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Crespo: nacida a la vera del andén, devenida polo económico

En el ocaso del siglo XIX, el tren, una inmigración ordenada y un puñado de empresarios visionarios hicieron de Crespo la Capital Nacional de la Avicultura

Sábado 13 de Noviembre de 2021

Si hablamos de Crespo y su devenir hasta constituirse Capital Nacional de la Avicultura, cabe preguntarse: ¿Qué fue primero: el huevo o la gallina? Y la respuesta sería ninguno de los dos. Primero fue el tren.

En 1885, allí, en tierras pertenecientes al terrateniente y diputado provincial, Ignacio Antonio Crespo –hijo de quien fuera gobernador delegado de la provincia, Antonio Crespo– se asentó la estación del Ferrocarril Central Entrerriano, propiedad del Estado provincial. Como consecuencia, comenzaron los asentamientos de familias criollas, españolas e italianas en lo que se denominó estación Crespo, en honor a quien cedió ese fragmento de tierra para que por allí pasara lo que por aquel entonces se consideraba el motor del progreso. Y fue precisamente el tren el que atrajo a familias de colonos y a grandes visionarios alemanes que planeaban desarrollar una industria alimenticia modelo, haciendo hincapié en nuevas técnicas de cría de aves de corral y procesamiento de sus derivados.

Al igual que la capital entrerriana, Crespo no tiene acta de fundación. Se considera como nacimiento de la ciudad el 24 de abril de 1888, fecha de aprobación del Plano Oficial de la traza del Pueblo y Colonia Gobernador Crespo.

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Cada año, Crespo convoca a miles en la Fiesta Nacional de la Avicultura.

Cada año, Crespo convoca a miles en la Fiesta Nacional de la Avicultura.

“En 1883 salió una ley declarando de utilidad pública el proyecto de construir una comunicación ferroviaria entre Paraná y Concepción del Uruguay, pasando por las localidades más importantes que existían en ese momento. Desde Paraná, la primera que existía era Rosario del Tala, la segunda Nogoyá, después Basavilbaso, y luego se llegaba a Concepción del Uruguay. Todos los pueblos que nacieron después en ese trayecto, lo hicieron al costado del andén. Entre ellos, Crespo, que tuvo el privilegio de que era el punto más o menos equidistante entre Paraná y Nogoyá, entonces allí se creó el depósito de todos los materiales ferroviarios para ir desarrollando las vías hacia un lado y hacia el otro, pasando así a ser un lugar de trabajo importantísimo, donde había una gran fuente de trabajo. Y luego se convirtió en un puerto férreo de primera categoría, es decir donde no sólo suben y bajan pasajeros, sino que hay desvíos de vías secundarias que van hacia los galpones de los cerealeros para transporte de granos. Todo eso sería fundamental para que Crespo se convirtiera luego en un lugar pujante”, contó a UNO el escritor e historiador crespense, Orlando Britos.

Y como es sabido, alrededor de los puertos importantes –ya sean fluviales, marítimos o ferroviarios– se construyen ciudades importantes. Cuando comenzó la gran ola inmigratoria en la Argentina, muchos recién llegados se dirigieron hacia Crespo para trabajar en el ferrocarril y en las tierras de la zona. Entre ellos, llegaron inmigrantes visionarios que tenían proyectos, conocimientos y un capital para desarrollarlo. “Don Otto Sagemüller no bajó acá porque le gustaron las lomadas, sino porque este puerto le convenía comercialmente. Y así como él, puedo nombrar una decena más de inmigrantes que desarrollaron su proyecto, traían experiencia y sabían lo que querían hacer”, comentó Britos.

Otros alemanes

El último factor necesario para que Crespo se erija Capital Nacional de la Avicultura fue la llegada de otros alemanes, aquellos que venían de las tierras fértiles situadas a la vera de un río ruso: el Volga.

“Ellos, al igual que los judío que se asentaron en la zona de Colonia Clara y Villa Domínguez, fueron los únicos inmigrantes que llegaron a la provincia de manera planificada y ordenada, no como los demás que lo hicieron por motivos personales o de manera espontánea, buscando hacerse la América. Los Alemanes del Volga vinieron a colonizar, en acuerdo con el visionario gobierno entrerriano de aquellas épocas que les brindó facilidades para comprar tierras y les proporcionó animales de corral, además se le dio créditos blandos. A Crespo llegaron 40 familias entre 1887 y 1888, fundaron la Aldea San José, a mil metros de la estación ferroviaria, hoy es el primer barrio que uno se encuentra al ingresar a la ciudad por el pórtico. Le compraron tierras a Ignacio Crespo, que dividieron en minifundios de entre 50 y 100 hectáreas”, explicó el historiador.

Era un pueblo sufrido, que había sido desplazado de sus tierras en diferentes ocasiones y venían en busca de paz, pan y trabajo. Su principal capital eran sus avanzados conocimientos del trabajo agrícola y el ingenio para diversificar la actividad en los pequeños terrenos que les habían tocado en el reparto de tierras. Por eso, encontraron en la avicultura una buena opción.

