Secciones
Descubriendo Entre Ríos

Cuidan montes y animales en la puerta al Tempe Argentino

Santa Adelina reúne especies nativas, trabajo ganadero, artes y saberes ancestrales en interacción, al sur de Gualeguay.

Patria del ceibo y el pajonal, del chajá y los carpinchos, el sur entrerriano da para lo peor y lo mejor como sabemos desde el Viaje al país de los Matreros, de Fray Mocho. Pero antes fue allí donde Marcos Sastre supo ver el corazón hospitalario de la comunidad islera y explicarlo al detalle en El Tempe Argentino.

El caso que nos ocupa se enfoca en esa hermandad del ser humano con sus pares y con el resto de las manifestaciones de la vida, como cuadra a las nuevas miradas ecologistas, en sintonía con la herencia de nuestros pueblos ancestrales bien incorporados en el paisaje.

Dicen que todo el delta ha sido el nido de cientos de familias por dos mil años, situadas en montículos, y no pocas de ellas emparentadas con pueblos del Amazonas a su vez derivados de Centroamérica, es decir: aquellos primeros humanos que halló Cristóbal Colón al tropezar con estar tierras del Abya yala hace poco más de 500 años.

Un cachito más al sur de Santa Adelina, los guaraníes divisaron unas embarcaciones raras y, según testimonios poco verosímiles, por una extraña condición premonitoria tomaron a algunos de los viajeros y los echaron a la olla. Fue el destino bien conocido de Juan Díaz de Solís. En fin, si tendrá historia la región.

tempe2.jpg
Cardenal. En Santa Adelina conviven aves del monte y el humedal.

Cardenal. En Santa Adelina conviven aves del monte y el humedal.

Río y espinal

Carlos Julio Weber es ingeniero agrónomo y militante de centros de estudio y asambleas ambientales de la región. En el ejercicio de la profesión sabía construir terrazas para evitar la erosión, con el recordado Egidio Scotta.

Nacido en Larroque, Weber ha puesto empeño desde hace años en la preservación de la naturaleza de un predio de 130 hectáreas en Puerto Ruiz, a 10 kilómetros de Gualeguay, y luego de cumplir con una serie de trámites hace pocas semanas alcanzó un acuerdo con la Secretaría de Ambiente de la provincia para sumar ese bello establecimiento al sistema de áreas naturales protegidas.

Se trata de un campo junto al río Gualeguay, que conserva ejemplares de espinillo, ñandubay, algarrobo, sauce criollo, ceibo, chañar, sarandisales, y donde habitan o se alimentan cardenales, biguás, chajás, tacuaritas azules, patos varios, cuervillos, garzas. Aunque el sistema provincial de áreas naturales abarca ya más de un millón y medio de hectáreas, ésta es la primera reserva mixta del departamento Gualeguay, uno de los que poseen mayor espacio ocupado por campos bajos e islas junto con Ibicuy y Victoria.

En Gualeguaychú, en cambio, existen siete áreas naturales protegidas: Las Piedras, el Parque Florístico, la Isla Banco de la Inés, Senderos del Monte, La Serena del Gualeyán y la reserva de Termas del Guaychú, con unas 1.500 ha en total, a las que se agrega la estancia El Potrero con 18.000 hectáreas.

Hace pocos años, Weber protagonizó con la vecindad de Gualeguay encuentros de resistencia a proyectos extractivistas en la zona, y entre tantas reuniones y diálogos fue imaginando la protección en el campito que adquirió su padre hace más de medio siglo y que él frecuentó de gurisito. Y bien: las ideas cuajaron y son un hecho.

La declaración de área natural incluye la prohibición de la caza y la pesca comercial; el uso del fuego para el control de pastizales, o de herbicidas e insecticidas; también acuerda la no introducción de especies de la flora y la fauna exóticas, y la no extracción de especies de la flora y fauna autóctonas; y la conservación de ambientes, entre otros compromisos mutuos. Eso no impide la ganadería, una producción clásica de éste y otros predios por el estilo en la zona, aprovechando los pastos naturales.

tempe3.jpg
Ceibo. La Flor Nacional se muestra en Puerto Ruiz en todo su esplendor.

Ceibo. La Flor Nacional se muestra en Puerto Ruiz en todo su esplendor.

Ecología de saberes

En Santa Adelina suelen reunirse estudiosos de la agronomía y la biología, músicos, compositores, por las relaciones de Weber con distintas agrupaciones. En Paraná, el larroqueño ha militado en organizaciones de defensa del ambiente y centros de estudios basados en saberes ancestrales y en la revolución federal, y ha participado de los actos realizados en el Espinillo en fechas conmemorativas del artiguismo, incluso cuidando el lugar donde está plantado el monolito que recuerda la conocida Batalla.

El campito se ha convertido en un espacio apropiado para el pensamiento ecológico que, así como atiende la preservación de especies nativas de vegetales y animales y el suelo mismo, vincula la naturaleza con las artes, la historia, las luchas sociales, la organización, los saberes en suma.

“El campo de interacciones prácticas en que se realiza la ecología de saberes exige que el lugar de la interpelación de los saberes no sea un lugar exclusivo de los saberes, por ejemplo, universidades o centros de investigación. El lugar de enunciación de la ecología de saberes son todos los lugares donde el saber es convocado a convertirse en experiencia transformadora”, dice el sociólogo Boaventura de Sousa Santos.

