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Cuando el fútbol se convierte en mucho más que un juego

"Siento que tengo que dar todo lo que me ha dado este deporte", enfatiza la delantera al invitar a sumarse a niñas y mujeres.

Sábado 08 de Febrero de 2020

Cuando estaba a un paso de convertirse en futbolista profesional, su rodilla le hizo una mala pasada y le dijo “hasta acá llegaste”. Comenta que se deprimió, aunque el diagnóstico no fue corroborado por ningún psicólogo, y una amiga que estudiaba esa carrera la ayudó a salir de dicho estado. Hoy, Carolina Benque muestra su mejor energía que, además de verse en las canchas, se plasma en su gran proyecto, la Escuela Arenas, de fútbol femenino, en la capital provincial.

Fútbol con todos

—¿Dónde naciste?

—En Paraná, en barrio Presidente Perón, donde viví hasta hace unos meses.

—¿Cómo era el lugar en tu infancia?

—Lo más, con espacio verde y árboles para trepar, jugar y armar casitas, jugar a la pelota, las escondidas y la cuerda. Muy tranquilo, si bien estamos cerca de las vías del ferrocarril, detrás de las cuales hay parte de la Villa 351. De ahí conozco a la familia Zalazar, con quienes tuve el placer de jugar a la pelota en la placita cuando niños. Hacíamos partidos y campeonatos de fútbol, penales y metegol con los amigos y vecinos del barrio.

—¿Había un límite que no podías trasponer?

—Cuando pasaba el tren carguero y también hacia el puente de avenida De las Américas.

—¿Qué actividad laboral desarrollan tus padres?

—Mi papá es gráfico, soy parte de la imprenta, y mi mamá, ama de casa.

—¿De qué origen es el apellido?

—Alemán; mis abuelos llegaron de Alemania. Mi abuelo trabajó en la selva misionera en aserraderos y en la imprenta con mi papá.

—¿Te atrajo el fútbol desde niña?

—Desde que tengo memoria siempre jugué a la pelota, en casa, en el barrio, en el Club Aufi y con mi hermano mayor compartimos equipo, mientras que mi mamá era la preparadora física, para acompañarnos y porque es jugadora de hockey. Jugué dos años en la liga y tres torneos nocturnos.

—¿Te gustaba o no te quedaba otra porque tus amigos lo jugaban?

—Me encantaba y desde la Primaria ya demostraba mi fuerte interés, al punto que le pedía a la señorita de Educación Física que me dejara jugar con mis compañeros. Finalmente, junto con otras compañeras, nos dejó hacerlo, pero rompimos un vidrio y quedó suspendido. En la Secundaria también, ya que tenía claro que quería ser jugadora. Salía antes de la escuela para irme a entrenar con Las panteras verdes. A los 15 averigüé sobre fútbol femenino, vi una publicación de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) para probar jugadoras, le dije a mi mamá, llamé y me sumé a los entrenamientos de Patronato para prepararme.

—¿Tu papá tiene relación con el deporte?

—Tiene amor por el deporte, jugó al vóley, hizo atletismo y fútbol, aunque como hobby.

—¿Te establecía alguna condición?

—Fui una privilegiada y siempre me acompañaron, al igual que a mis hermanos. Mi mamá me quiere sumar a las “mamis” hockey, pero es muy rústico, por la bocha y el palo, más allá de que conozco el deporte.

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Domingos geniales

—¿Veías fútbol?

—Me encantaba ver todas las ligas junto con mi viejo y hermanos. Soy hincha de Boca al igual que mi abuelo materno, con quien también veía los partidos por televisión, tomando mates.

—¿Referencias?

—No tenía referentes mujeres aunque luego fue Marta Vieira. De los hombres, Diego Maradona, (Román) Riquelme, por las maniobras geniales con su cuerpo y la pelota, (Martín) Palermo, por la actitud para el gol, (Zinedine) Zidane y (Thierry) Henry.

—¿Qué materias de la Secundaria te gustaban?

—(risas) En la Base había muchas técnicas. ¡No era lo mío!

—¿Un partido con una sensación “orgásmica”?

—No hace mucho, de nosotras, Arenas, contra Instituto, el clásico. Ganaban 1 a 0, empatamos, 2 a 1, 2 a 2, ganábamos 3 a 2, faltaba poco y nos empatan. ¡Nos queríamos morir! Le dije al técnico “voy arriba”, tiran la pelota, la agarra nuestra defensora lateral derecha, se la pido, yo tenía tres defensoras encima, la tira, la arquera venía saliendo, apenas la controlo, no sé cómo le pegué, parecía que se iba, pega en el borde de la cal y el palo, y entró. ¡Los de Instituto se querían morir! Fue un domingo increíble y genial.

La 5 que no pudo ser

—¿Tu proyecto era ser jugadora profesional?

—Siempre decía que quería jugar al fútbol y durante 10 años busqué ser profesional. Después de un torneo nacional de mamis fútbol que participamos con Las panteras de Aufi, el profesor Darío Inocente, de Central Córdoba Laboulaye me dijo que “tenía que ser la número cinco de la selección” y habló con mis padres, porque preparaba jugadoras para llevarlas a AFA. Le soy una agradecida de corazón porque me enseñó a jugar y entrenar seriamente, cuando tenía 17 años. ¡Era mi momento y reafirmé que quería ser jugadora! Estuve tres años con ellos, en Córdoba, jugamos nacionales de clubes y obtuvimos varios campeonatos, hasta que me rompí la rodilla en marzo de 2008 y no pude incorporarme a los entrenamientos de la selección mayor, en un momento en que estaba muy bien físicamente y excelente con la pelota. ¡Fue un quiebre emocional muy grande, porque ahí estaban todas mis ilusiones, ya que en 2006 había estado en una Sub 20 y entrenando con la mayor!

—¿Cómo lo elaboraste?

—Me costó mucho emocionalmente, creo que me deprimí aunque no me hice ver por un especialista. Estaba que dejaba, hasta que una amiga de Rosario Central, estudiante de Psicología, me dijo, en 2009, “tenés que salir, sacate la rodillera y vamos a probarnos a AFA”. Ella me sacó de la negatividad y entendí que si dejaba iba a ser una infeliz toda la vida. Fueron 10 meses de rehabilitación.

Profesorado y pedagogía

—¿Cuándo tomaste la decisión de estudiar Educación Física?

—Deviene de mi estadía en Córdoba durante tres años. Veía que mis técnicos y profes tenían una linda pedagogía porque llegaban con lo que informaban y enseñaban, más allá de que mis dos viejos estudiaron magisterio, aunque no terminaron. Y que tuve docentes a quienes admiré. Después de jugar en Independiente y en UAI Urquiza, en Buenos Aires, volví por cuestiones familiares, terminé el Secundario de noche y en 2012 me contactaron unas chicas de la UNL para refuerzo. Acordamos los días de entrenamiento, aprendí un montón de cosas con El Gringo Morano, y maduré la idea de estudiar y abrir una escuelita, como las que había visto en Córdoba para las niñas.

—¿Alguna cátedra te dio una visión distinta del deporte?

—Más que nada me enganché con Pedagogía y Psicología Educacional, en cuanto al valor de una actividad física para el aspecto emocional, espiritual y físico. No hay nada mejor que el deporte bien trabajado, con buen entrenamiento y asesoramiento. Aunque sea salir a caminar. En las prácticas docentes el contacto con los niños me devuelve la energía y la fuerza. A través del deporte podemos educar y trasmitir valores. Y el fútbol femenino viene para construir una sociedad totalmente nueva y un pensamiento más abierto. En Arenas, además de lo deportivo, trabajamos con la contención y lo social, porque cada nena tiene su historia familiar.

—¿Qué modificaste como deportista?

—Conocerme y valorar la disciplina, saber que el cuerpo reacciona de determinada forma cuando está al límite en un partido o entrenamiento, que hay que descansar, pensar y alimentarse bien. Teniendo en cuenta que el fútbol femenino en el interior no es profesional, soy una agradecida, porque decidí jugar, llegué hasta donde pude y cuando me lesioné, reflexioné cómo seguir vinculada al fútbol. Antes de estudiar también hice cursos sobre preparación física y ojalá pueda obtener el título de técnica nacional.

—¿Qué similitudes y diferencias hay entre el biotipo promedio de una futbolista mujer y el de un hombre?

—El fútbol tiene sus movimientos típicos, que se marcan en lo físico. En las futbolistas hay una mayor tendencia a desarrollar las piernas y la musculatura torácica. La “chuequera”, la forma de caminar y el movimiento de brazos, también son particulares. Físicamente, todo es entrenable, y la mujer es más resistente en lo psicoemocional.

—¿Cómo se pueden conectar quienes se interesen por iniciar la práctica?

—En Facebook, Arenas Fútbol Club, y en Instagram, Escuela Arenas Fútbol Femenino.

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Ideas, realidades y futuro de un sueño llamado Arenas

Benque busca plasmar sus convicciones, experiencia y formación, en la Escuela de Fútbol Femenino Arenas. “Siento que tengo que dar todo lo que me ha dado el fútbol. Peleé contra viento y marea porque me decían que estaba loca, incluso en mi propia familia”, recuerda.

—¿Cómo concretaste?

—En 2014, habiendo pensado la idea unos años antes, desde Córdoba y sabiendo que en Buenos Aires surgían las escuelitas de babi fútbol mixtas. Pensé en hacer algo en Paraná y me lancé a la pileta, con mis amigas La Contu (Constanza Polo) y Gaby Alcaraz, quien estudia conmigo.

—¿Cuál es el concepto?

—Siento que tengo que dar todo lo que me ha dado el fútbol. Peleé contra viento y marea porque me decían que estaba loca, incluso en mi propia familia. Gracias a Dios se dio y la gente que se acercó entendió que es un deporte más, más allá de algunas cuestiones que se hablan. La escuela se abrió para darle el espacio, el tiempo y la atención a todas las niñas y mujeres que deseen practicar fútbol, sobre todo a las niñas que necesitan de la escuela en esas etapas. Es una posibilidad que la generación nuestra, las de las “chicas grandes” que ahora están en Primera no tuvieron, entonces Arenas es la posibilidad de hacer lo que te gusta y, por qué no, de cumplir sueños junto a la redonda y toda una familia que acompaña.

—¿Prejuicios?

—Sí, los hay, por cómo es Paraná, que tiene ideas muy cerradas. Tarde o temprano le ganaremos a los prejuicios (risas). Los padres no tienen nada que temer, porque es un deporte más e incluso las mamás de las nenas nos están pidiendo que armemos un mami fútbol. Por entonces, 2014, sólo recibíamos nenas de entre 6 y 12 años, una especie de prueba piloto en la canchita de fútbol cinco de Talleres y en invierno en Abran cancha. Y dirigía a las chicas de fútbol cinco mayor, con quienes fuimos campeonas en La Manzana, y jugamos otros torneos libres. Con la escuelita participamos en encuentros en el Club Unión de Santa Fe y tuvimos muchas experiencias para lo que vino. Luego planteé la posibilidad de estar en un club para participar en la liga de fútbol 11, me contactó el dirigente de Patronato Rodolfo Emery pero se cerraron las puertas, seguimos y encontramos el Club Vida Feliz, y en 2016 fuimos campeonas. Se sumaron más nenas y profes a la escuela.

—¿Es el objetivo principal?

—Trabajar el predio que nos cedió en comodato la Municipalidad, que está detrás del ex Vida Feliz, lindero con calle División Los Andes. Ya está planteado el objetivo y hay que salir a pedir subsidios, porque es mucho lo que necesitamos para comenzar a construir y funcionar oficialmente como club. Hay muchos proyectos, es algo serio y con visión de futuro.

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