Fue Justo José de Urquiza quien trajo en 1857 las primeras aves de corral, compradas en Francia y que fueron repartidas principalmente en la Costa del Uruguay. Trece años más tarde, el primer censo avícola que realizó la Sociedad Rural Argentina en Entre Ríos arrojó que había 20.000 aves de corral, las cuales producían 1.6 millones de huevos anualmente, a razón de 80 por animal. Pero la actividad avícola en la Costa del Paraná aún estaba en pañales.

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Los inmigrantes alemanes tuvieron una fuerte participación en la configuración de la ciudad, que despliega la arquitectura teutona en varios edificios

Los inmigrantes alemanes tuvieron una fuerte participación en la configuración de la ciudad, que despliega la arquitectura teutona en varios edificios

Teodoro Kaehler, el pionero

Recién en 1921 se asentaría en Crespo quien es considerado el pionero de la avicultura en la zona: Teodoro Kaehler: “En 1924, Kaehler instaló en Crespo el criadero Standard. Fue el pionero de la incubación artificial de huevos de gallina. Comenzó a importar aves seleccionadas, híbridos. Él consiguió que las gallinas comenzaran a tener una postura de 200 huevos anuales cada una, supero el doble del promedio. La primera incubadora que instaló en su casa la construyó él; funcionaba con mecheros y la tenía en un sótano. Su esposa, Luci, bajaba las escalera a cualquier hora cuando sentía olor, señal de que un quemador estaba funcionando mal, y así mantenía los huevos durante 21 días en su período de incubación. Tiempo después ganó el concurso organizado por la Sociedad Rural en Buenos Aires, todo por la pureza del pedigree que tenían sus ejemplares y por el rinde de huevo que tenían”, señaló Britos.

Pero Kaehler no se conformó con producir, sino que decidió que era necesario formar a los demás productores de la zona para que pudieran sumarse a la industria y llevarla a otro nivel. “Las gallinas de los agricultores de la zona dormían en los árboles y ponían huevos en cualquier lugar, entre los espartillos. Las mujeres tenían que salir con una palangana a juntarlos, sin saber si eran de ayer o de hoy, sin poder clasificarlos. Entonces, Kaehler escribió un librito, ‘Cómo mantener nuestros pollitos’, que fue el abecé de la avicultura moderna, y se lo regaló a cada uno de los productores de la zona, donde explicaba cómo había que mantener a las aves, no dejar que duerman en los árboles, que las controlen ave por ave, qué darles de comer. Les aconsejó reemplazar las gallinas viejas con nuevos planteles que él mismo les dio. Incluso confeccionó fórmulas primitivas de alimentos balanceados para las gallinas. Años después, en la década de 1940, Sagemüller inauguraría la primera línea de alimentos balanceados industriales para aves de la provincia”, destacó.

Luego llegaría una nueva etapa, cuando los primeros empleados del criadero Standard, con todo el conocimiento adquirido, comenzaron a instalar sus propios criaderos e incubadoras en las décadas del 40 y 50: Feller, Pach, Eichorn, Gottig Müller. A partir de entonces, Crespo empezó a entrar en el apogeo de la avicultura, dando también pie al desarrollo de industrias accesorias, como las metalúrgicas que se ocupaban de construir jaulas y tinglados; o la fabricación de balanceados. Y se comenzaron a comercializar inmensas cantidades de huevo, lo cual hizo que la cooperativa La Agrícola Regional –fundada por inmigrantes alemanes e italianos en 1910– creciera fuertemente, instalando una sucursal acopiadora en la ciudad de Buenos Aires, con una imponente flota de camiones cargados de modernos cajones con casilleros que permitían transportar los huevos sanos y salvos hasta su destino.

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La Agrícola Regional, símbolo de la pujanza de la ciudad y la zona.

La Agrícola Regional, símbolo de la pujanza de la ciudad y la zona.

Crecimiento imparable

Crespo fue el primer sitio del país donde se encaró la avicultura de manera industrial y a gran escala. Alrededor de 1960 se incorporaron las líneas híbridas o de alta postura y el pollo parrillero doble pechuga. Este hecho marcó un antes y un después para la avicultura regional y nacional.

“La importación de huevo fértil por vía aérea desde EE.UU, para formar planteles que producían la línea comercial, con una producción increíble de casi un huevo por día. La gallina Leghorn común llegaba en el mejor de los casos a 220 huevos por ave. Traían con su llegada implementos importados que mejoraban por completo el manejo sanitario y de producción. Los comederos y bebederos automáticos, calefactores, despicadoras, medicamentos y vacunas para controlar la sanidad en la crianza de las pollitas. Incubadoras de 100.000 huevos reemplazan a las máquinas precarias existentes. La distribución de las pollitas bebé producidas en las modernas plantas de incubación al interior de la provincia y hacia otras provincias, llevó al empresariado a adquirir aviones: había tres en Crespo, para el transporte que requería esta mercadería tan frágil”, detalló a UNO Mario Wagner, técnico avícola de 81 años que se desempeñó en el establecimiento JorJú, en La Agrícola Regional Cooperativa Limitada y es el único miembro vivo de la primer comisión de la Fiesta Nacional de la Agricultura de Crespo, que comenzó a realizarse anualmente desde 1964.

Anteriormente se habían realizado dos fiestas provinciales de la avicultura, en 1958 y 1959, y como la producción iba tomando cada vez más impulso, se consideró que Crespo ya estaba en condiciones de ser la Capital Nacional de la Avicultura.

La fiesta era el elemento social que le estaba faltando a la sociedad crespense y la vidriera que la colocaría en el mercado internacional. Y, aunque la provincia estaba aislada, puesto que aún no se había construido el Túnel Subfluvial ni existía la Ruta 12, logró convocar a personas de diversos puntos del país, en especial empresarios que estaban interesados en entablar relaciones comerciales con Crespo.

La primera edición de la Fiesta Nacional de la Avicultura se desarrolló a lo largo de ocho días –del 18 al 25 de octubre de 1964– y contó con la presencia del presidente de la Nación, Arturo Illia y el vicepresidente, el paranaense Carlos Perette; y como anfitrión, el gobernador Carlos Raúl Contín. El predio ferial fue el actual Parque de la Biblia y el amplio terreno frente a la Escuela de Comercio, (vieja Estación del Ferrocarril Urquiza), sin otro tipo de edificación por entonces.

Wagner recordó que toda la comunidad tomó como suya la fiesta, ornamentando vidrieras y frentes de edificios creándose un clima de festejo que fue espontáneamente contagioso.

“Fue un acontecimiento que convocó a todos los medios de comunicación del país, centrados en un punto hasta entonces ignoto de la provincia de Entre Ríos. Las posibilidades de negocios implicaron un cambio de paradigma para la zona, por el movimiento económico que generaba la avicultura. Contratamos los mejores números artísticos del momento, como es el caso de Sergio Denis. Se elegía a la Reina Nacional de la Avicultura, por lo que venían candidatas de distintas provincias; y la Reina de la primera Fiesta Nacional de la Avicultura fue la Srta. Olga Inés Barbará, hija de avicultores de la localidad de Caseros. Por la escasa capacidad hotelera local y de Villa Libertador San Martín, se tuvieron que alojar en Paraná la mayoría de los visitantes del interior de Entre Ríos y de otras provincias. Hubo un movimiento impresionante, nunca antes visto, fue un boom económico y social”, recordó Wagner, que en ese entonces tenía tan sólo 23 años, pero ya estaba a cargo del manejo de una cabaña avícola, JorJú, la primera en traer línea híbridas desde EE.UU.

“Yo había egresado hacía poco de la Escuela Agrotécnica Las Delicias, y era hijo de avicultores, así que estaba en el tema. Por eso me contrataron para formarme como técnico avícola, todo un conocimiento que venía con las nuevas líneas de animales. Fue algo novedoso, porque se construían galpones distintos”, explicó.

Basándonos en el conocimiento de Mario Wagner sobre la industria avícola crespense, podemos volver a la primera pregunta. En Crespo, ¿qué fue primero: el huevo o la gallina?

Sin dudas, luego del tren, Crespo se centró en la actividad avícola orientada a la producción de huevos: “Hasta finales de la década de 1950, la Costa del Uruguay sobresalía por la producción de pollos parrilleros, y la Costa del Paraná, por la producción de huevos. Pero a partir de la década del 60, esta costa comenzó a liderar también la producción de pollos parrilleros, hoy hay cuatro plantas frigoríficas que son líderes nacionales en lo que es el procesamiento de pollos: Santa Isabel, de Eichhorn Hnos.; el Grupo Motta; y Sagemüller, que están en Crespo; y en Viale está Stertz e Hijos. Retrocediendo algo más en la historia, podemos relacionar a la elección de la primera Reina Nacional de la Avicultura como un gesto de confraternidad, más allá de los justos merecimientos de la representante de la costa del Río Uruguay, debido a la puja que separaba a las dos mitades de la provincia, rivalizando por el lugar del nacimiento de la avicultura entrerriana”.

Un ejemplo a seguir

Además de abastecer en buena medida el mercado interno, desde hace unos 25 años muchos de los productos elaborados en Crespo son introducidos en el mercado internacional: Brasil, Chile, Uruguay, Paraguay, así como en la Unión Europea. Crespo es una ciudad modelo, con una tasa de desocupación cercana al nivel cero, es ejemplo de trabajo y pujanza, y debería ser un modelo a seguir para el resto de la provincia. Aunque en dicha localidad se dio una serie de factores que posibilitaron el desarrollo de la industria avícola, los mismos no fueron producto del azar, sino de la planificación.

“Muchas veces he escuchado comentarios discriminadores sosteniendo que en Crespo la gente es más trabajadora que en otras ciudades de la provincia. Eso no es cierto; la gente es trabajadora en todos lados. Sino que aquí están creadas las condiciones para que la gente pueda trabajar. Si uno da trabajo, la gente, donde sea va a trabajar”, sostuvo Britos.

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