Historia de vida

Daniel, el papá que abrió su corazón para formar una familia

Junto a Anahí, su esposa, después de intentar tener hijos biológicos, tomaron la decisión de adoptar. Así llegaron primero Leonel, Laureano y luego Jonatan.

Domingo 19 de Junio de 2022

Ser padre, al igual que la maternidad, es antes que nada una elección personal, pero también representa un verdadero acto de amor de una pareja o de mujeres y varones que deciden asumir ese compromiso en soledad. Daniel Vitasee conoció en su trabajo a una mujer con la cual compartieron un romance que luego se consolidó, y que con el tiempo los llevó a pensar en agrandar la familia. Al celebrarse este domingo en Argentina el Día del Padre, su historia y la de su pareja, Anahí Devetter, es una buena oportunidad para que otros, que están en la misma búsqueda, entiendan que es posible cumplir ese sueño aunque no puedan tener hijos biológicos. La decisión de tener niños tuvo algunos sinsabores para el matrimonio, ya que después de algunos intentos supieron que no podían concebir. No fue un motivo para dejar trunco ese anhelo, simplemente lo aceptaron y decidieron que sus chicos serían adoptivos.

“En un momento lo único que hicimos fue un par de análisis; no podíamos y listo. Quedó ahí, no hicimos ningún método, no intentamos nada, directamente tomamos la decisión. ‘Si no podemos, adoptaremos’, dijimos. Fue una decisión de los dos”. El testimonio pertenece a Daniel, quien desde su Villaguay natal, compartió una experiencia de vida en la que aprendió a resolver –con su esposa– algunos desafíos que se fueron presentando y que cambiaron para siempre su forma de ver las cosas.

Todo empezó en 2011 cuando comenzaron el trámite de adopción en el Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines de Adopción de Entre Ríos (Ruaer). En diálogo con UNO el profesor jubilado explicó que el trámite es sencillo, y es necesario completar una serie de formularios. De esa manera buscó desterrar el mito de que un proceso de adopción “sea engorroso o complicado y que te van a pedir un montón de cosas”.

Con su mujer pusieron en el formulario que deseaban adoptar a chicos de 7 años en adelante, pero luego cambiaron de opinión y fueron por un reto mayor. Dejaron asentado que estaban dispuestos a que los chicos, sin importar el género, fueran mayores de 10 años. Además expresaron su disposición a aceptar un niño o niña que pudiera presentar alguna patología. “Primero debíamos atravesar el proceso de adopción, con diferentes entrevistas, digamos la preparación previa y luego la vinculación con ellos. Luego conocerlos y posteriormente convivir un par de horas”, repasó haciendo memoria.

“Hola papi”

Cuando llega el momento de hablar de sus hijos no puede evitar que se le quiebre la voz. Nunca se va a olvidar del primer encuentro con Leonel y Laureano, hermanos de la ciudad de Paraná. “Es lo más maravilloso que te puede pasar, porque fue hermoso. Llegamos una mañana a la residencia donde estaban Laureano y Leo, los esperamos 10 minutos. Ellos estaban en un aula y cuando llegamos estaban con la psicóloga porque deben tener un período de adaptación. Estaban jugando, hasta que en un momento Leonel, que es el mayor y que ahora tiene 19 años, fue el primero que salió y nos preguntó quiénes éramos”, describió sobre el día en que se conocieron.

Laureano, entretenido con los juegos, no se acercó a aquellas personas a las cuales veía por primera vez. “Hasta que en un momento levanta la vista, sale corriendo y me abraza. ‘Hola papi’, me dijo. Cuando te dicen eso, se te cae todo lo que tenías previsto en tu cabeza. A partir de ese momento hasta el día de hoy no me llama por mi nombre, me dice papi desde el primer momento en que lo conocí. Una cosa es contarlo y escucharlo, y otra cosa es vivirlo. Te puedo asegurar que la verdad es hermoso. Nunca más, a ninguno de los dos se les fueron de la boca las palabras Papá y Mamá”, dijo casi entre lágrimas.

Daniel todavía demuestra su satisfacción por el hecho de haber tenido un acercamiento inmediato con sus dos primeros hijos, Leonel y Laureano, que en la actualidad tienen 19 y 17 años respectivamente. Vale decir que cuando se comenzaron a vincular el primero tenía 9 años y su hermano 7.

“Nos aceptaron. Y gracias a Dios nos tienen un respeto enorme, más allá de que ya están grandes ellos nos escuchan y nos respetan como el primer día. Más allá de las opiniones que tendrán o no, cada movimiento que van a hacer nos dicen ‘papi o mami, hago bien o hago mal, cómo lo hago’. Pese a las andanzas de cualquier joven o adolescente mayor, es una satisfacción. Siempre somos agradecidos a la vida y a Dios que a ese respeto lo reflejen en la ciudad que vivimos , en los lugares que ellos andan. Jamás vas a escuchar una falta de respeto hacia nadie”, contó orgulloso de la convivencia familiar.

Explicó que cuando empezaron a relacionarse sabían de la historia que los chicos traían consigo, la que debía complementarse con la de ellos. Si bien ya llevan varios años de escolarización, Daniel reparó en que cuando conocieron a Leonel no sabía ni leer ni escribir. Por eso se apegaron a la filosofía de “construir, construir todos los días, y seguimos construyendo. Pero gracias a Dios estamos llenos de satisfacciones. Por ahí decimos que tenemos que vivir rezongando, pero ellos salen a la calle y tenemos las mejores referencias”.

“¿Adoptamos uno más?”

En aquel entonces la familia ya tenía cuatro integrantes, pero como el tema de la adopción siempre estaba muy presente surgió la posibilidad de volver a agrandar la familia. Fue Anahí la que propuso inscribirse nuevamente en el registro del Ruaer: “¿No te parece que podemos adoptar uno más?”, interpeló a Daniel. “Estaba esperando más que nada que se terminen de formar Leo y Laureano. Pero un día le digo, ‘bueno, dale’. Entonces decidimos adoptar a otro miembro más de nuestra familia”, aseguró.

La búsqueda también se orientó hacia el mismo perfil, es decir que el chico o chica tenga de 10 años en adelante. Los pasos legales fueron similares y en pocos meses tuvieron el primer contacto con Jonatan, quien también esperaba por una familia. Su llegada al nuevo hogar en Villaguay tuvo el mejor recibimiento, porque Leo y Laureano también aceptaron que sea parte de su mundo. “Ellos en ningún momento dijeron que no, la verdad que eso fue muy importante porque a veces se pueden dar otras vivencias. No la tenemos porque enseguida ellos dijeron que sí. Ellos estaban desesperados, porque había que esperar el período correspondiente. Con Jona nos encontramos un día en Gualeguay y fue otra gran satisfacción. Es como si hubieran estado toda la vida juntos”, subrayó el entrevistado.

Se generó un vínculo fraternal y en las primeras horas de convivencia compartieron sus historias, incluso en cierto momento Laureano y Leonel le dijeron a Jonatan “acá en casa las cosas son así, le explicaron cómo funcionaba. Fue hermoso, porque la apertura de ellos nos ayudó un montón. Nosotros seguimos construyendo esa unión y los momentos compartidos de la vida”.

A partir de la propia experiencia, el matrimonio Vitasee–Devetter decidió crear el grupo “Familias Entrerrianas Juntas por la Adopción” para apoyar a otras parejas que esperan concretar el sueño de ser padres en la provincia. Para ponerse en contacto con ellos las personas interesadas pueden hacerlo al Facebook, donde brindan asesoramiento y acompañamiento para todas las familias que iniciaron el proceso de la adopción en Entre Ríos.

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