Descubriendo Entre Ríos
Domingo 20 de Enero de 2019

Con Menotti y Lavagna, ponemos proa a la gerontocracia argentina

Futbolista con 80 años, economista con 77, ambos protagonistas de los 70 y los 80, convocados no para consejo de ancianos sino como directores de orquesta

"El mozo viejo dijo al fresco anciano:/ -¡Ay dolor! ¡Ay dolor!/ El fresco anciano dijo al mozo viejo:/ -Los cerezos están en flor". Así comienza un poema de Williams Gibson.
Lo recordamos para apuntar que se avecina el ventarrón Roberto Lavagna y preguntarnos si con él vuelve José Ber Gelbard, el promotor del mercado interno. A viejo, viejo y medio, se dirá. Pero resulta que en el mundo de hoy los mayores suelen mostrar más juventud que los jóvenes, como ocurre en la poesía del fresco anciano y el mozo viejo de Gibson.
Tal como están las cosas en el país, después de la sucesión de gobiernos del Pro, el radicalismo y el peronismo, con sus variantes pragmáticas y sus transversales que van del comunismo a la UCeDé sin anestesia, algunos están pensando y no sin razón que la síntesis del capitalismo (que esos partidos expresan) se pronuncia Lavagna.
Lavagna trabajó con Ber Gelbard (el de la burguesía nacional y el acuerdo de clase) en tiempos de un Juan Perón casi octogenario. La asociación no es caprichosa. Y el propio Lavagna se ha ocupado en señalar sus fuentes radicalperondesarrollistas. Su nombre no le cae mal a ninguno de los partidos mayoritarios, si fue funcionario de Perón y de Raúl Alfonsín, diplomático de Fernando De la Rúa ante Europa, ministro de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner, candidato del radicalismo, aliado de Sergio Massa... ¿Llegará su hora en 2019? Mauricio Macri lo querría en su gestión, el kirchnerismo en su fórmula, por raro que parezca.
No tan raro para quienes vemos cómo los partidos mayoritarios se desdibujan y pasan a depender de nombres propios para cosechar votos, con los riesgos propios de un sistema así.
Los que buscarán desacreditarlo por la edad (o por lo que sea, como se acostumbra en la partidocracia) son los opositores a Lavagna, pero en esta columna sólo llamamos la atención sobre la presencia de dirigentes con más de 70 y 80 años en el horizonte político y en el poder, y no para menospreciarlos o discriminarlos por la edad, de ningún modo.

Viejos, los trapos
Los que apreciamos a César Luis Menotti celebramos que ahora tenga voz y voto en la Selección argentina de fútbol. Un golazo de la AFA (jamás pensamos que firmaríamos esta frase). Esa sorpresa nos lleva a imaginar lo que se viene en materia electoral, cuando parece que en tiempos de crisis el sistema prefiere a los maduritos, casi como buscando un viejo rey perdido por ahí.
"Lavagna hay uno solo" le escuchamos decir a un peronista santafesino. Sonó a buscar un mesías, y no es raro en su partido de conocida orientación vertical y personalista.
La centro izquierda peronista postula allí a María Eugenia Bielsa a la gobernación, y el gobernador socialista Miguel Lifschitz movió las piezas con rapidez (en términos electorales), al entrevistarse con Lavagna y confiar su apoyo para un frente electoral...
No sería raro, entonces, que en Santa Fe, peronistas, radicales y socialistas votaran al exministro de economía de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner y excandidato a presidente del radicalismo. Luego diremos: Lavagna lo hizo.
Menotti cuenta con 80 años. Lavagna le pisa los talones con cerca de 77 años. El mayor impulsor de la postulación de Lavagna es Duhalde y tiene también 77. Política y fútbol, para disfrutar en familia (o pelear ¿no?). Falta, claro, la religión, con su jefe, el papa Francisco: 82 años. ¿Gerontocracia decíamos?
Las religiones están muy pegadas al Estado y al poder en sus distintas vertientes en la Argentina. La iglesia católica debe ser mencionada cuando de poder se habla, si sólo en bienes inmobiliarios supera a todas las organizaciones conocidas, y ni hablar de su influencia en la educación, los medios, etc, con todos los favores del Estado. Para no quedar atrás, sus "hermanos mayores" del Consejo Judío Mundial, tienen al argentino Eduardo Elsztain entre sus principales jefes, y es el mayor terrateniente de la Argentina, rey del inmobiliarismo, además de banquero y propietario de los shoppings más famosos, y beneficiario de suculentos negocios con el Estado en los sucesivos gobiernos (con funcionarios estratégicamente colocados en esos gobiernos). Sin contar sus inversiones en Israel y Brasil, con lo cual no tiene más que esperar los frutos del amor declarado entre Benjamín Netanyahu y Jair Bolsonaro, en el que Mauricio Macri oficia de pajecito. Pero Elsztain no cumple con los parámetros de la gerontocracia: tiene 59 años, un pibe para lo que se acostumbra. Más que socio podría ser hijo de George Soros, él sí miembro de la gerontocracia (y la sinarquía) mundial con 88 años.

