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Cosechar cítricos: un trabajo manual insustituible

En Colonia Tuna de San Jaime de la Frontera, Daniel Dalzotto y su familia trabajan en la producción de cítricos. Allí la mano de obra es irreemplazable

Miércoles 14 de Julio de 2021

Cuando vamos al supermercado o a la verdulería del barrio a comprar frutas sólo vemos el producto en los cajones allí dispuestos, pero todo el trabajo que conlleva que esa fruta esté en óptimas condiciones es imperceptible. Siendo que los usos de los cítricos como la naranja, mandarina y limón son innumerables, y van desde la cocina hasta diferentes productos vinculados a la perfumería como así también a la elaboración de fármacos, se torna indispensable contar con dichas frutas durante todo el año para la producción de una gran cantidad de productos.

En este sentido, desde UNO viajamos hasta San Jaime de la Frontera en el Departamento Federación, al norte de la provincia de Entre Ríos, para conocer más detalles del arduo trabajo a partir de la palabra en primera persona de Daniel Dalzotto, productor de Colonia Tuna junto a sus hijos y su esposa.

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Cosechar cítricos: un trabajo manual insustituible

Cosechar cítricos: un trabajo manual insustituible

Colonia Tuna es un poblado que se gestó por el impulso y el trabajo de las familias de colonos que llegaron a habitar el territorio a principios del siglo pasado.

Fortunato Dalzotto arribó a tierras argentinas desde la península itálica y fueron los primeros pobladores de dicho lugar. Con el paso del tiempo, su hijo Alejandro se afianzó en la producción citrícola y en la ganadería.

En este sentido, la pyme familiar se sostuvo a través del hijo de Alejandro, Daniel Dalzotto. Esta empresa está compuesta por pequeñas chacras que fueron creciendo con la citricultura. Actualmente, cuenta con 50 hectáreas de producción que posibilitan dar empleo a 20 trabajadores en temporada normal y a 50 en temporada alta.

En esta zona de la provincia la tierra es negra, y por lo tanto lo que más se produce es naranja de verano en sus distintas variedades que se cosechan en dicha época, también mandarinas y un menor porcentaje de limón.

El circuito productivo de la mandarina y la naranja demanda un gran cuidado y atención en cada etapa. Pero fundamentalmente en el cuidado y fortalecimiento de la planta durante su crecimiento.

“Desde que se planta, recién a los tres años empieza a producir la fruta. Durante ese tiempo es indispensable mantener el pasto cortado, utilizar como fertilizante el abono de pollo que son las sobras de los criaderos de la zona de Crespo, y otro factor muy importante es la poda de la planta”, indicó a UNO Dalzotto. Al mismo tiempo referenció que el trabajo de la poda no es para cualquiera, sino que se requiere personal especializado.

En función de que la planta demora tres años en producir y se trabaja por cuadros que se renuevan todo el tiempo, el productor sanjaimense señaló: “Nosotros tenemos plantas que ya tienen 40 años y que están produciendo al igual que una planta nueva. Se van reponiendo, y se van haciendo nuevos cuadros, los cuales hay que tener en cuenta que ocupan mucho espacio. Por eso se plantan cada siete metros de distancia, siete metros para un lado y siete para el otro”.

Dalzotto también remarcó que lo importante es generar una buena producción de la fruta, porque luego hay que competir en un mercado donde hay naranjas y mandarinas de todos lados. Por lo tanto, hay que tratar de obtener buena calidad.

La mano de obra

En diferentes momentos del circuito productivo la mano de obra de los trabajadores es esencial e insustituible. Tal es así que en la cosecha de las naranjas y mandarinas no ha habido aún una máquina en esta región de la provincia que pueda reemplazar las manos de los empleados. Tal es así que la producción citrícola es una fuente de trabajo para los pobladores de San Jaime de la Frontera y por ende una pyme importante en la economía de muchas familias.

Al respecto, Dalzotto afirmó: “Sí o sí se tiene que hacer todo el trabajo a mano. Anteriormente se intentó desarrollar una máquina pero no funcionó hasta ahora”.

Tras ser consultado acerca de cómo es una jornada laboral habitual en Colonia Tuna, el productor sostuvo: “Un día de cosecha comienza a las 7 de la mañana aunque se tiene que tener en cuenta si hay humedad, si hay rocío o no porque la fruta tiene que estar seca a la hora de cosechar. A su vez, y dependiendo del mercado, es decir a dónde se va a ir luego la fruta, se cosecha con tijera o con un palo”.

Las tareas se deben realizar de forma manual, por lo cual el personal utiliza recolectores, chalecos (el cual se coloca el trabajador y tiene la capacidad de cargar frutas rodeando de esta manera todo el cuerpo) y canastos para realizar la cosecha. Además, hacen uso de escaleras para alcanzar las frutas de aquellas plantas que son altas.

A medida que se lleva adelante la cosecha, al unísono empieza a trabajar la planta procesadora de la fruta.

Si nos referimos a la planta procesadora es necesario advertir que se trata de un gran avance tecnológico que comenzó en 2014 con la previa conformación de la Cooperativa de Provisión, Transformación y Comercialización Frutihortícola Colonia Tuna Limitada de San Jaime, a través de la cual se asociaron 11 productores en virtud de comercializar de mejor manera su producción.

Considerando que la localidad está muy alejada en términos de distancias de todos los centros de ventas se creó dicha cooperativa, la cual permitió el desarrollo de la planta de empaque, “única en la zona”. De la misma Dalzotto es socio y comentó las implicancias que tuvo esta innovación.

“Sin dudas que para nosotros fue un cambio radical. Anteriormente nosotros al no tener planta de empaque en San Jaime teníamos que depender de Chajarí, lo que implicaba que el productor de esta ciudad primero procesaba toda su fruta, vendía lo suyo y después si les faltaba fruta ahí recién se dirigía a San Jaime a buscar cítricos para comprar”, manifestó Dalzotto. Y agregó que esto significaba una gran pérdida en términos de producción.

El salto fue exponencial para los 11 productores y puntualmente para el emprendimiento familiar de Dalzotto. En tal sentido, expresó: “La planta permitió que se procese en San Jaime, se dé mano de obra a la gente de San Jaime. Lo que se buscó desde un inicio fue dar mano de obra a la población de la zona. Y el cambio nos posibilita poder competir hoy con cualquier otro mercado”.

Cabe indicar que la jornada de trabajo finaliza en un día habitual a las 17 aproximadamente, luego de una gran actividad a nivel físico de todos los trabajadores, ya que es el cuerpo el que carga las frutas con los diferentes elementos (chalecos, recolectores o canastos) y al mismo tiempo, el hecho de subir y bajar las escaleras conlleva un gran desgaste energético.

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La planta de empaque

En diálogo con la tercera generación de este emprendimiento familiar de más de 50 años, el hijo de Daniel Dalzotto, Santiago, se refirió a la planta procesadora, a la exportación y al trabajo familiar.

Desde chico, la labor en el campo vinculada a la producción citrícola fue una postal común para Santiago. En su experiencia en este sector, el joven precisó en un momento de la entrevista con UNO: “Yo mirando una planta de lejos te puedo decir qué fruta te puede llegar a dar dentro de un año”, como un gran conocedor de los cítricos y del arduo proceso que requiere generarlos.

Con el paso de los años y a medida que creció pudo ver desde cerca cómo mejoró la producción con la llegada de la planta de empaque en tanto avance tecnológico y las labores que facilitó.

“La planta procesadora es a donde llega la fruta desde la quinta donde se cosecha. En esa etapa la máquina la vuelca en una batea, seguidamente se la lava, después pasa por unos cepillos que la lustran, luego por un túnel de secado de la fruta, y posteriormente se la encera para que quede brillosa. El paso que sigue es la llegada de las frutas a una mesa de selección donde hay dos personas que las eligen y después caen en la tamañadora donde se van calificando los tamaños”, señaló Santiago.

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Pero el proceso no termina allí, una vez que la naranja o mandarina está tamañada se procede a embalarla y acomodarla de forma ordenada en los cajones. “Todo esto se hace a mano, no hay una máquina que haga esa función”, destacó el joven.

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La planta permitió fortalecer a Colonia Tuna y que ingresara en el mercado. Como potencialidades, Santiago destacó: “Esto dio pie a conseguir otras cosas como convenios con otras entidades, mejorar la calidad hablando con Senasa, el INTA y entidades del gobierno”.

Exportación a Paraguay

La producción de naranjas y mandarinas se da durante todo el año para, de esta manera, abastecer los mercados y dar respuesta a la demanda. En este sentido, Santiago mencionó que se trabaja mucho con el mercado El Charrúa de la capital provincial, y con verdulerías grandes.

“Se trabajaba con el mercado abastecedor de Córdoba y gran cantidad de la fruta se exporta a Paraguay teniendo en cuenta que es mucha la producción de naranja durante el verano, entonces no da abasto el mercado local. Para exportar a Paraguay se cargan los camiones desde Colonia Tuna directamente”.

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