Decidido a progresar

Dejó su tarea en el campo para aprender de su mamá modista

Marcos Zalduendo es de Lucas González. Decidido a tener un mejor trabajo, dejó el campo, ignoró los prejuicios y aprendió un oficio que pocos hombres eligen.

Domingo 07 de Agosto de 2022

Marcos Zalduendo tiene 35 años y vive en Lucas González, una pequeña localidad del Departamento Nogoyá. Casado y con tres hijos, trabajó desde muy joven en el campo para sostener a su familia, como tanta gente del lugar, en el que la agricultura forma parte de las actividades principales.

Laburo nunca le faltó, pero siempre estuvo acotado a las tareas rurales. Algunas veces podía ir y volver en el día; y otras, en tiempos en que las tareas lo demandaban, tenía que quedarse durante varias jornadas en alguna estancia y podía volver a su hogar recién cuando se terminaba la changa.

La mayoría de las labores vinculadas al agro se hacen al aire libre, no importa si está helado en invierno ni si las horas son sofocantes durante el verano. Y en ocasiones la paga no alcanza para llegar a fin de mes. Poniendo en consideración cuestiones como estas, y dispuesto a progresar con un emprendimiento propio, fue que Marcos decidió pedirle a su mamá, Sara Sorba, modista del pueblo de toda la vida, que le enseñara a coser. Así se volcó de lleno a este oficio, generalmente elegido por mujeres.

Marcos dejó las rudimentarias tareas de campo y le pidió a su mamá modista que le enseñe el oficio para poder progresar.jpg
Marcos dejó las rudimentarias tareas de campo y le pidió a su mamá modista que le enseñe el oficio para poder progresar

Marcos dejó las rudimentarias tareas de campo y le pidió a su mamá modista que le enseñe el oficio para poder progresar

Hasta ese momento siempre hice trabajos rurales, era zafrero o andaba con herramientas agrícolas. Había trabajos con los que podía ir y venir todos los días, pero en la época de campaña de forrajes me tenía que ir y dormir en la casilla varios días. En el campo es difícil trabajar con las heladas , y también el verano se sufre mucho si las herramientas no son las adecuadas”, contó a UNO y destacó: “Hoy tengo un taller de ropa en el que con mi mamá hacemos uniformes escolares, ropa de trabajo, indumentaria para policías. Cuando recién empecé con el tema de este trabajo hacía arreglos y después ahora ya casi no por el tema del tiempo. Por ahí se demora mucho y preferimos abocarnos a hacer prendas nuevas”.

Sobre su decisión y sus primeros pasos en la costura, rememoró: “Hasta mi mamá se sorprendió cuando le pedí que me enseñara. Y si bien estaba contenta, no me tenía mucha fe, porque somos seis hermanos, cuatro son mujeres, y hasta ese momento ninguno se había interesado por seguir sus pasos. Así que conmigo tuvo su oportunidad de enseñar a alguno de nosotros lo que ella sabe hacer, y yo siempre me apoyé en su experiencia”.

“Cuando empecé a trabajar en esto en el taller también era toda una novedad, para la gente que llegaba, verme cosiendo o cortando alguna prenda para armarla”, agregó con simpatía sobre los prejuicios de quienes habitualmente vinculan al mundo femenino esta tarea.

Hoy hacen uniformes para escuelas.jpg
Hoy hacen uniformes para escuelas

Hoy hacen uniformes para escuelas

En este marco, señaló: “Después todos se fueron acostumbrando. El boca a boca ayudó mucho también y mis amigos les fueron comentando a otros sobre mi trabajo. Soy un agradecido con la gente del pueblo que en general me tendió una mano para que me vaya mejor, y con tantos que me fueron comprando los productos que yo iba haciendo, la ropa para que pueda avanzar con el taller”.

Consciente de que este cambio le iba a posibilitar otras condiciones laborales y también estar más tiempo con su familia, se la jugó. Al respecto, comentó: “Tengo tres hijos: Mauricio, el mayor, que va a cumplir 17 años; Eliana, que va a cumplir 10, y Priscila que cumplió 8 años. Quise cambiar de trabajo y dedicarme a la costura porque lo vi como una mejor salida laboral, porque si bien adonde estaba era empleado, por ahí no alcanzaba el dinero que uno gana. Y a esto lo vi como algo lindo y le puse las fichas para tratar de aprenderlo. Empecé de cero, sin saber nada. Si bien mi mamá se dedica a esto desde que ella tenía 14 o 15 años y la vi trabajar desde siempre arreglando ropa y cosiendo vestidos y bombachas de grafa para el campo, yo no tenía ningún conocimiento ni noción de este oficio y me propuse aprenderlo. Hay que ponerle ganas y empeño, y la paciencia es fundamental. No sé cuánto tiempo me llevó, pero en un principio para hacer una bombacha de grafa tal vez demoraba cinco días, y ahora hago cinco o seis por día”.

Animarse a emprender

Hoy en día les va bien, aunque reconoce que “hay meses mucho mejores que otros”, y refirió: “Cuando empezó la pandemia pudimos seguir adelante, ya que si bien no teníamos la demanda de uniformes para el colegio, la gente de campo tenía que seguir trabajando y necesitaba la ropa de grafa, la bombacha, el pantalón, las camisas, así que no nos perjudicó mucho. Ahora tenemos más trabajo porque nos enfocamos en los uniformes escolares y hacemos promociones para los egresados y esas cosas. Por ahí es tanta la demanda que mi mujer sabe venir a ayudarme cuando estamos muy atareados, aunque no trabaja en esto”.

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Sara le enseñó a su hijo a coser

Sara le enseñó a su hijo a coser

Marcos contó que la marca que eligieron para sus prendas es Luquense, el gentilicio de la ciudad en la que pueden desarrollar su emprendimiento. Mucha gente ya conoce el trabajo que hacen, con responsabilidad, prolijidad y compromiso, y por eso trabajo no les falta. En la actualidad abastecen a los tres establecimientos educativos de nivel Secundario en Lucas González, y a otras 10 o 12 instituciones más del Departamento Nogoyá.

Atentos a la situación económica de muchos de sus clientes, también suelen ser contemplativos. Sobre este punto, reflexionó: “Las telas se encarecieron mucho y eso es un problema, porque a la gente no se le puede cobrar muy caro. Nosotros venimos de una clase social media baja y seguimos en esa situación, por lo que sabemos lo que es juntar el peso. Entonces, siempre nos ponemos en el lugar de aquella persona a la que le cuesta y de sus necesidades”.

“Cuando hay padre que necesita el uniforme para los chicos y que realmente le cuesta juntar la plata para comprarlos, entonces hacemos excepciones y tratamos de no elevar los precios, por más que suban los insumos”, añadió por último, dando cuenta de los valores que cultivan junto a su familia y que hacen que junto a los suyos sea muy querido por la gente de la zona.

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