El Reloj de Sol
Viernes 02 de Noviembre de 2018

Cuando el firmamento no tiene lugar

Historia de César Brión, peso pesado. Su ocaso en Paraná

Ciertas veces suelen ser exitosos. Buenos, destacados, excelentes. Muy buenos. Pero los Olimpos tiene escaso lugar y el destino suele atravesar circunstancias que hacen imposible la habitación allí.
No es por culpa de nadie, por cierto. Aún hecho todo, realizado hasta el más pequeño de los detalles y en conjunción con los propósitos, los resultados son insuficientes. No son trágicos ni malos, simplemente no alcanzan ese reducido espacio.
Nuestro reloj de sol, en su habitual recorrido y aleatoria ubicación nos deja hoy la historia de Cesar Brión, un peso pesado que supo ocupar espacios de prestigio en el boxeo mundial y que (en algún olvidado momento) tuvo una presencia en la ciudad de Paraná.
En busca quizás de alguna explicación o al menos del desarrollo de los motivos de su existencia iremos desentrañando aquello que sabemos de su épica figura. Una sombra, quizás, un sueño...tal vez.

El principio de los fines
Cesar Brión nació en el año 1925 en la ciudad (o pueblo) de Ferreyra en Córdoba. Buscando trabajo su familia se radico luego en Villa María donde durante algunos años improvisaba en un gimnasio pueblerino, avezándose de apoco en el jab y en el artilugio defensivo. Tenía apenas 52 kilos de peso.
Por ese entonces el deporte nacional tenía ya un par de ídolos supérstites en materia pugilística: Luis Ángel Firpo y Juan Domingo Suarez ("Toro" y "Torito" respectivamente) y seguramente en aquel ambiente de hierbas aromatizadas serranas y gimnasio amateur las figuras taurinas hallan logrado inspirar los objetivos de laureles del adolescente César.
Cuando cumplió veinte años paso al profesionalismo y debutó con un triunfo en abril de 1946: Nockout y promesas. Vitalidad y futuro. El deseo del destino que todos anhelamos, que algunos persiguen y que le es esquivo a muchos. Eso era para el joven veinteañero, en un pequeño sitio llamado Tornquist.
Entre el año 1946 y 1948 realizo 13 peleas....las ganó a todas. Mayoría de Nockout y un estilo definido, preciso, letal generaban la viabilidad de un nuevo valor en el cielo de los boxeadores. ¿Cuánto cotizan trece peleas, el invicto y la posibilidad de fuera de combate? Mucho, demasiado. O al menos lo suficiente como para que la carrera de Cesar Brión hubiera tocado techo en estos territorios argentos. El mundo parecía una nueva meta. Tenía ahora más de 86 kilogramos.

La expedición a Estados Unidos. Llegando a Ítaca
El desembarco de un peso pesado extranjero en Estados Unidos y su viabilidad de éxito era reducida. Incluso hasta hace poco tiempo, la máxima categoría era monopolizada por boxeadores de esa nacionalidad y dado sus quilates, bien merecido lo tenían.
EL hecho es llegar César Brión a tierras norteamericanas, buscando torcer supremacías y ganarse definitivamente un espacio solo destinado a muy pocos. No diremos aquí que buscaba la gloria pues resulta muy ampuloso, cursi y versátil...si diremos que la cima era su aspiración.
Y le fue muy bien. De entre una veintena de combates, nuestro argentino ganó nada menos que 16 y frente a todos los americanos posibles. Uno tras otro, desde octubre de 1948 hasta 1950 se dio el lujo de combatir y vencer. Las puertas, tan ansiadas allí. Tan cerca como Ítaca.

