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Con vocación de servicio, redoblan su compromiso para enseñar a sus alumnos

Se celebra hoy el Día del Maestro, y en un contexto que los desafía a aprender otras formas de enseñar a sus alumnos, docentes reflexionan sobre su rol.

Jueves 10 de Septiembre de 2020

Hoy se celebra el Día del Maestro, y en un contexto tan especial, signado por la pandemia del Covid-19, quienes siguieron el llamado de su vocación por la docencia redoblan su compromiso y se las ingenian para continuar compartiendo sus saberes con sus alumnos, de manera virtual o con los recursos de los que disponen.

En el caso de la escuela N° 18 Mburucuyá, situada en el paraje inhóspito Loma Limpia, en plena Selva de Montiel y a 40 kilómetros de Federal, los alumnos no tienen conectividad a Internet e incluso a veces se dificulta tener señal en el celular. Asisten 15 chicos y en el nivel Secundario la matrícula alcanza a los 45 alumnos.

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Con vocación de servicio, redoblan su compromiso para enseñar a sus alumnos

Con vocación de servicio, redoblan su compromiso para enseñar a sus alumnos

Yolanda Falcón fue la directora de Primaria hasta 2019. Estuvo 11 años ocupando ese cargo y a la vez ejerciendo como maestra. Y aunque hoy está jubilada, aseguró a UNO que sigue sintiéndose parte del establecimiento. “Le sigo diciendo ‘mi escuela’. Una nunca deja de ser maestra. Me recibí a los 20 años en la escuela Almafuerte, enseguida empecé a trabajar y lo hice durante 33 años con mucho amor, siempre en la zona rural, si bien hice también alguna suplencias en escuelas de ciudad para tener esa experiencia”, comentó, y afirmó que si tuviera que elegir nuevamente a qué dedicarse, volvería a optar por las escuelas de campo. “La población de esas escuelas es muy particular. Los chicos tienen otras vivencias, están en contacto con la naturaleza y son más flexibles en todo”, expresó.

A su vez, aseveró: “Más allá de las inconveniencias en días de lluvia y que a veces no hay señal de celular, los chicos nos recompensan. Y estamos orgullosos como equipo docente porque muchos de nuestros egresados hoy son profesionales”.

José Martínez es el rector actual de la Secundaria en Loma Limpia, y da clases como profesor y maestro de Educación Física. Respecto de las actividades durante la cuarentena, indicó que como no hay señal de Internet, una vez por mes recorre unos 200 kilómetros en camioneta para llevar módulos de alimentos que envía el gobierno provincial a las familias y le acerca a los alumnos el material para trabajar en su hogar. “Esta es la escuela más alejada y más a trasmano del Departamento Federal”, aclaró.

Martínez subrayó que es muy diferente a una escuela de ciudad, y remarcó: “En las escuelas rurales la autoridad es el maestro, la voz del docente tienen un valor único y es palabra mayor. La amabilidad y el buen trato de la gente se destacan. Se trabaja mucho en forma colaborativa y en equipo con los chicos y con los padres, que siempre están ayudando”.

Contexto

Asimismo, señaló: “Los estudiantes no tienen televisión, ni Internet, y la enseñanza tradicional se rescata; la lectura y la escritura son herramientas fundamentales. Recién hace 10 años que hay luz eléctrica acá, antes se usaba un grupo electrógeno e incluso no alcanzaban las aulas y se trabajaba al aire libre, bajo los árboles. Las comodidades llegaron después”.

Con respecto a esta fecha especial, lamentó: “Cuando es el Día del Maestro solemos invitar a las familias de los alumnos y se comparte algo con la comunidad, pero esta vez no será posible”.

