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Daniel Enz muestra que la provincia de Entre Ríos atrasa en materia de república

Políticos cebados en la impunidad, empresarios y sindicalistas de la patria contratista, jueces dispuestos al favor, y un mar de cómplices.

Lunes 13 de Mayo de 2019

Entre Ríos es republicana desde el vientre materno. Antes de que nuestro territorio viera la luz como provincia en el campo de batalla un 22 de febrero de 1814, en el Espinillo, José Artigas mandó que tanto el gobierno supremo como los gobiernos provinciales se dividieran en poderes legislativo, ejecutivo y judicial. Lo escribió en las Instrucciones a los diputados a la Asamblea del año 13. Allí dispuso que estos tres resortes jamás debían "estar unidos entre sí", y que serían "independientes en sus facultades".
El Nido, la nueva obra del periodista entrerriano/santafesino Daniel Enz, revela un despliegue de estrategias del poder provincial en las sombras, con participación de legisladores, funcionarios del Ejecutivo, jueces y empresarios, para acumular poder y capital en las grietas.
Enz se refiere casi con exclusividad al período de gobierno de Sergio Urribarri, a quien califica de "jefe del Nido" y ve con signos políticos vitales en la actualidad por distintas vías. Como conocemos otras obras del periodista, con foco en etapas anteriores, este nuevo libro nos presenta un eslabón de la cadena. Es la obra de Enz, y es también la historia reciente de la provincia donde aquellas proclamas artiguistas aparecen burladas.

República fallida
El periodista con cuna en Reconquista y tres décadas y media de labor en Entre Ríos muestra una suerte de república fallida, reemplazada por la connivencia entre los tres poderes, y de los políticos con las corporaciones empresarias.
Las personas mencionadas por el autor en la trama de corrupción e impunidad se molestarán, como suele ocurrir, pero muy probablemente dejen que a las palabras las lleve el río. Es común que los adversarios celebren estos libros, "por fin alguien lo dice", hasta que otro libro del mismo autor apunte la lupa hacia ellos mismos.
El Nido deja la sensación de que el sistema de robo e impunidad ha encontrado cierto límite en la gestión actual. Está a la vista en las páginas 315 y 316, en las que el periodista muestra un posible diálogo entre emisarios de poderosos empresarios corporativizados y el gobernador Gustavo Bordet, un intento de arreglo que el mandatario abortó –dice Enz– echándolos de su despacho.
Sin embargo, el autor no ve una clausura sino una continuidad, considerando las influencias políticas en la Justicia y los tires y aflojes en el Tribunal de Cuentas, y la reciente explosión de la causa por contratos truchos como una modalidad aclimatada en el oficialismo, con la vista gorda de muchos mencionados con pelos y señales.
Los apellidos Urribarri, Aguilera y De Vido entre los políticos, Mizawak entre los jueces, y Marizza, Hereñú y Mizawak (también) entre los capitalistas, aparecen repetidos en las irregularidades enumeradas por Enz. Incluso en algunos casos compartiendo domicilio para los negocios entre autoridades de distintos poderes y empresarios.
Enriquecimientos inexplicables en la función pública, contratos fraudulentos, arreglos al margen de la ley. Algunos de los casos son conocidos, y con condenas, y otros permanecen empantanados en farragosas causas judiciales, con privilegios a la vista para los poderosos, incluso en la política carcelaria.

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El periodismo
Varios de los capítulos están basados en denuncias periodísticas iniciadas por la revista Análisis, que ha divulgado casos insoslayables porque su autenticidad ha quedado demostrada. El autor destaca también la labor de abogados como Rubén Pagliotto y Guillermo Mulet, en el seguimiento de las causas en busca de justicia.
Uno de los capítulos más notables se refiere a "la banda de los contratos" que operó durante años en la Legislatura. Un solo legislador podía contar con 220 contratados, por caso, en el colmo del despilfarro y los privilegios.
Pero si ese es un ejemplo de corrupción a escala, y bien orquestada, con la participación de muchos que llegaron a naturalizar el desfalco, en otros casos se trata de raterías. En el capítulo titulado "El arrepentido" el autor cuenta la sangría de fondos públicos por pequeñas grietas que adquieren relevancia a raíz de la cantidad y la periodicidad.
Juan Pablo Aguilera, cuñado del exgobernador Sergio Urribarri, es el más expuesto en el manejo espurio de fondos multimillonarios del Estado, pero bien podemos decir que Enz da, en promedio, uno o dos nombres por página, para señalar el volumen de la trama, y son 490 páginas.
Los embates del poder contra aquellas autoridades no dispuestas a arreglar están mechados a lo largo de toda la obra. "Esto lo ha matado, esto es lo que ha logrado la mafia y la corrupción", dijo Laura Gastaldi cuando su padre moría, y adjudicó la persecución a que el ex escribano mayor de Gobierno Francisco Gastaldi no comulgaba con el gobierno de turno.
El caso de José Ángel Allende, legislador y gremialista de UPCN, da para un capítulo aparte. Si hubiera errores en las referencias podrían ser aclarados o desmentidos por el dirigente. Pero las causas por enriquecimiento y los contratos familiares en el sindicato y el Estado muestran no una familia, lo que sería casi trivial, sino una modalidad, un hábito ya familiar de hacer política y negocios en la provincia con fondos del pueblo.
El rol del periodista, una vez más, suple baches de una república que, en homenaje a la sangre derramada (bandera federal), debiera ser aplicada de una buena vez. El Nido y otras obras de Enz ayudan a comprender sin dudas la actualidad y lo que falta.
"La justicia tiene quizás el mayor desafío de su historia reciente. Para desentrañar los laberintos de la corrupción en Entre Ríos", sostiene Enz en la última página.
Su obra muestra aspectos negativos y positivos. Otros podrán señalar el mismo asunto desde distintos ángulos, con mirada tal vez complementaria.

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