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Declarado Patrimonio Cultural del Mercosur, el mate conquista más corazones y paladares

El año pasado creció notablemente el consumo de yerba en el país: la demanda en el mercado interno fue 2,2 millones de kilos más que en 2017

Jueves 03 de Enero de 2019

Tomar mate es una de las costumbres más arraigadas en la mayoría de los ámbitos: se estima que está presente en un 90% de los hogares argentinos y que en promedio cada persona en el país consume unos siete kilogramos de yerba por año.
Es tradición y pasión que no distingue edad ni sexo ni estratos sociales. Como práctica cultural que identifica a la región, despierta curiosidad en forasteros que se encuentran con este hábito anclado por generaciones, y que suele calmar la sed, el hambre, las ansias y hasta la soledad de quien eventualmente no tiene compañía para compartirlo.
Es un hábito que se expande y en consecuencia creció la demanda de la yerba mate: entre enero y noviembre del año pasado su consumo alcanzó en el país los 244,1 millones de kilos; es decir 2,2 millones de kilos por encima del mismo período del año anterior. Las exportaciones también mantuvieron su repunte, totalizando 40,5 millones de kilos, lo que implicó un crecimiento del 44% con respecto a igual período de 2017, según indicó el Instituto Nacional de la Yerba Mate, y evaluó: "Constituye un dato significativo en medio de una economía recesiva y con caída del consumo en otros productos de la canasta familiar".
Se trata de una costumbre tan significativa, que desde la Universidad Autónoma de Entre Ríos (Uader) impulsan que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) el mate sea declarado patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, y mientras los mentores de esta propuesta recorren este camino iniciado en 2016 junto a otras instituciones gubernamentales de otras provincias, lograron que en diciembre sea proclamado patrimonio cultural del Mercosur. Para obtener este logro trabajaron mancomunadamente con las secretarías de Cultura de Corrientes, Misiones y Entre Ríos, y el Instituto Nacional de la Yerba Mate. A mediados de noviembre, la Secretaría de Cultura de la Nación publicó: "Una planta, una bebida, un momento, un ritual. Amargo, dulce, frío o caliente, el mate es uno de los elementos más representativos de la cultura argentina. Por esto, y otros motivos, pasará a ocupar un merecido lugar en la lista de Patrimonio Cultural del Mercosur".
Mariángeles Metivié, responsable del Departamento de Cultura de la Uader, explicó a UNO: "Somos la primera universidad que aceptó el desafío de impulsar el proceso para llegar a la Unesco, pero en realidad va a ser Argentina la que va a estar presentando este patrimonio".
En paralelo a los trámites formales que se deben realizar en este proceso, desde la alta casa de estudios conformaron además un equipo de investigación para indagar de manera interdisciplinaria sobre esta práctica tradicional: "Investigamos el mate en todos los procesos que se dan culturalmente", señaló.
Sobre sus orígenes, mencionó que tomar mate es una costumbre que se fue trasladando entre generaciones desde hace más de 200 años y comentó que si bien los habitantes originarios ya tomaban yerba mate, lo hacían como un té, utilizando la calabaza a modo de taza, y con la llegada de los españoles se introdujo el uso de la bombilla. "Desde entonces hasta nuestros días consumimos el mate prácticamente sin variaciones. Es una costumbre muy importante para los argentinos, porque sigue intacta y crece. Incluso hay mayor consumo en los niños con el tereré".
El mate es lo primero que suele ofrecerse cuando se llega a la casa de un amigo o a otros lugares. El hecho de que en la Argentina se comparta es lo que más le llama la atención al resto del mundo, que a veces no llega a comprender los vínculos y sentimientos que logra forjar esta ceremonia, que en muchos casos remite a recuerdos familiares, cuando las abuelas eran las que se encargaban de calentar el agua a la temperatura justa, acomodar la yerba y cebar con acabada precisión para que no se lave, dulce, amargo o acompañado por un terrón de azúcar.
"Hay variados rituales. Antes era común que cebara uno, no había que mover la bombilla ni romper el pocito, si alguien daba las gracias significaba que no tomaba más, la ronda se empezaba en la misma dirección, había abuelas que solo tomaban el mate con pava y no usaban termo porque decían que tenía otro sabor. Pero ese lenguaje que marcaba la tradición se ha ido perdiendo un poco y somos más flexibles: algunos toman mate con siliconas o de vidrio, con termo", observó Metivié.
Por último, refirió a las condiciones que también cada región geográfica impone: "En el sur se toma mucho más mate caliente que en el norte del país, donde hay temperaturas elevadas. Y en Mendoza, por ejemplo, se toma mate en calabazas con bocas más chicas y con el agua más caliente; empezamos a investigar y advertimos que por la cantidad de viento que hay se les enfría muy rápido el mate si la boca es muy ancha".



Se diversificó en la actualidad el uso de la yerba mate

Según comentó Mariángeles Metivié, el mayor consumo de yerba mate se da en el sur de Brasil, Argentina, Uruguay y una parte importante de Chile y Paraguay. Asimismo, mencionó: "Existe una región de Arabia donde toman mate prácticamente igual que lo hacemos nosotros".
Con respecto al incremento en el uso de la yerba mate, explicó: "Aparte de tomar el mate amargo caliente, actualmente hay mayor demanda de yerba mate porque se está virando a consumirla en otros productos. Se toma más tereré, más té helado de yerba mate y también tragos en los bares a base de yerba. Además se elaboran más productos medicinales o de estética con yerba mate, como cremas o champús".
"También se exporta cada vez más a numerosos países", dijo. Según el Instituto Nacional de Yerba Mate, entre enero y noviembre de 2018 los embarques sumaron 40,5 millones de kilos, superando en un 44% al mismo período del año anterior.

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