Vecinales
Sábado 28 de Abril de 2018

Cuando el pueblo toma la salud en sus propias manos escribe la historia

Un vecino de Puerto Nuevo dio cuenta del esfuerzo del barrio para lograr su centro asistencial que cumplió días atrás 45 años

En nuestro país la historia grande de la Medicina fue escrita junto al pueblo y para muchos no hay otra manera de entenderla si no es a través de los estudios de Salvador Mazza, la política de Ramón Carrillo, la vida de Esteban Laureano Maradona o el corazón de René Favaloro entre tantos otros. En Paraná, en Puerto Nuevo, y si se salvan las distancias de aquellas proezas, fueron los mismos vecinos quienes se organizaron junto a médicos y enfermeras para levantar un centro que le diera respuestas a la zona: tomaron la salud de las barriadas en sus manos, hace ya 45 años.
En el diario La Acción del martes 24 de abril de 1973, una de sus noticias principales llevaba como título: "Nuevo edificio del Centro de Salud de P. Nuevo (SIC)", y aseguraba que la sede moderna contaba con consultorios y sala de enfermería y hasta el mismo interventor –en la noticia se lee gobernador–, el brigadier Ricardo Favre, llegó hasta el establecimiento para participar del acto inaugural junto a personalidades de la política de la época como el ministro de Gobierno Juan Carlos Rinaldi, de Bienestar Social Marciano Martínez y el intendente de Paraná Mario Mathieu. Pero en la foto central, en el medio y entre tanto ministro y cargos públicos hay un hombre que tira de la cinta, es flaco, lleva puesta una sonrisa que aún conserva, traje y corbata, y en la billetera ya tenía guardado desde hacía tres años el carné de afiliación a la Unión Cívica Radical donde aún se lee: Luis Sotes. Era entonces presidente de la cooperadora que logró levantar el edificio de un centro de salud que hasta ese momento funcionaba en casas de familia. El hombre era un trabajador, oficial mecánico en la construcción del Túnel y que llegó a realizar el inventario de la maquinaria y los elementos de la obra una vez finalizada.
Y tantos años después, a sus 84 años y en los sillones de su casa de Puerto Nuevo, Sotes aseguró que la mayoría de quienes trabajaron para la salud del barrio en sus orígenes están muertos, y quería que esa historia quedara plasmada para siempre.
Momentos antes, en el mismo centro de salud le preguntó a unas enfermeras si ya tenían las dosis nuevas para la vacuna antigripal y si era verdad que las primeras que llegaron se fueron como agua. "Entro como en mi casa", dijo en la escalera. Minutos después, Sotes sacó un machete escrito a mano y contó que el 19 de enero de 1948, por un decreto se creó el dispensario o centro de salud Puerto Nuevo y durante 25 años funcionó en tres casas particulares, la última en calle Laurencena. Pero agregó que el 1° de febrero de 1961 se creó la primera cooperadora y que el presidente de esa entidad era Antonio Parera. "Es fallecido", aclaró. Para noviembre de ese año los vecinos supieron de un terreno en la plaza Italia. "Habíamos ido a ver a Martínez que nos dio un cheque para comprar un terreno, pero siempre llegábamos tarde. Un vecino de apellido Ledesma que también falleció trabajaba en Catastro y nos dijo que le parecía que habían donado un terreno. Los límites eran parte de calle Larrea y parte de la plaza Italia", dijo Sotes. Con idas y vueltas, el resultado hoy es conocido para cualquiera que pase por Laurencena un poco antes de Ramírez.
Toda una gran barriada estaba sin cobertura pública de salud. Estaba el San Martín, pero quedaba muy lejos, Sotes contó que el San Roque no funcionaba y no había manera de llegar a tiempo. Necesitaban contar con un lugar para atenderse quienes vivían en Puerto Nuevo, en Yatay, Almendral, Puerto Viejo, en la zona de la Toma Nueva y Vieja y además era una posibilidad cercana para las familias que vivían en las islas. "Aparecimos nosotros y armamos una nueva cooperadora que se creó exclusivamente para la construcción del edificio", dijo el hombre. Ese 'nosotros' eran los integrantes de un grupo que se puso el problema al hombro. Con una máquina de escribir y un papel que pidieron prestado en la Municipalidad, sobre el capó del auto de un funcionario, escribieron el acta de conformación y tomaron posesión del terreno, así nomás, porque era el momento y no lo querían perder, y porque había cientos de familias que lo necesitaban.
Una arquitecta que trabajaba en la Provincia les dio el plano de un centro de salud rural. "No había arquitecto, nada, éramos nosotros y lo hicimos al revés, con la caída del techo para el otro lado", dijo Sotes entre risas y agregó: "Estéticamente nos preció que era mejor".
Así, a pala y pico, los ocho integrantes de la cooperadora más un grupo de vecinos que se juntaban a diario se pusieron a resolver la tarea. Como Sotes trabajaba en el Túnel les entregaron sobras de la obra: arena, hierro y canto rodado fueron trasladados en camiones de Vialidad Provincial; la fábrica de cemento les regaló dos tambores a granel; el Ministerio de Obras Públicas todas las maderas y tablones; y un vecino la hormigonera que enchufaban con un cable que cruzaba Laurencena y que elevaban con una caña. "La mano de obra era nuestra. Selig Golding, era médico clínico, fue el director del centro de salud, era el motor de todo esto", dijo Sotes con admiración. Tanta fue la ayuda que desde la cárcel de Paraná les vendieron a muy bajo costo los pisos, aberturas y dos grandes armarios que todavía se conservan. Las enfermeras, los fines de semana hacían en la vereda de la plaza una Feria de Platos, así la llamaban. Vendían salames, pizzas, lo que fuera para recaudar dinero para el hoy centro de salud. El 18 de abril de 1973 fue inaugurado y esa es la foto de La Acción que acompaña esta crónica. La cooperadora duró solo cinco años, con el objetivo cumplido no hubo motivos para mantenerla.
"Quiero nombrar a dos enfermeras: Walkiria Giles y La Nona Coronado. Ellas hacían punta para juntar plata. La Nona ya no vive y Walkiria está internada", dijo Sotes, un hombre que rememora a sus vecinos del barrio y quien dejó en su relato una enseñanza simple, pero concreta y profunda: solo en la lucha y con ella se logran los triunfos; los problemas solo se solucionan cuando el pueblo los toma en sus propias manos.

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