El cielo no espera
Quizás el motivo del título tenga que ver con este momento de la vida de Brión. En plenitud, victorioso, potente y poderoso el estrellato del boxeo parecía contener su figura.
En una época de grandes y virtuosos César Brión tenía posibilidades porque se lo había ganado, porque había hecho lo que se debía, porque nunca había permitido que el azar ocupara espacios y porque aún tenía la picardía, audacia y astucia de aquellos pueblitos serranos del origen del mundo.
Pero como dijimos por allí, el Olimpo tiene cupos o bien el firmamento no puede esperar vacantes. En una categoría donde Ezzard Charles destellaba y Rocky Marciano esperaba pacientemente, a nuestro campeón se le opuso la figura más imponente de todas: Joe Louis.
Si la parábola es el Olimpo, Joe Louis es Zeus y si por el contrario es el firmamento...seria el Dios que quieran. Ha sido (a mi juicio, el de muchos, el de la mayoría y bajo la absoluta responsabilidad y convencimiento del que suscribe) el mejor boxeador de la historia.
Felino, potente, astuto y fatal...así era aquel gigante. Es cierto que ya por los años '50 estaba en declive y que solamente intentaba pagar desudad y salir de la miseria...pero verlo en el ring era atemorizante para cualquiera.
El día 29 de noviembre de 1950 Brión y Joe Louis subieron al ring del Chicago Stadium. Contra todos los pronósticos y los augurios, el argentino presentó batalla. A pura puja de su estilo y de la diferencia de edad le alcanzó a dar una trompada en el 7º que hizo tambalear a Louis...pero hace falta más que eso para vencer a un dios olímpico. No pudo ser.
Pero nadie perece en la víspera y eso tampoco sería el caso de Brión. Porque realizo tres peleas más en Estados Unidos, las ganó a todas y entonces le dieron la revancha frente al más grande de todos los tiempos.
El 1º de Agosto de 1950 volvieron al ruedo. Como dos colosos, como dos toros a punto del sacrificio bufaron sobre la lona. Pero el "Bombardero" fue mejor...por lejos.
El sueño se desvanecería, lánguido, espeso y casi cruel. Lo dicho, a veces uno nunca sabe porque lo sólido se desvanece en el aire.

En la ciudad de Paraná
Para el año 1954 las cosas habían cambiado en muchos ámbitos y espacios. EL mundo buscaba un nuevo orden tratando de olvidar la guerra pero cayendo en nuevas averías (la guerra de Corea, Indochina o árabe-israelí) y el deporte incitaba a nuevos líderes. Los olimpos ya se preparaban para nuevos habitantes y las fanfarrias tronaban por nuevas batallas. En ninguna de esas hipótesis el nombre de Cesar Brión estaba llamado a ocupar un sitial.
El día 26 de Marzo de 1954 el atleta de todos los pesos, el argentino que combatiera con Ezzard Charles y con Joe Louis se presentaría en la ciudad. LA expectativa generada era descomunal, su presencia incluyó un día previo donde se presentó en un espectáculo de gimnasia y entrenamiento, conferencias de prensa y visitas a los medios. Era un campeón de verdadero porte y un gimnasio ya desaparecido ubicado en calle San Martín y San Lorenzo. Por 25 pesos se podía llegar a ver un espectacular combate.
Pero a veces, justamente, las cosas no sales como el deseo propone. DE tamaña expectativa, de semejante apellido y antecedente...la crónica es casi permisiva.
Dice el resultado del día después que la pela fue apenas discreta. Y que ambos contendientes faltaron al reglamento en forma usual (cabezazos, golpes después de la campana) pero sobre todo que Cesar Brión estaba fuera de peso. Aquel joven de las sierras de Córdoba, el que se impuso en Estados Unidos y apenas declinó ante Zeus negro... apenas era un vestigio. Tenía ahora casi 97 kilos

Combatió algunas otras peleas, pero el camino ya era inverso al de otros tiempos. Casi como una languidez dejo el box al año siguiente, en 1955. A pesar de todo y de los negados montes sagrados, Cesar Brión aún es considerado unos de los mejores pesos pesados de la historia del boxeo argentino junto a Oscar Bonavena y Luis Ángel Firpo.
Vaya uno a saber, ninguno de los tres fueron campeones. Pero el Olimpo estará lleno de sorpresas y maravillas, seguramente.



Reloj de Sol

De todas las formas de medir el tiempo y el plazo de las horas, el reloj de sol es el único que nunca puede volverse atrás. Las agujas, las arenas o las clepsidras pueden ser reversibles pero en el reloj de sol eso es imposible. Por eso, porque es necesaria la complicidad de los seres humanos para recuperar el tiempo ya pasado y porque las historias ameritan el renacimiento. Y porque la única manera de permitir la inmortalidad de los sucesos es absolver al olvido...

Comentarios