De Los Conquistadores al sur extremo: días largos, vida distinta y mucha luz solar

Alexis Benítez, oriundo del norte de la provincia, contó a UNO cómo es vivir en Río Gallegos, donde el verano reduce la noche a pocas horas.

Lunes 02 de Febrero de 2026

A más de 3.000 kilómetros de Entre Ríos, en el extremo sur del país, Alexis Benítez descubrió que el reloj no siempre marca el ritmo de la vida. Oriundo de Los Conquistadores, el entrerriano vive desde julio de 2025 en Río Gallegos, una ciudad donde, en esta época del año, la noche dura apenas unas pocas horas y el sol puede ocultarse recién cerca de las 23.30.

“La primera vez que vi que seguía de día a esa hora no lo podía creer”, confiesa Alexis, mecánico del Ejército Argentino, en diálogo con UNO. Lejos de su familia, de los hábitos del Litoral y de los veranos con noches largas, hoy transita una experiencia que combina trabajo, adaptación y una geografía que obliga a reorganizar la vida cotidiana.

Alexis llegó a Río Gallegos el 17 de julio de 2025 por motivos laborales. Su rutina, cuenta, es formal: jornadas de ocho horas de trabajo, horarios establecidos y una estructura clara. Sin embargo, fuera de ese esquema, el entorno impone otras reglas. “Al principio se me hizo difícil. Yo estaba acostumbrado a que a las siete de la tarde ya fuera de noche. Acá, en verano, hay días en los que oscurece casi a las once y media”, relata.

Postal sacada a las 21.20 horas

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Con el tiempo, esa rareza inicial se transformó en oportunidad. “Me acostumbré y empecé a aprovecharlo. Me quedaba haciendo mecánica hasta las diez u once de la noche como si fuera de día”, explica. El cuerpo, asegura, termina adaptándose: “Si estás cansado, te dormís con o sin luz. Es solo acostumbrarse”.

El clima manda

Río Gallegos es la capital de la provincia de Santa Cruz y una de las ciudades más australes de la Argentina continental. Ubicada a orillas del estuario del río Gallegos, a pocos kilómetros del océano Atlántico, se caracteriza por un clima riguroso, con fuertes vientos y cambios bruscos de tiempo.

“En un solo día podés tener las cuatro estaciones”, describe Alexis. “A la mañana hay viento fuerte, después sale el sol que te quema, más tarde llueve, vuelve a salir el sol, se nubla y hasta puede caer nieve”. Esa inestabilidad permanente condiciona todo: desde salir a caminar hasta sostener una rutina deportiva. “Eso es lo que más cuesta. Allá en Entre Ríos podía entrenar todos los días; acá el clima te cambia los planes constantemente”.

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El viento es, quizás, el rasgo más impactante para quienes llegan desde otras regiones. Hay jornadas en las que las ráfagas superan los 100 kilómetros por hora y la ciudad parece detenerse. “Puede ser sábado, pero si hay mucho viento no se ve gente en la calle. Cuando el clima acompaña, sí: salen a correr, a hacer deporte, pero en horarios normales”, cuenta.

Pocas horas de noche

El fenómeno que más llama la atención de Alexis —y de muchos recién llegados— tiene una explicación geográfica. Río Gallegos se encuentra a casi 51 grados de latitud sur, una posición que provoca grandes variaciones en la duración del día y la noche a lo largo del año.

Durante el verano austral, entre diciembre y febrero, los días se alargan notablemente y las noches se acortan. El sol se oculta muy tarde y vuelve a salir temprano, generando jornadas con más de 18 horas de luz natural. En algunos momentos, la oscuridad plena dura apenas cuatro horas.

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De Los Conquistadores al sur extremo: días largos, vida distinta y mucha luz solar

En invierno ocurre lo contrario: los días son cortos, con pocas horas de luz y largas noches. Esa oscilación extrema es típica de las regiones cercanas a los polos y forma parte del día a día patagónico. “Cuando les cuento a mi familia que el sol baja a las once de la noche no lo pueden creer”, dice Alexis. “Y cuando les mando videos de lugares súper llanos, solo campo, sin nada alrededor, menos todavía”.

Vivir lejos de casa

Más allá del clima y la luz, la distancia pesa. “Lo que más extraño es a mi familia y a mis amigos”, admite. También señala una diferencia cultural: “Allá la gente es más extrovertida. Extraño las noches de verano, juntarse, entrenar sin estar pendiente del viento o del frío”. La vida social, explica, se acomoda a las condiciones del lugar. “La gente actúa normal, pero todo depende del clima. Si está feo, no sale nadie. Si está lindo, aprovechan”.

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Con el tiempo, sin embargo, Alexis fue encontrando aspectos que hoy valora profundamente. “Cuando cae nieve es hermoso. Y los paisajes de la Patagonia no los cambiaría por nada. Ver cómo baja el sol, esos colores, es algo increíble”, describe.

Adaptarse y seguir adelante

La experiencia en el sur también le dejó aprendizajes. “Me cambió la forma de vivir en algunas cosas, sobre todo para organizar el deporte y las actividades”, reconoce. No usa estrategias especiales para dormir ni recurre a cortinas oscuras: “Uno se acostumbra a la luz. Es raro al principio, nada más”.

Hoy, Alexis sigue construyendo su vida en Río Gallegos, entre jornadas laborales, vientos intensos y atardeceres que parecen no terminar nunca. Lejos de Los Conquistadores, pero con la identidad entrerriana intacta, transita una experiencia que mezcla desafío, adaptación y asombro cotidiano.

En un país tan extenso como diverso, su historia refleja cómo el territorio también moldea la forma de vivir. En el sur profundo, donde el sol se resiste a esconderse, Alexis aprendió que el tiempo no siempre se mide igual, pero que incluso lejos de casa se puede encontrar un nuevo ritmo.