Un lugar en silencio, con espacio para aves, peces, distintas especies del monte, sin otro techo que las estrellas, y abierto a distintos conocimientos (ciencia, poesía, música, alimentación, tradiciones), es un área natural protegida no sólo contra la uniformidad que impera en el sistema sino también contra la uniformidad del pensamiento y los saberes, es decir: un campo emancipado de ese pensamiento abismal, que describe Sousa Santos como un colonialismo del saber, donde todo lo que no cuadra en el sistema impuesto queda en un abismo, invisibilizado.

“Entre Ríos tiene un río que es su calle principal/ hecha de escamas y trinos, de monte y de pajonal”, canta Víctor Velázquez. “Cuando no hay soles ni lunas, lo alumbra la claridad/ del espíritu entrerriano, a mi río Gualeguay”.

tempe4.jpg
Chajá. Esta ave sigue sorprendiendo con su estilo de vida y su vuelo.

Chajá. Esta ave sigue sorprendiendo con su estilo de vida y su vuelo.

El chajá

Dice Marcos Sastre sobre el chajá: “nacida parra vivir en las llanuras, a la margen de las lagunas y los ríos, apacentándose en bandadas, con instinto gregal como los rebaños y las aves sin vuelo, corriendo por el suelo con sus pollos como las gallinas, y alimentándose exclusivamente de hierbas, es, sin embargo, amiga de vivir aisladamente en familia, es valiente, poderosa y voladora. Tiene la facultad de remontarse como el águila y el cóndor y sostenerse mejor que ellos en las regiones elevadas de la atmósfera, por la rara propiedad que goza de aligerarse dilatando su cuerpo exteriormente. Cúbrelo todo él un conjunto de vesículas que, infladas a voluntad del pájaro por un gas exhalado de su interior, le dan enorme volumen… Tanto la hembra como el macho son monógamos, es decir, que la unión de los sexos es singular e indisoluble”.

Marcos Sastre escribió El Tempe Argentino desde el delta hace más de 170 años, y con él seguimos aprendiendo de garzas, chajás, comadrejas, avispas, tortugas, peces, mamboretás, islas, seres humanos del delta. “La hospitalidad es el rasgo más característico del isleño… En los campos y en las islas del Paraná y el Uruguay y el Plata, como en los pueblos antiguos, el huésped es siempre acogido con respeto y alegría, servido y obsequiado con perfecto desinterés”, dice el estudioso. Tituló El Tempe a su libro en memoria de la región insular de Grecia llamada así. Medio siglo después, el gualeguaychuense Fray Mocho escribió Viaje al País de los Matreros y mostró la misma cara de los isleros, su generosidad a toda prueba, más otras caras de los guarecidos en los pajonales enemistados con la ley.

“Qué curioso y qué original es este gran río que lucha desesperado por ensanchar sus dominios! Cómo se defiende la tierra de sus ataques y cómo avanza, tenaz y cautelosa, aprovechando la menor flaqueza de su adversario y con qué orgullo tremola, como un pendón de triunfo, la florescencia vistosa y fragante de la vegetación que alimenta! Aquí, el río impetuoso arranca de cuajo un pedazo de isla y le arrastra mansamente, desmenuzándole hasta dejar en descubierto los tallos trenzados... Allá, va a tenderlo como un rompe-olas, ante un seibo... o lo estrella con fuerza sobre el tronco rugoso de un sauce sin hojas, paradero habitual de los enlutados biguáes encargados de la vigilancia en la comarca”.

Es un párrafo de Fray Mocho con referencias a la misma vegetación que intenta preservar hoy Santa Adelina.

tempe1.jpg
Tarea cumplida. Carlos Weber (a la derecha) recibe al biólogo Alfredo Berduc que le trae la buena nueva del área natural.

Tarea cumplida. Carlos Weber (a la derecha) recibe al biólogo Alfredo Berduc que le trae la buena nueva del área natural.

Avanza la protección

Si bien Entre Ríos está lejos de lograr corredores biológicos que faciliten la vida y el intercambio de las diferentes especies, las áreas protegidas como Santa Adelina son una noticia alentadora.

En el extremo opuesto, a orillas del Guayquiraró, se encuentra por caso el área Don Sebastián que da cobijo en 1.800 hectáreas al cardenal amarillo, el aguará guazú, el yaguarundí, la vizcacha, el yacaré, el viracho, en fin.

Bien cerquita de Paraná está el Parque Escolar Rural Enrique Berduc, con 600 hectáreas protegidas en jurisdicción de La Picada.

Más en el centro del territorio provincial encontramos el establecimiento La Lydia, con 1.648 hectáreas de montes naturales y 360 hectáreas de chacras. Allí se practica la ganadería en armonía con el bosque nativo. Es una muestra del Espinal; algarrobales, caranday, aves del monte y de los bañados en convivencia.

En las áreas naturales interactúan diversas organizaciones e investigadores y el mismo Estado a través de la Secretaría de Ambiente. El Club de Amigos de las Aves Silvestres de Entre Ríos es un ejemplo. Los avistajes de aves, los relevamientos, los inventarios, la educación desde la niñez para proteger las especies, son algunas de sus actividades habituales.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario