En diálogo con UNO, Fátima Igual y Nicolás Negrete contaron el origen de Peligro Second Hand y su crecimiento como comunidad de moda circular y conciencia.
07:35 hs - Miércoles 24 de Junio de 2026
En diálogo con UNO, Fátima Igual y Nicolás Negrete repasaron el origen y la evolución de Peligro Second Hand, un proyecto de ropa de segunda mano que comenzó en Uruguay y que hoy se consolidó como una comunidad vinculada a la moda circular, las redes sociales y la música.
Se trata de un proyecto que nace de la necesidad de repensar la industria de la moda y la forma en que se consume. Su identidad surge de una construcción simbólica ligada a esa búsqueda: el nombre se definió una tarde de playa en Uruguay, cuando sus fundadores, entre mates y conversaciones, encontraron la referencia en una bandera roja de peligro en el mar picado. Desde allí, entendieron que esa palabra sintetizaba el concepto del proyecto.
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De la moda al consumo consciente: el fenómeno Peligro Second Hand
En esa línea, la filosofía de la marca se basa en la idea de cuestionar la moda tradicional y promover un consumo más consciente. El nombre "Peligro" funciona, según explicaron, como una forma de interpelación a la industria, pero también como una invitación al cuidado, la observación y la elección responsable de las prendas.
Ambos, además, trabajaban como DJs, una actividad que convivió con el emprendimiento y que muchas veces los obligó a reorganizar prioridades.
El proyecto surgió en Punta del Este cuando ambos buscaban una forma de emprender. Sobre ese inicio, explicaron: "Este proyecto nació en Punta del Este, Uruguay. Nosotros somos DJs y estábamos tocando. Queríamos emprender en algo para tener algunos ingresos más, así que empezamos a buscar qué hacer. Como nos gusta mucho la ropa vintage y nos gusta ir a ferias, elegimos emprender en eso".
Con los ahorros de una temporada de verano, viajaron a Buenos Aires para abastecerse de ropa. "Recorrimos muchos lugares, sucuchos, ferias, plazas, subtes… no había un lugar donde no hubiéramos estado buscando ropa. Estuvimos una semana entera", recordaron. En ese momento comenzaron a vender a través de Instagram: "Comprábamos cosas, les sacábamos fotos y las subíamos desde un departamento en el que estábamos parando. Esa misma semana ya estábamos vendiendo, y eso nos dio motivación para seguir".
Los comienzos no fueron simples. Las primeras ferias no funcionaron como esperaban. "Hicimos una primera feria y no fue bien. Después hicimos una segunda y tampoco funcionó", explicaron. El punto de cambio llegó cuando el proyecto se trasladó a Paraná: "Fati me propuso hacerlo allá, donde ella vivía. Armamos un showroom en su casa, en una habitación que antes era oficina, y empezamos a trabajar ahí. Estuvimos cinco o seis meses".
Durante ese período, el proyecto fue mutando. "Antes de abrirnos, nos enteramos de que existían los fardos de ropa americana. Ahí nos metimos de lleno en ese mundo", contaron. Sobre esa primera experiencia, recordaron: "El primer fardo que abrimos era de ropa deportiva y dijimos: 'Chau, esto es increíble'".
Con el tiempo, también cambió su vínculo con el mundo de las ferias. "Hoy me cuesta ir a una feria a ver ropa porque era algo que me encantaba. Yo me acuerdo del entusiasmo que tenía antes de saber que iba a ir a una feria a comprarme ropa. Ya no lo tengo más".
El crecimiento del proyecto fue lento pero sostenido. "Estábamos muy emocionados y pensábamos que iba a funcionar rápido, pero fue súper lento. Hoy, después de un año y medio, podemos decir: wow, mirá lo que hicimos", reflexionaron.
Sobre la aceptación del concepto de ropa usada, explicaron: "No sé si fue muy difícil. Creo que también el valor de la ropa. Como es muy barata y, hoy en día, la gente compra ropa y necesita comprar bueno, bonito y barato, siento que Peligro es eso".
También remarcaron el trabajo detrás de cada prenda: "Nos tomamos todo el trabajo de que no se sienta como una feria. Curamos todo, lo lavamos, lo planchamos, lo arreglamos. Si tiene una mancha, la trabajamos. Incluso donamos ropa que no se vende o que no llega a venderse".
Actualmente, el proyecto cuenta con un equipo más amplio. "Hoy en Peligro somos casi seis personas porque nosotros dos no podíamos con todo. Nos costó un montón darnos cuenta de eso", explicaron. Entre las tareas incorporadas se encuentran la gestión de redes, el contenido, la logística y el acondicionamiento de prendas.
El crecimiento también generó una comunidad activa. "No dimensionamos el cariño de la gente en Paraná. Nos saludan en la calle, nos escriben, nos siguen en redes, incluso desde otras provincias", contaron. Y agregaron: "Hay una comunidad que ya no es solo venir a comprar ropa barata, sino ser parte de Peligro".
Las transmisiones en vivo fueron clave en ese proceso: "Empezamos vendiendo por vivos de TikTok. Se fue generando otra comunidad de gente de todos lados que incluso vino a visitarnos desde Buenos Aires solo por el proyecto".
Sobre la combinación entre su trabajo como DJs y el emprendimiento, reconocen dificultades: "Nos está costando sostener todo al mismo tiempo". Y agregaron: "Ahora estamos un poco más tranquilos con la música, no estamos poniendo nada de nuevo".
Respecto a los viajes de abastecimiento, señalaron: "Son súper agotadores, realmente es agotador" y que "le agarrás cariño al viaje un mes después de hacerlo".
También remarcaron que el proceso es más complejo de lo que parece: "Cuando arrancamos la idea estaba súper romantizada, pero cuando lo hicimos dijimos: no era así como pensábamos".
Sobre el funcionamiento del rubro, agregaron: "Existe toda una cara de ilegalidad en el mundo de la ropa de la que se habla mucho". Y a la vez defendieron su práctica: "Nosotros lo lavamos, lo arreglamos, intervenimos prendas y donamos lo que no se vende para que siga circulando".
En relación al trabajo cotidiano, explicaron que el rubro exige pasión: "Si no te gusta, no lo podés sostener". Y compararon la experiencia con otros oficios intensos: "Es como trabajar en la noche: desde afuera parece una cosa, pero adentro es otra".
De cara al futuro, el proyecto sigue expandiéndose. "Todo el tiempo estamos pensando en crecer", afirmaron. "Todos los días me levanto con la pregunta: ¿qué puedo hacer hoy, qué puedo mejorar en Peligro?", señalaron.
En esa línea, adelantaron la mejora de la web y el lanzamiento de una cápsula de ropa de Peligro en colaboración con artistas, entre ellos un artista de Santa Fe. También proyectan una transformación del espacio: "Peligro se vuelve una marca de ropa que utiliza ropa second hand para intervenirla" y un lugar donde la experiencia incluya ropa, música y café.
"Queremos que venir a Peligro sea una experiencia: ropa, música, un café, un lugar para quedarse", resumieron.
Sobre la identidad del proyecto, remarcaron que lo importante es que sea accesible: "Que cualquier persona pueda venir y formar parte, sin importar el contexto económico".
Y como mensaje final para quienes emprenden, dejaron una idea clara: "Constancia, mucha constancia. Si no sale hoy, sale mañana. Y que pregunten sin vergüenza". También recomendaron enfocarse en lo básico: "bueno, bonito y accesible", junto con la importancia de sumar herramientas como comunicación y redes para crecer.
¿Qué es el second hand?
El second hand (segunda mano) es un sistema de consumo que consiste en reutilizar y revender productos que ya fueron usados por otra persona, principalmente ropa. En lugar de ser descartadas, esas prendas vuelven a circular y se integran nuevamente al mercado con una nueva vida útil.
En la industria de la moda, el second hand se vincula directamente con la moda circular, un modelo que propone reducir el desperdicio textil y extender el uso de las prendas el mayor tiempo posible. Este enfoque busca contraponerse al modelo tradicional de "fast fashion", donde la ropa se produce en grandes cantidades, se usa poco tiempo y rápidamente se descarta.
Uno de los principales impulsores de este fenómeno es el impacto ambiental de la industria textil, considerada una de las más contaminantes del mundo. La reutilización de prendas ayuda a disminuir la generación de residuos, el consumo de agua y la demanda de nuevas materias primas.
A su vez, el second hand también creció por razones económicas y culturales. Por un lado, permite acceder a ropa de calidad o de marca a precios más bajos. Por otro, promueve estilos más diversos y personalizados, alejados de la producción masiva y homogénea.
En los últimos años, este modelo dejó de ser una alternativa marginal para convertirse en una tendencia en expansión, impulsada por nuevos hábitos de consumo más conscientes, el crecimiento de ferias, tiendas especializadas y emprendimientos que resignifican la ropa usada como parte de una experiencia de moda, identidad y comunidad.