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Racismo

Contra el racismo y la matanza de negros en Brasil

Conocer los efectos fatales del racismo y de la discriminación negativa para revertir ese flagelo instalado hace siglos.

Sábado 29 de Mayo de 2021

Brasil es una potencia con tremendas desigualdades, y los resultados violentos de esa situación sensibilizaron a argentinos que participan de un grupo internacional contra el racismo.

Las mujeres y los hombres de origen africano con abuelos esclavizados constituyen la mitad de la población de Brasil, pero son mayoría absoluta entre los indigentes, tienen escaso acceso al poder, es decir, sufren discriminación negativa por distintas vías.

El estudioso entrerriano Marcelo Luna comentaba días atrás en una conversación informal que el pasado 6 de mayo “fueron asesinadas 28 personas en la favela de Jacarezinho, la favela más negra de Río de Janeiro, por la policía civil. Hay un genocidio contra el pueblo negro brasilero hace mucho tiempo, y no importa a la izquierda, no importa al progresismo, no importa al periodismo, no importa a la academia, no importa a los defensores de derechos humanos”.

“En EE.UU es asesinada una persona negra cada 29 horas, de cero a la edad más avanzada. En Brasil es asesinado un joven negro entre los 14 y los 32 años, cada 23 minutos, a eso le sumamos los asesinados menores de 14 y mayores de 32… Ante cada asesinato de un ciudadano afroamericano de EE.UU, en América Latina gritan ¡genocidiooooo!.. Pero no les importa cuando la bala se lleva la vida de nuestros hermanos negros de Brasil.....esa es la potencia de la izquierda y el progresismo blanco y eurocentrado”.

Para el comunicador, los europeos se asombran cuando los genocidas matan blancos, pero no responden de la misma manera cuando los muertos son pueblos ancestrales o africanos. “Se olvidan que Leopoldo Segundo de Bélgica asesinó 10.000.000 de congoleses entre 1.886 y 1910; esos no importan, porque son negros y encima africanos; para hacer denuncias de violación de derechos humanos primero se fijan en el color de la piel”.

Marcelo Luna coordina un grupo de personas de distintos estados de la Argentina, Brasil y otros países contra el racismo y el genocidio del pueblo negro. “Una de las manifestaciones de racismo contra el pueblo negro en Brasil es el racismo religioso. Consiste en múltiples prácticas racistas de parte de sectores neo-evangélicos y neo-pentecostales hacia los practicantes de las religiones de matriz afrobrasileña que son muchísimas y muy antiguas; las más conocidas son el Candomblé y la Umbanda, y existen al interior de cada una de ellas muchísimas variedades. Las llamadas ‘religiones de matriz afrobrasileñas’ en verdad no son religiones, sino espiritualidades. Rinden culto a sus ancestros y a los elementos de la naturaleza. Los ancestros son seres históricos divinizados, ellos son de África pero también del Brasil indígena, son quienes dan sentido a la vida de esas culturas. Los espacios donde se practican esas religiones se llaman terreiros, generalmente son amplios y con naturaleza, porque tienen como objetivo reproducir la vida comunitaria africana/indígena; el terreiro no es templo ni iglesia, en el terreiro se come, se danza, se canta, se realiza vida comunitaria, nadie está triste escuchando un sacerdote o pastor que los amenaza con el infierno si continúan pecado. Al frente de cada terreiro se encuentra una madre de santo o un padre de santo, llamados Babalorixá (padre de santo en lengua Iorubá, de la actual Nigeria y Benin, en la África Occidental) o Iyalorixá (madre de santo). En los ataques terroristas/racistas, los terreiros son incendiados, los padres y madres de santo agredidos e incluso asesinados por parte del narcopentecostalismo, llamado así en Brasil porque son sectores que se dedican a la religión para construir poder político a través del terror contra las espiritualidades africanas y la venta de drogas. Muchos terreiros son obligados a cerrar sus puertas, inclusive son obligados a plantar una iglesia evangélica en el lugar”.

El racismo está en el origen de los estados en toda el Abya yala (América). La Argentina tampoco ha podido superar su marca de nacimiento que dejó en un escalón inferior a esclavizados, comunidades ancestrales y gauchos, al punto que los autores intelectuales de la discriminación dan nombre a algunas de nuestras escuelas.

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