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Deconstruir al macho violento, un proceso largo pero posible

En Villaguay funciona un dispositivo de abordaje de varones que ejercen violencia de género. En Paraná un proyecto igual dejó de funcionar en 2019.

Viernes 21 de Mayo de 2021

En la prevención de la violencia de género, además de las medidas que dispone el Poder Judicial para intentar mantener al agresor alejado de su víctima, como las órdenes de restricción, el botón antipánico o las tobilleras electrónicas según sea el caso, existe otro camino por recorrer. Se trata de un proceso largo y dificultoso porque busca modificar estructuras mentales y conductas socialmente aprendidas y reproducidas durante siglos. Se trata de la puesta en crisis de los mandatos de la masculinidad hegemónica. O lo que es más o menos lo mismo: deconstruir al macho violento.

Existen en el país distintas experiencias de dispositivos de abordaje de varones que ejercen violencia de género y que permiten suponer que tal deconstrucción es posible, a largo plazo y a pesar de las resistencias que en general oponen los hombres. Una de esas experiencias se desarrolló en Paraná hasta hace un año y medio, pero desde entonces no está en funcionamiento. Otra existe en Villaguay desde 2015, es pionera en Entre Ríos y quienes la llevan adelante aseguran que poco a poco se ven los resultados.

Emmanuel Soto, licenciado en Psicología (MP 1578), trabaja desde ese año en el Centro de Protección a Mujeres en Situación de Violencia La Delfina, que depende de la Municipalidad de Villaguay. Allí está a cargo del dispositivo de atención para varones, que implementa diferentes modelos de trabajo, entre ellos el abordaje en grupos desde una perspectiva psico socio educativa y tratamientos individuales. Él considera que esta tarea es un “eslabón fundamental” para erradicar las conductas violentas.

¿Un macho violento se puede deconstruir? Ante la pregunta de UNO, Soto no tiene dudas: “Sí, pero lleva tiempo. Estamos hablando de un periodo de un año en donde nos vemos todas las semanas en un grupo, aparte de un tratamiento individual. Si dijera que es fácil, estaría mintiendo. Es un trabajo que cuesta dolores de cabeza, que hay que estar atrás de ellos. Pero por supuesto que sí, a eso es a lo que apuntamos”.

“Hoy por la pandemia, el dispositivo está mucho más limitado. Los grupos están suspendidos directamente y se sigue con la parte individual”, dijo Soto. Tras esta aclaración relató: “Hacemos dos tipos de grupos. Uno abierto, pero con condiciones que se van poniendo a las personas que van llegando. Y otro que es un taller-charla, de sensibilización en violencia de género y de aplicación de la Ley Micaela y la Ley 26.485 (de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres)”.

Los talleres y capacitaciones se siguen haciendo de manera virtual, pero la mayor pérdida que implica la pandemia es en la presencialidad del trabajo con las personas que asisten a los grupos, aunque se mantiene el contacto con un seguimiento vía telefónica. Los tratamientos individuales, tan tanto, continúan con los protocolos respectivos.

Cómo llegan

Los varones que ejercen violencia de género llegan al dispositivo de La Delfina derivados desde el Juzgado de Familia de Villaguay, que a partir de una denuncia envía un oficio donde se dictaminan las medidas en contra del agresor. “Hay un punto donde directamente la jueza los manda, les ordena que se tienen que presentar con nosotros. Y allí se acercan”, indicó. También van por pedidos de Defensoría, Fiscalía y la Policía. Un porcentaje menor, pero que existe, son hombres que se acercan para participar voluntariamente de ese espacio. “Hay personas que llegan antes de que les llegue una denuncia, por sugerencias, porque Villaguay es una ciudad pequeña y La Delfina se ha convertido en un espacio de referencia. La mayoría de los que han pasado le dicen a otros ‘acercate’”.

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Lógicamente, el trabajo con los agresores se realiza en un lugar alejado del espacio donde están las mujeres agredidas, de modo que no se crucen víctimas y victimarios. “Ellos tienen que ir ahí a llenar una ficha, solicitar un turno para una primera entrevista y después se ve la admisión. Más allá de esto, también salimos a hacer charlas y talleres con la comunidad. Con la Ley Micaela hemos capacitado a todo el personal del municipio de Villaguay, por pedido de la intendencia. La gente tiene una referencia de dónde poder acercarse para intentar deconstruir este tipo de conductas violentas que están arraigadas en un sistema patriarcal y machista. Esto es un trabajo bastante arduo pero le metemos la mejor todos los días”, describió el psicólogo.

En todos los casos son personas que ejercen violencia de género, pero en ocasiones son además hombres que se encuentran detenidos por estos delitos o que, participando ya del dispositivo, violaron alguna medida de restricción y con esos casos también deben lidiar para intentar modificar conductas. No han tenido hasta ahora ningún autor de femicidio: “En Villaguay hemos tenido pocos casos. La persona que cometió el femicidio más reciente, no estaba incorporada al dispositivo. Esa persona hoy en día está detenida fuera de la ciudad”.

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En la tarea de deconstruir, en Villaguay capacitaron a todo el personal municipal.

En la tarea de deconstruir, en Villaguay capacitaron a todo el personal municipal.

Resultados

“En las personas que asisten a los grupos no vemos los resultados a corto plazo. Sin embargo, nosotros sostenemos que quienes tienen una conducta violenta, con el tiempo empiezan a entender y a deconstruir este tipo de conducta. No es de un día para el otro, no es que en dos meses, como a veces pide la Justicia, dejan de actuar de esta manera. Los resultados que hemos visto quizás son en un año”, explicó Soto sobre las efectivas modificaciones que se logran en los comportamientos. Y continuó: “Estas personas se involucran, se meten, perduran en este espacio. Muchas veces mi rol en estos grupos termina siendo más bien pasivo porque son ellos, cuando se incorpora alguien nuevo, los que van llevando adelante este tipo de relaciones, en una especie de padrinazgo. Y ahí sí, en el lapso de un año uno puede empezar a ver resultados en la forma de hablar, en la forma de pensar, en la relación que empiezan a tener con otras personas, con sus hijos mismos”. Muchas veces, dijo, empieza a cambiar el rol de padre de estos hombres y ese es uno de los grandes objetivos del dispositivo, porque los hijos también sufren las consecuencias de la violencia.

El intento en Paraná

El psicólogo Javier Ortiz (MP 1133) estuvo a cargo del dispositivo que se implementó en Paraná entre 2018 y 2019, que no volvió a ser puesto en funcionamiento. Explicó que el proyecto surgió de la Subsecretaría de la Mujer de la Municipalidad, que lo convocó para la tarea de coordinar un grupo de hombres que ejercen violencia de género y luego se sumó una trabajadora social. Empezaron por establecer los contactos con el Poder Judicial, el Consejo Provincial del Niño, el Adolescente y la Familia (Copnaf), el Consejo de Prevención de las Violencias (Coprev), la Subsecretaría de la Mujer de la Provincia y otros organismos oficiales. Y comenzaron a actuar ante oficios que recibían de la Justicia, informes de las reparticiones del Poder Ejecutivo y, al igual que en Villaguay, con la posibilidad de ingresos voluntarios. En todos los casos se hacían entrevistas de admisión y se evaluaba si la persona era apta o no para el trabajo en grupo. “Si ingresaba, se iniciaba un proceso que en principio duraba un año. Eran encuentros semanales de una hora y media, con la posibilidad de extenderlo un año más y estábamos pensando en un tercer nivel también. Hubo varones que se sostuvieron los dos años que duró el programa”, señaló a UNO.

En la corta vida del proyecto, Ortiz pudo ver resultados. Por ejemplo, aquellos varones que regularmente asistieron, no reincidieron en conductas violentas al menos durante los dos años que duró el dispositivo. En algunos casos eran varones que “venían con más de una denuncia encima”. También veían los resultados en las entrevistas con las mujeres, en aquellos casos que su pareja o expareja estaba en el dispositivo: “Ellas empezaban a observar ciertos cambios de conducta más profundos que aquellos que son generalmente prometidos por el hombre y los que se dan en la llamada ‘luna de miel’ que suele haber antes de reincidir en los actos violentos”, manifestó.

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 Javier Ortiz, quien trabajó con varones que ejercen violencia en Paraná, asegura que es importante desarticular los micromachismos.

Javier Ortiz, quien trabajó con varones que ejercen violencia en Paraná, asegura que es importante desarticular los micromachismos.

De todos modos, el camino estuvo lleno de obstáculos, como las resistencias que siempre hay en los hombres, en mayor o menor medida, incluso en los tres usuarios que se acercaron de manera voluntaria. “Es importante pensar cómo llegan, porque no es porque ellos se dieron cuenta de lo que estaban haciendo, sino que la pareja les dio un ultimátum: ‘o cortás con esto o te vas de acá, no ves más a tus hijos o te denuncio’. Entonces, tampoco es del todo voluntario”, explicó.

Además identificó dos mecanismos defensivos que más aparecen: la negación y la minimización: “La negación es muy fácil de detectar porque, por ejemplo, venían a la entrevista y decían: ‘yo no la toqué’, entendiendo que la única forma de ejercer violencia es a través del golpe. Y aún cuando decían eso, muchas veces indagando nos dábamos cuenta de que hubo un empujón o un apretón de brazo fuerte. La minimización se vía claramente en el ‘no fue para tanto’. Cuando surgía ese discurso buscábamos desarticularlo, para que pudieran dar cuenta de que en realidad hubo algo más grave”.

Ortiz coincidió con Soto en destacar el rol de los más antiguos en el dispositivo: “Lo rico del trabajo grupal es que eran los mismos varones los que les indicaban a los usuarios nuevos: ‘te das cuenta de que ahí estabas siendo violento’. Escuchar a pares que están en la misma situación, era muy valioso porque ayudaba muchísimo a que la persona pudiera empezar a hacer una reflexión más profunda”.

Por lo tanto, en base a su experiencia, el psicólogo de Paraná está de acuerdo con pensar que es posible deconstruir al macho violento: “Se pueden cambiar las conductas de aquellos varones que ejercen violencia de género, sin duda. Aquel era un lugar de prevención en salud mental y en violencia de género. Sí se puede, siempre y cuando no esté enmarcado en una estructura patológica, lo cual requiere de otros dispositivos. Son conductas que hemos absorbido durante toda nuestra vida, por eso es un proceso largo”.

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La búsqueda era que empezaran a poner un ojo crítico en las situaciones en que actuaban con violencia y pudieran dar cuenta de que hay otras herramientas para responder en situaciones conflictivas y no llegar a la agresión física, simbólica, psicológica o económica. El objetivo más importante: evitar que ciertas personas llegaran a cometer un femicidio.

Pero el proyecto no perduró. “Quedó trunco el proceso porque mi contrato cayó en octubre de 2019, en plena transición de gestión, que fue bastante larga porque en junio fueron las elecciones y en diciembre se asumía. No me lo renovaron, hubo pedidos de parte del Poder Judicial, que elevó una nota, y los mismos varones pidieron que por favor se continuara porque ellos veían los beneficios que les estaba dando el proceso. Se elevaron notas a la Municipalidad pidiendo todo eso y nunca se le dio resolución, siendo que todo el presupuesto que se destina a esto es un contrato, porque la trabajadora social ya pertenecía a planta permanente de la Municipalidad. Es decir que es cuestión de una decisión política”, explicó Ortiz. Desde entonces no hay dispositivo de atención de varones en Paraná.

Micromachismos y mandatos: “Quieren que nos volvamos gay”

En el dispositivo que funcionó en Paraná se trabajaban transversalmente los micromachismos, es decir, las conductas que por cotidianas pueden parecer mínimas y sin importancia, pero que reproducen relaciones de desigualdad y de dominación del hombre sobre la mujer. Ortiz explicó que el proceso tenía tres etapas: primero la concientización de los propios actos violentos, luego lograr empatía con las mujeres, hijos e hijas sobre quienes ejercían violencia. Y la tercera era desarticular el sistema cultural en que se apoyan los micromachismos y hacerlos visibles. “Buscábamos empezar a reconocer la crianza machista que hemos recibido, no para juzgar a nuestros padres, sino porque nosotros ahora somos responsables porque sabemos algo más. El tema es qué hacemos entonces con eso”, describió.

“Lo que más resistencia provocaba era el trabajo sobre los mandatos de la masculinidad hegemónica. Hablando de los movimientos feministas o las nuevas masculinidades, que ya es un término que está puesto en tensión, una de las respuestas defensivas que surgían era: ‘Quieren que todos nos volvamos gay’, como si salir de la masculinidad hegemónica tuviera que ver con cambiar la orientación sexual. En realidad se trabajaba en ver si todos los varones podían cumplir con esos mandatos: el fuerte, el protector, el proveedor, el que no se quiebra emocionalmente ante ninguna situación, el que puede tener historias con muchas mujeres pero debe cuidar que su mujer jamás lo traicione”, ejemplificó.

Un tema en debate

Emanuel Soto es consciente de que la atención de los hombres violentos es un tema en debate en el campo de la prevención de la violencia de género. Al respecto dijo: “Por ahí hay oposición a invertir dinero en el hombre, pero suele ser lo más importante, porque si no se atiende a ese hombre, va a seguir replicando este tipo de conductas violentas hacia otras mujeres”.

Javier Ortiz también admitió que hay cierta resistencia de parte de algunos sectores al trabajo con varones, porque se debate mucho si hay que aportar presupuesto a los agresores. “Lo que se tiene que considerar es que el primer objetivo de este trabajo es la protección de las mujeres y disidencias sexuales. No es porque nos enternezcan o sintamos lástima o queramos protegerlos, sino que buscamos proteger a la mujer. Una mujer que se empodera, porque ingresa a ciertos circuitos oficiales y empieza a sostenerse en una red de protección, se empieza a liberar de situaciones de violencia. Ahora, cuando trabajamos con un hombre, estamos pensando que potencialmente estamos ayudando a dos o tres mujeres a salir de esa situación de violencia. Las denuncias judiciales demuestran que un hombre no violenta solamente a una mujer, sino que hay varias que lo denuncian y otras tantas que no lo hacen, pero que igual están violentadas”, comentó.

“Actualmente en Paraná lo que se está haciendo es focalizarse en la mujer en situación de violencia de género, que es lo primero que hay que hacer. Pero si no está presente el trabajo con varones y con hijos e hijas, vamos a tener siempre una pata faltante, porque vamos a empoderar a una mujer, pero al varón que ejerció violencia sobre esa mujer, el sistema lo deja sin responsabilidades, queda libre y puede seguir ejerciendo violencia hacia otras mujeres. Indudablemente es un déficit no trabajar con los varones”, finalizó.

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