagos de sueldos”.

“Se estima que esto va para un tiempo largo, se está hablando de que hasta septiembre seguiría la cuarentena en Buenos Aires. Si está cerrado todo en Buenos Aires, que es la provincia que genera mayor movimiento turístico en Entre Ríos, y si no hay líneas aéreas ni ómnibus de larga distancia, tanto la gastronomía, y sobre todo la hotelería, se ven muy afectadas”, reflexionó, y recordó que desde el inicio de la pandemia se perdió el ingreso que significaba el movimiento durante los fines de semana largos, cuando el sector podía hacer una diferencia.

Por último, evaluó que los créditos que anuncia el gobierno nacional “son inviables” para el rubro: “Hay un montón de negocios, sobre todo en gastronomía, que no tienen posibilidades de acceder a un crédito, porque no tienen el balance o son monotributistas. Y endeudarse cuando no se sabe cuándo se podrá trabajar con normalidad es muy complicado”, lamentó, y concluyó: “En los 32 años que hace que me dedico a esta actividad, no recuerdo que haya habido una crisis peor. No hay nada que se le parezca a la situación actual”.

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