Entrerrianos por el Mundo
Domingo 11 de Noviembre de 2018

Daniela Riso y los sueños reales en Madrid

Daniela llegó en 2008 a la capital española y cinco años después emprendió la reapertura del bar La Fídula en donde todas las noches se presentan cantautores que mantienen la llama de la tradición de la canción en vivo que va directo al pecho. Ella asegura que quiere seguir creciendo.

A los veintipico de años siempre está el sueño de abrir un bar en alguna parte del mundo. Dejar todo lo seguro y buscar cambiar la realidad. Más o menos con este plan Daniela Riso se fue a Madrid para cumplir con lo que deseaba. En 2013 logró reabrir un bar hermoso en el casco histórico de la capital española, una de las ciudades más caras del mundo.

A Daniela la conocí hace unos 13 años trabajando en un equipo que estaba compuesto por Julián Stopello, Seba Gálligo, Silvio Méndez y Mario Mendoza. Stopello, atento, en 2015 encontró la nota que el diario El País de España escribió desde el bar La Fídula y aprovechó para contar lo que estaba viviendo nuestra compañera en el sitio Entre Ríos Ahora.

En julio de este año pasó por Buenos Aires la periodista Patricia Gosálvez, que es la encargada del equipo multidisciplinario que compone El País Lab, un proyecto muy interesante que narra historias en todos los soportes que conocemos. En el Centro Cultural de la Ciencia saludé a Patricia y le conté de Daniela y La Fídula. La periodista de El País me respondió: "sí, claro, el bar de Huertas". La charla giró alrededor de los sueños que tenemos todos. Con el paso de los días, desde Paraná, medí la distancia entre La Fídula y la redacción de El País y me di cuenta que está a unos 25 minutos en bicicleta. Ahora pienso que Daniela y Patricia quizás estuvieron juntas, sin conocerse, escuchando a alguno de los cantautores que se presentan cada noche en la sala que este año cumplió 40.

Cuando decidimos que Daniela tenía que estar en esta edición de Entrerrianos por el Mundo, le escribí un correo que, luego de la introducción en donde le conté mi efímero intercambio con Patricia, decía así: "es muy importante lo que hacés, inclusive porque sin saberlo, animás a seguir soñando en estos tiempos".

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Daniel mira al público de La Fídula desde la barra.
Daniel mira al público de La Fídula desde la barra.

—¿Podés resumir estos años en el centro de Madrid?
—No sé si esta pregunta es en general desde que vivo en Madrid, o en particular desde que existe La Fídula bajo mi gestión, pero en resumen antes y después estos años son tan bonitos como complicados. No es fácil llegar a un lugar y empezar de cero. Hasta el idioma que en principio es el mismo se usa distinto y ya si sumamos la pronunciación se dificulta la comunicación.
Llegué a Madrid en 2008, comenzaba la crisis económica, los extranjeros éramos vistos como los que veníamos a quedarnos con los pocos puestos de trabajo que había disponibles. Sin embargo, cuando uno tiene familia y estudios, difícilmente admita las condiciones de trabajo que se ofrecían en aquel entonces. Eso dio lugar a que los que veníamos de afuera encontráramos hueco como mano de obra mal remunerada pero al menos podíamos quedarnos si eso es lo que queríamos como en mi caso. Pasé por muchísimos trabajos de distinto tipo, una cadena de montaje en una fábrica de ordenadores, comunicador nexo en educación a distancia, monitor en un parque temático de animales, venta de joyas, hostelería...
Un día, a mediados de 2013, mirando anuncios con un amigo, nos enteramos que La Fídula estaba cerrada y buscaban nuevos administradores. Llamamos para preguntar sin mayores expectativas. Teniendo en cuenta que se trataba de una de las pocas salas de música en vivo del centro de Madrid y su larga trayectoria, creíamos que sería inaccesible quedarnos con ella. Acababan de declararla en ruinas y había que enfrentarse a una obra que pocos empresarios estaban dispuestos. Nosotros lo vimos como oportunidad, nos pusimos manos a la obra. Fue muy agotador, la levantamos con nuestras propias manos. Todos los amigos que estuvimos ahí obrando teníamos otros trabajos. En mi caso iba a la obra por las mañanas y las tardes y las noches eran para trabajar en un bar. Con lo que me pagaban a la mañana siguiente compraba más materiales y así durante cuatro meses hasta que pudimos abrir al público. Desde el primer momento, a que hoy estemos abiertos, es gracias al esfuerzo de mi familia y amigos que creyeron en el proyecto.
Una vez abiertos lejos de estar más tranquilos había que lograr mantenerse. Comenzaron los problemas con los vecinos, eran nuevos propietarios que no querían una fuente de "ruido" debajo de sus casas. Por más obra de insonorización que habíamos realizado no era posible no superar los mínimos impuestos por normativa europea para garantizar el descanso. Eso nos obligó a especializarnos en un género que no requiera de mayor acompañamiento musical. Necesitábamos concentrarnos en la palabra. La Canción de Autor fue el género elegido. Trovadores, contadores de historias, testigos del tiempo que dejan registro a través de las canciones acompañados por su guitarra.

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—Hace un tiempo escribiste en uno de los posteos que La Fídula es cara ¿Por qué?
—El Ayuntamiento de Madrid no otorga licencias de música en vivo desde los años 80 en el casco histórico. Son zonas declaradas de protección acústica. Por las pocas que hay se pide un alquiler altísimo. No hay una protección oficial, nadie las protege de la especulación que los propietarios de estos espacios pueden hacer de ellas debido a su exclusividad. Pagamos el doble que otro tipo de local nada más que por tener el permiso de música. Si el centro de Madrid es caro, esto ya es carísimo. Prácticamente la vuelve insostenible su alquiler.
No estamos aquí porque hagamos dinero, prácticamente todo es para los gastos de la sala. Estamos aquí porque estamos convencidos que somos necesarios, un lugar que es fuente de trabajo del artista independiente. Un punto de expresión libre. Un lugar donde el público puede abrir su cabeza a propuestas alternativas. Esa es nuestra riqueza.
En Paraná Daniela trabajó en periodismo, siempre estuvo muy informada y antes de viajar tenía una visión bastante crítica del capítulo político que se escribía en el país más allá de que el "viento de cola" sostenido por el precio de los commodities mantenía una primavera económica.
—¿Leíste sobre "los cuadernos de la corrupción" que aparecieron en Argentina? Te lo pregunto porque siempre alertaste sobre el entramado de corrupción.
—Debo confesar que leo poco y nada de Argentina. Me provoca siempre un vacío en el pecho que prefiero evitar. Es inevitable enterarme de cosas, hablo con mi familia a diario y tengo muchos amigos que van y vienen seguido. A veces cuando los escucho me parece que me cuentan historias de ciencia ficción. Nunca entiendo nada, sólo me reafirmo en mis ganas de estar lejos.

—¿Cómo estás?
—Bien, a tope. Estamos en la mejor temporada del año, nos acercamos al final de 2018, el clima es frío y a la gente le apetece meterse en lugares cerrados a escuchar poesía y música. Estamos a punto de publicar nuestro primer disco que tiene la doble función de ser fuente de financiación de la sala y dejar un registro histórico de lo que pasa musicalmente en el mundo real de la canción, fuera de los intereses de los medios de comunicación y las discográficas.
Estoy feliz, con ganas de seguir creciendo.

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