Paraná
Sábado 16 de Marzo de 2019

Con techo y contención recuperaron la esperanza que la calle les arrebató

La residencia municipal Madre Teresa de Calcuta alberga a 12 personas sin hogar. Trabajadores del lugar las acompañan para que puedan salir adelante

Hacía más de tres años que Ricardo, a quien la mayoría conoce como El Turco, dormía en la calle. Como podía, se las arreglaba para encontrarle un sentido a sus días, tras haber perdido a su familia, su trabajo, su hogar y su esperanza. Hacía meses que una infección en sus piernas le iba arrebatando la posibilidad de caminar, pero estoico iba aguantando su martirio, resignado frente a su destino.
Sin embargo una noche, a mediados de enero, no pudo más. Hacía una semana que no comía y se entregaba al alcohol para mitigar sus dolores. Los voluntarios de la ONG Suma de Voluntades lo encontraron muy mal, tirado sobre un banco de la Plaza 1° de Mayo. Llamaron una ambulancia y quedó internado en el hospital San Martín, con una severa deshidratación. Pero entre altas y recaídas fue reponiéndose, y desde hace algunas semanas pudo ingresar la residencia municipal Madre Teresa de Calcuta, situada en calle Don Bosco 1724, que funciona desde 2007 en Paraná para brindar contención a hombres sin hogar.
Gracias a que fue superando su alcoholismo logró quedarse, ya que al lugar no pueden ingresar personas con adicciones. Ahora pasa sus días alejado de la calle, duerme bajo techo, en una cama, y a diario desayuna, almuerza, toma la merienda y cena. Recuperó peso y su salud mejoró notablemente. "Estoy acá hace unas semanas. Me tratan como un hijo, me cuidan mucho, estoy tranquilo. Tengo comida, ropa limpia. Los chicos son todos unidos", dijo a UNO El Turco, en referencia a quienes también llegaron a la Residencia por diferentes motivos, y comentó: "Dejé el alcohol tras estar internado una semana y pico".
Bajo el sol tibio de la mañana, a sus 50 años, puede ver la vida desde otra perspectiva. Ya lo visitaron hermanos suyos y sus hijos, con los que no se encontraba hacía mucho tiempo, fueron a verlo al hospital. Con visible buen humor, hace chistes constantemente, mientras habla de sus ganas de salir adelante: "Ahora no puedo moverme mucho, porque camino hasta la esquina y vuelvo temblando. Espero curarme de este problema de circulación que tengo en las piernas, así puedo trabajar en algo: me dicen El Turco y si no puedo generar plata me preocupo", dijo entre risas.
Sentado a su lado, Rubén contó que en su caso hace tres años que vive en la residencia Madre Teresa de Calcuta. "Había caído en una situación de depresión. No quería salir a la calle, no quería vivir", confió a UNO, y señaló: "En este lugar encontré una contención. Tengo un techo, comida no falta. Estamos realmente cuidados acá".
El hombre, de 62 años, trabajaba como sanitarista y un problema de salud lo afectó seriamente: "Sufrí un problema en las cervicales y me diagnosticaron EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica). Tuve que dejar de trabajar pero desde que estoy acá siempre me la rebusco lavando alguna ropa de mis compañeros, o limpiando coches", comentó, antes de emprender la tarea de sacarle brillo a un vehículo que alguien le trajo sabiendo de su dedicación y esmero.
"Por ahí sale alguna changuita y la hago. Tengo familia, pero en este lugar estoy bien. Hay códigos que respetar y me llevo bien con mis compañeros y con todo el personal", sostuvo, y subrayó: "Estoy muy agradecido por vivir acá. Me ocupo de las plantas y para mí es muy importante no quedarme quieto, porque sino puedo caer otra vez en un estado depresivo. No quiero volver a pasar eso de querer estar aislado, no hablar con nadie, sentirme solo, perder la fe. Porque gracias a Dios recuperé las ganas de hacer algo".
Otro de los residentes es Eduardo, quien llegó hace dos semanas después de estar durante cinco años en la calle, según contó. "Fue mucho tiempo el que viví en la calle, teniendo problemas con el alcohol y la droga. La gente de acá me ayudó muchísimo. Tengo una buena cama, buena comida y buena gente. A mis 55 años ya anduve por todos lados, recorriendo otras provincias, pero no había dónde recuperarme".
Asimismo, reflexionó sobre sus anhelos, aferrado a la esperanza de reencauzar su vida, con la ayuda de quienes están a cargo de la Residencia: "Soy electricista matriculado pero el alcohol hace que la gente pierda la confianza en uno. Hoy gracias a Dios ya salí del alcohol y de la droga. Tengo mujer e hijo en Santa Fe y tengo esperanza de recuperar a mi familia", aseguró.
Por su parte, Cecilia Novellino, la directora del lugar desde hace más de tres años, contó a UNO que actualmente son 12 los residentes. "Cuando se acerca alguien que necesita un espacio para estar, contemplamos su situación y vemos si esta apto para ingresar. Se les pide certificado de buena conducta y de salud. En una ficha vuelca sus necesidades y problemas, y fundamentalmente porqué llegó a estar en situación de calle. Generalmente es por problemas familiares y demás", explicó a UNO.
Novellino aclaró que se plantea un tiempo de estadía, en el que la Municipalidad –a través de la Secretaría General y de Derechos Humanos– "se hace cargo del desayuno, el almuerzo, la merienda y la cena, de proporcionarles una cama y una casa para vivir". Sobre este punto, señaló: "Ese tiempo que están generalmente es de entre ocho meses y un año. Mientras residen acá tratamos de ver si tienen familiares, y de hacer el nexo para que vuelvan a tener los lazos que en algún momento perdieron por distintas circunstancias. Buscamos determinar qué soluciones se les puede dar, y nuestro objetivo es que salgan de acá aunque sea haciendo algunas changas o con un trabajo para que tengan algún ingreso. Si no tienen pensión nos encargamos de realizarles los trámites. Tratamos de que vuelvan a insertarse en la sociedad de una manera más digna".
"Hay personas de buen espíritu, muy buena gente, que lamentablemente han caído en situación de calle, pero hay quienes las recuerdan en otras circunstancias y busca ayudarlas, como pasó con Mario, uno de los residentes, que hoy atiende el kiosco de revistas del hospital San Martín, gracias a que lo vino a buscar un señor para ofrecerle ese trabajo", refirió.
También contó que en la institución a su cargo son 17 personas las que trabajan en distintas tareas y diferentes turnos, para que quienes se alojan ahí siempre estén acompañados, y pensando en su bienestar, impulsan diversas actividades: "En 2017 los llevamos al hogar Ángeles Custodios y ellos se encargaron de organizarle un festejos a los chicos. Adornaron el salón, les sirvieron una merienda. Fue una experiencia muy linda porque se sintieron útiles", afirmó Novellino, y recordó a Coco, otro de los que vivió en la Residencia hasta hace poco, quien con su trabajo pudo ir construyendo una casa, donde ahora vive, demostrando que muchas veces con ayuda y contención las personas pueden salir adelante.

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