Secciones
La Provincia

Denuncian la detención ilegal de un chico que iba a la escuela

Un chico de 16 años del Colegio Nacional de Paraná denunció que la Policía lo detuvo sin causa y lo paseó por la ciudad esposado en la caja de una camioneta de la fuerza, cuando iba a clases.

Domingo 09 de Noviembre de 2014

De la redacción de UNO
Por José Amado
Jamado@uno.com.ar



Un adolescente de 16 años, que va al Colegio Nacional de Paraná, iba a clases de Educación Física pero antes de llegar la Policía lo detuvo y lo llevó a pasear esposado en la caja de la camioneta. Bajo amenazas e intimidaciones le pedían información de un amigo suyo, y finalmente lo dejaron en una celda bajo candado.

En un modular de su casa, María, la mamá de F. pegó un papel de la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Provincia que le entregaron en la escuela, titulado Si te detienen, en el que se explican los derechos de las personas cuando son detenidas por una fuerza. Ninguno de los puntos se respetó en la odisea que vivió el chico el jueves al mediodía, según contó:

“Yo estaba en la parada de cole de calle Don Bosco y Los Constituyentes, a las 12.35. Pasa mi amigo y me subo a la moto, yo iba a Educación Física porque tenía examen. Me alcanzó hasta La Rioja y Nogoyá. Cuando llegamos me bajo y aparece un patrullero (el móvil 1003 del 911) y como él se asustó, se fue. El policía arrancó y paró a media cuadra, y la chica policía me pide el documento. Se lo doy, me lo devuelve, me estoy por ir y me dice ‘vení para acá, subí a la camioneta’, y cuando le pregunto por qué, me dice el policía ‘vos subí’. Subo y le digo ‘voy a llamar a mi mamá o a mi tío’, y me dicen que no, que ellos tenían todo el derecho, me sacan el celular y me lo tira atrás en la cajuela. Me esposan y me llevan, porque me preguntaron dónde vivía mi amigo y yo no les quise contestar. Me llevaron hasta la plaza del barrio Mariano Moreno, pasamos por la ruta. Ahí se baja y me dice que diga toda la verdad, que me podía pasar cualquier cosa, que diga donde vivía el chico. Mientras, la chica me grababa con el celular. Me llevan y me traen de nuevo, y les digo la dirección.

Paramos frente a la Escuela de Policía, en Rondeau, y me tuvieron como una hora y media en la cajuela. Los atendieron los padres (del amigo), vinieron como cinco policías que me preguntaban qué había pasado, por qué se fue”.

En ese momento el padre del amigo de F. llamó a la mamá, quien creía que su hijo estaba en clases. Los policías lo querían dejar ahí, pero les dijeron que lo lleven a Minoridad, porque la madre quería saber qué había pasado, y que lo pasen de la caja a los asientos de la camioneta. Así fue y en el recorrido el padre del amigo iba atrás en su auto para constatar a dónde lo llevaban.

Priscila y el guante de látex
F. siguió contando: “Me pasan adelante y me dicen ‘¿Conocés el caso de Priscila?’ Les digo que no, y me dicen ‘vos no te hagás el bobo, vos sabés quién es, si nosotros los vimos a vos y a tu amigo en San Benito, los detectamos por las cámaras’. ‘Nunca anduve en San Benito, porque nunca fui’, les dije, y nos fuimos. En vez de ir la mujer policía fue otro hombre, un pelado de anteojos, quien me dice ‘¿sabés lo que es un guante de látex? A eso te lo vamos a meter en la cola’. Me sacan las esposas, agarro mi celular y estaba por llamar a mi mamá, y me dice ‘no agarrés el celular porque te vamos a cagar a piñas, quedate quietito’”.
Otra situación insólita fue cuando el policía pelado de anteojos le empezó a preguntar en qué trabajaban sus padres, sus hermanos y sus hermanas, y cómo eran éstas, a lo cual le preguntó: “¿Está linda?”.
Llegaron a la División Minoridad de calle Tucumán la mamá de F., María, y el abogado Milton Urrutia, tío del adolescente. “Cuando les peguntamos cuál era el motivo (de la detención) nos dijeron que teníamos que dirigirnos al 911 porque no estaban informadas, que fueron y lo depositaron ahí”, contó la mujer. Para liberar al menor les pedían que firmen un papel donde sostenían que F. había sido detenido por “resistencia a la autoridad”. Además, les exigían que debían presentar fotocopia de los documentos de la madre y del chico.

Se negaron a firmar el papel, por lo que se dirigieron a la Fiscalía en turno, a cargo de Franco Bongiovanni, quien había caratulado la causa como resistencia a la autoridad por lo que le habían informado desde la fuerza. En ese momento (cuando la madre y el tío estaban en la Fiscalía), las agentes de Minoridad le sacan las pertenencias a F. (el celular, la billetera y las llaves de la casa) y lo alojan en una celda con candado. Luego llegó un médico para revisarlo. Finalmente terminaron firmando “en disconformidad y bajo presión” porque el chico ya no aguantaba más estar encerrado. Antes de retirarse les entregan sus cosas, pero en la billetera le faltaban 200 pesos y además le agregan una bolsita con unas semillas, según dijeron, y de ahí regresaron a la Fiscalía para denunciar lo que vivió el adolescente.

“Nosotros no sabemos de qué son esas semillas –sostiene Urrutia– Pero él le dijo al fiscal que se somete a todas las pruebas que ellos quieran y que lo revisen, él no consume ni fuma ni nada”. La mamá agregó: “Es un chico excelente en la escuela, podés ir a preguntar los promedios que tiene, es el mejor alumno, no se llevó ninguna materia, está en el centro de estudiantes”.

“Me extraña que en Minoridad no haya una persona que defienda a los chicos, porque están librados a su suerte. Encima lo trataban re mal, como si mi hijo hubiera cometido un delito”, contó María.

Otra cuestión irregular en todo el episodio fue que los uniformados se sacaron la tela con abrojo que deben llevar puesta en la camisa para que se sepa quiénes son, por lo que no pudieron identificar con nombres y apellidos a los participantes de la detención, traslado y alojamiento.

“No cumplieron con ningún protocolo desde que lo detuvieron en La Rioja y Nogoyá, tenían que llamar al fiscal, al defensor y a los padres, de ahí no moverse. Eso está establecido en la Convención de los Derechos del Niño, ¿dónde queda todo eso?”, preguntó el abogado y agregó: “Los policías están para dar seguridad, pero ahora los jóvenes cuando ven un patrullero tienen miedo. Con los niños y con los adolescentes no hay que meterse. Espero que ante esto, que es gravísimo en democracia, el fiscal en turno actúe en consecuencia y demuestre que este cambio que han hecho en la Justicia sirve para algo, y que a estas personas, que son malos policías, hay que apartarlas. Hoy le pasó a él y mañana le va a pasar a otro”.

En este sentido, Urrutia consideró que “lo peligroso del mal sistema policial es que cuando advirtieron el error que cometieron armaron una causa. Eso no corresponde. Los que trabajamos con menores trabajamos con elemento humano, y los fiscales y defensores de menores tienen que tener en cuenta que la psiquis una vez que se la dañaste no se la reparás más. Yo no vi un defensor penal que haya actuado, y también debería haber actuado el fiscal en turno de menores”.

Por último, el letrado y tío de la víctima manifestó que en el episodio del jueves “hubo secuestro, privación ilegítima de la libertad, amenazas, tortura psicológica. Utilizaron técnicas de la dictadura, lo llevaron a una placita para que él indicara dónde era la casa del amigo. Yo no estoy en contra de toda la Policía, pero sí de la parte más oscura de la Policía. Estos policías no procedieron como corresponde, y las mujeres Policías los encubrieron y se sacaron la identificación”.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario