Suplemento Aniversario
Miércoles 22 de Noviembre de 2017

Corría con zapatillas prestadas y llegó a conquistar el mundo

Ricardo Javier "Pichi" Fariña es un reconocido deportista que ha viajado por distintas partes del mundo representando a Entre Ríos en atletismo. Con 53 años se dispone a competir una vez más para ser un Ironman.

El Pichi es uno de los 11 hermanos Fariña, hijo de Estella Josefa Fariña, una familia de condición humilde que siempre supo que con esfuerzo se llega a cualquier lado, y parece que Ricardo se lo tomó muy enserio, tanto que con su pasión recorrió miles de kilómetros que lo llevaron desde África hasta Estados Unidos.

Según se autodefine, hizo atletismo toda su vida, lo que lo mantiene como un joven de 53 años. Para llegar a las primeras competencias que recuerda, tiene que remontarse a la década del 70 cuando corría maratones. Teniendo 12 años hacía 10 kilómetros de calle en el maratón del viajante o el de la costa en Gualeguaychú. Siempre quiso más y así llegaría a convertirse en el primer campeón entrerriano de 42 kilómetros made in Gualeguaychú. Llegó a correr 17 maratones en esa distancia y su mejor marca fue de 2 horas 41 minutos.

Pero el Pichi es un deportista completo, en 1974 aprendía a nadar y en 1975 con 10 años corría por primera vez la vuelta a la isla, un recorrido de 2,3 kilómetros: "No tenía un gran estilo, nadaba a lo campo, como me salía".

Sería cuestión de tiempo hasta que comenzara a competir en Duatlón allá por el año 1995 llegando a convertirse en campeón Entrerriano y Argentino. Pero era como que le faltaba algo más, y ese "algo" sería el triatlón.

El camino al Hombre de Hierro
Según confesó, "siempre tenía la ilusión de correr un triatlón, pero no tenía bicicleta" eso era tan fuerte que recuerda precisamente cuándo se cumplió su sueño. "En febrero de 1994 me compré la bicicleta", cuenta con la cara iluminada. "Gracias al apoyo de mi jefe me compré una que un amigo me la dio a pagar en tres veces. Era una Columbus cuadro de fierro –hoy son aleaciones ultralivianas– que me salió 600 pesos".

Fariña empezó a pedalear sin saber y asegura que "nunca" se había subido a una bici de competición. El miraba los triatlones que se corrían en su ciudad y soñaba despierto con El deporte y el hombre, aquel famoso programa que conducía Pancho Ibáñez que le llamaba mucho la atención y lo invitaba a participar.

Hacía un mes que tenía la bicicleta cuando se realizó en Gualeguaychú la final del campeonato entrerriano de Triatlón con distancias olímpicas, tenía que nadar 1.500 metros, pedalear 40km y correr 10 km. No lo pensó mucho, siempre estuvo dispuesto a los desafíos, así que se sumó. Recuerda que eran 42 competidores. Era la final así que los que participaban eran los mejores en sus categorías. Tras una dura competencia llegó en el puesto 16 de la general y 4º en su categoría. Quedó súper feliz y entusiasmado: "Desde ahí no paré nunca más de hacer triatlón". Así que no tiene el número exacto pero ya debe haber corrido unos 200, entre ellos los Ironman (Hombre de Hierro).

"El Ironman no es una prueba normal, tenés que nadar 4 kilómetros, pedalear 180 kilómetros y correr 42 kilómetros más, sin parar". Se trata de una competencia tremendamente exigente, en la que clasificar es muy difícil y terminarla es una hazaña que obliga a un esfuerzo físico extremo, conocimiento corporal y fortaleza mental. Es una competencia que arranca a las 7 de la mañana y tiene un tiempo límite de 17 horas. Las transiciones de estilos son de apenas 2 minutos y no se puede recibir asistencia. Su mejor marca fue de 9 horas 45 minutos en Florianópolis con lo que clasificó al campeonato mundial de Hawai, el cual ha corrido 9 veces: en 2002; 2003; 2004; 2005; 2010; 2011; 2014; 2015 y 2016. Además en 2006; 2007; 2008 y 2009 clasificó para el mundial de medio Ironman en La Florida.

Para el Pichi todo ha sido muy duro, fue fundamental el apoyo de la familia, los amigos, los vecinos. Cuando clasificó por primera vez a Hawai en el año 2002, asegura que "otra carrera fue conseguir el dinero para viajar", y dice orgulloso: "Mis vecinos, amigos y la gente de la ciudad fueron mis espónsores comprando empanadas, rifas, sumándose a las peñas". Y emocionado recuerda una ecuación: "Con 120 docenas de empanadas se juntaban 100 dólares". Fariña no sabía ni adónde viajaba, confeccionaba su pasaporte y subía al avión para aquel lugar al que solo llegaban unos 15 o 20 compatriotas, con el paso de los años se convirtió en el segundo argentino con más clasificaciones para Hawai y eso a pesar de haber pasado dos años afuera tras una lesión de rodilla por exceso de competencia.
Para poder llegar a Hawai existen 36 competencias selectivas donde se puede clasificar. Participan alrededor de 120.000 personas y finalmente llegan 1.800 "Solo con la clasificación uno ya se siente ganador", asegura.

Desde que arrancó con el atletismo, el apoyo gubernamental fue prácticamente nulo, todo es a pulmón, por eso no solo hay que entrenar de cuatro a cinco horas diarias, sino también trabajar. Una de las anécdotas que carga en las alforjas de los recuerdos lo remonta a sus épocas de remisero. Trabajaba en una remisería y dejaba el turno porque al otro día competía en Hernandarias: "Estaba peleando el campeonato entrerriano de triatlón en la temporada 94/95, en esa época trabajaba en la fábrica de bombillas y de remisero cuando tenía que disputar la final. El patrón me pidió que el sábado a la noche lleve a unas personas a Uruguay, yo no quería, pero era el único que podía pasar. No me quedó otra que hacer el viaje".

Un viaje que se convertiría en una odisea ya que en la madrugada, a la vuelta de Montevideo, pinchaba una goma no era nada del otro mundo, pero cuando se disponía a cambiarla se daba cuenta que el otro chofer también había pinchado y no reparó el neumático. "Eran como las tres y media de la madrugada, había una oscuridad en la ruta y no pasaba un alma –describió– ahí golpeo en una casa donde atendieron entre asustados y sorprendidos, pero le indicaron como llegar a una estación de servicios a 4 kilómetros. Como pudo llegó pero la gomería estaba cerrada, lloraba de la amargura, todo el sacrificio del año estaba a punto de perderlo".

El playero se solidarizó con la situación y lo ayudó, con un destornillador y una llave de media como herramienta desarmaron el neumático, un pedazo de cámara vieja y "la gotita" sirvieron para improvisar la reparación que lo llevaría con lo justo a Gualeguaychú donde llegaría a las 9.20 de la mañana del domingo. Lo esperaban sus amigos para el viaje, y sin dormir hizo los 380 kilómetros hacia la competencia. "Llegamos a las 2.20 de la tarde, me inscribí y me tiré 10 minutos, subí al barco que nos llevaba para arrancar. Terminé en segundo lugar, a 13 segundos del que ganó, pero yo tenía dos minutos de ventaja en la competencia anual así que me consagré campeón. Hice 1.000 kilómetros con todos los impedimentos, pero ese campeonato era mío y no lo dejé escapar".

Fariña rescata la cultura deportiva de otros países "el que es deportista se dedica solamente a eso, reciben un salario para dedicarse. Es increíble que acá no pase, por eso en las olimpiadas logramos tan pocas medallas", opina. Una de las pocas veces que le tendieron una mano fue en su primer Ironman."Me dieron 300 pesos y solo la visa me costaba 400, el resto que incluyó viajes, estadías y todo lo que se imaginen, se pagó con el apoyo de mis vecinos".

También cumplió un rol importante la familia Veronessi de la Unión Cerealera, quienes siempre lo apoyaron: "No sé en qué los puedo haber beneficiado yo corriendo triatlón, pero ellos siempre estuvieron".

El Pichi se crió junto a sus 10 hermanos en una casita con un dormitorio y una cocina, desde aquel pequeño hogar se dispuso conquistar el mundo... ¡y vaya que lo hizo!

Si bien hoy lidera una fábrica familiar de mates y bombillas, no olvida que cuando era chico no tenía calzado para correr, que entrenaba con el plantel de fútbol del Club Sudamérica y que la comisión directiva de la institución de su barrio, le conseguía las zapatillas a las chicas del básquet para las competencias. "Yo era muy feliz por la generosidad de las chicas que me prestaban las zapatillas para que pudiera correr", reconoce. Hoy con 53 años recién cumplidos es un deportista de elite que entrena con la cabeza puesta en la prueba Ironman full de Argentina. La primera de este tipo que se realizará en el país será el 3 de diciembre en Mar del Plata y el Hombre de Hierro entrerriano se prepara para representarnos una vez más.


Décadas de entrenamiento
"Hago dos entrenamientos diarios, cambiando de disciplina, entre tres y cuatro horas. Los fines de semana le pongo un poco más, como el pasado que hice 100 kilómetros de bicicleta y 8 de pedestrismo" esto lo repite todos los días hace más de 30 años, lo que es acompañado por una dieta estricta.


Fábrica de mates
Trabajó muchos años con Hugo López, quien era el propietario de la fábrica de bombillas. En el año 2005 se animaron a un emprendimiento familiar. Bombillas artesanales, mates cocidos y forrados. Casi todos los integrantes de la familia trabajan allí.

El deporte hoy
"Antes eran grupos reducidos los que hacían maratón. Hoy por hoy es hermoso lo que se ha logrado. Mucha gente participando, en bicicleta, maratón, creo que esto es debido a las menores exigencias en cuanto a las distancias. Cuando uno elige este estilo de vida siempre quiere un poco más, se logran cambios físicos y de humor".

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