Nicolás Montenegro es docente del Centro Educativo N° 322 en Puerto Ruiz, Departamento Gualeguay, donde da clases a jóvenes y adultos de nivel Primario. Muchos son pescadores o hacen trabajos rurales y no pudieron estudiar antes, hasta que se abrió esta puerta que les permite superarse. “Llegué a ser maestro porque distintas personas en diferentes lugares me preguntaban si era docente o me sugerían que estudiara esa carrera, por mi forma de ser. Así que me inscribí, me gustó y la verdad que no me arrepiento para nada, porque era una vocación oculta que tenía y estoy feliz de haber estudiado este Profesorado de nivel Primario; es una labor muy gratificante”, afirmó.

Si bien ahora no es mucho lo que puede hacer, porque la mayoría no tiene teléfono ni Internet ni computadora, les llevó hace poco unos libros para que no pierdan el hábito de la lectura.

Trabajar con adultos le da una impronta especial a su tarea, y con un enorme compromiso también suele brindarle contención a la gente con la que compartió el aula antes de la pandemia. “Lo más satisfactorio en mi caso es poder escucharlos. Estoy con adultos y ellos me confiesan muchas cosas que por ahí a otras personas no se las cuentan. Y con la palabra siento que hago bastante. Que se sientan escuchados y poder hablar con ellos en confianza ayuda a transformar sus vidas. Se siente mucho el cariño, el amor, la amistad que se forja en ese espacio. En lugares así el maestro sigue siendo una figura muy respetable”, reflexionó.

Carina Cáceres es maestra de 1° grado en la escuela Primaria N° 21 Benjamín Terán, en Paraná. Desde que se suspendieron las clases se dedicó de lleno a adaptar los contenidos y garantizar el aprendizaje a los niños que recién comenzaron este año su trayectoria escolar y solo pudieron concurrir dos semanas a clases de manera presencial.

El esfuerzo es enorme, pero está convencida de que la dedicación es la clave para que los chicos aprendan; por eso está molesta con la calidad de las clases virtuales en la escuela privada adonde asiste su hija menor, de 9 años. “La directora de esa escuela dijo que no es obligación de los maestros enviar videos ni mensajes por WhatsApp, y me puse a pensar en todo lo que estoy haciendo yo, que es lo contrario: es muy particular la realidad de la escuela Terán,solo trabajamos con celular y WhatsApp, y acercando las actividades a la institución si es necesario. Dos veces por semana le doy una hora de clase a cada uno de mis 15 alumnos, y así están aprendiendo. Estoy al 100% con este trabajo y pienso que es prioritario conservar el vínculo y que los chicos sepan que la seño está y que pueden contar conmigo”.

La docente mencionó que incluso hay días que las mamás o las abuelas que están a cargo de los estudiantes le piden que los llame porque no quieren hacer la tarea. “Los llamo, les pregunto qué les pasa, hablo con ellos. Soy docente hace 10 años, estoy disfrutando lo que aprendí y contemplando un montón de situaciones que hay que considerar”, dijo, visiblemente emocionada.

Stefanía Sepic también es docente en 1º grado de la escuela pública de gestión privada Santo Domingo Savio. “Es una escuela parroquial que abrió este año. Antes estuve cinco años en Santa Lucía. Hoy en día me siento exhausta, porque son muchas más horas sentada frente a la computadora que si estuviera planificando y yendo al aula. No tenemos un horario fijo y eso repercute en la salud, pero gracias a Dios tengo una comunicación fluida con mis alumnos y con sus padres. Hacemos reunión de padres por Zoom o por videollamadas, y con los niños también cada 15 días hacemos una clase virtual y después se les manda por WhatsApp o por correo las actividades semanales”, comentó.

Sepic analizó que “es muy complejo enseñar 1º grado hoy en día, porque los papás no aprendieron a leer y a escribir de la manera en que se enseña hoy, y tuvieron que comprender el sistema de alfabetización actual”.

Más allá del cansancio que le genera la modalidad actual de trasmitir los saberes a los chicos, contó que desde que era chica jugaba a ser maestra, inspirándose en sus docentes: “Sentaba mis peluches y la puerta del placard de mi mamá se convertía en pizarrón. Dudé en estudiar esta carrera, porque no está bien remunerada, pero realmente es mi vocación, si no no se puede llevar adelante”, aseguró.

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