Todo el abanico
Las damas argentinas no quedan afuera si la farándula va en punta con la reina de los almuerzos, Mirtha Legrand, que en febrero apagará 92 velitas y va por todo.
Nuestro país tiene un lugar preferencial en los debates por los derechos humanos en el mundo, ya sabemos. Y allí también, nuestros viejos: Nora Morales de Cortiñas cumplirá en marzo los 89 años, Hebe Pastor de Bonafini tiene 90, Adolfo Pérez Esquivel, 87, Estela Barnes de Carlotto, 88. ¿Y no llevan la voz cantante?
Los políticos de la izquierda argentina no van a la zaga. Jorge Altamira (José Saúl Wermus) tiene 76 años y sigue en punta en los debates de plena actualidad. El secretario general del Partido Comunista Revolucionario, Otto Vargas, cumplió 88 años. En estos días su precario estado de salud lo deja fuera de batalla pero no en lo simbólico. Al lado de Otto, podríamos decir que el cooperativista entrerriano Carlos Heller es un muchacho de 78 años.
Con casi 70 años, el sanjuanino pro mineras José Luis Gioja es otra expresión de la gerontocracia, en este caso como una muestra fiel de los vaivenes y la ambigüedad del PJ de hoy, que preside.
En el sindicalismo talla fuerte Hugo Moyano, con 75 años. Y si la novedad del siglo 21, a fuerza de luchas, está en las asambleas ecologistas, apuntemos que uno de los mayores impulsores y estudiosos del ambiente sano, Jorge Rulli, está cumpliendo 80 años. Ahí tenemos un caso raro de poder por vía de los testimonios.
Conste que, si contamos la intensidad de la larga vida de muchos de los nombrados podríamos decir que superan el siglo y medio.

El poder/poder
En el poder económico de la Argentina veamos los que nunca mueren, magnates y potentados a los que cierta prensa regalona llama amistosamente filántropos, como es costumbre. El más emblemático de ellos, David Rockefeller, superó a todos con 101 años y murió en 2017 para demostrar la inconsistencia del viejo refrán ("hierba mala...").
Enrique Eskenazi tiene 92 años, Franco Macri 88, Eduardo Eurnekián 86 años, Gregorio Pérez Companc (Goyo) 84 años, Alejandro Bulgheroni 76, y Carlos Pedro Blaquier Estrugamou, 91 años. ¿Gerontocracia decíamos? Hay para todos los gustos en el poder, el deporte, la farándula, la política, el sindicalismo, y algunos han logrado sobrevivir décadas a sus fechorías de los años de plomo y de la patria contratista, aunque todo el tiempo del mundo no les alcance para arrepentimientos.

De sandalias y medias
Estamos señalando a personas mayores que los máximos exponentes de la famosa gerontocracia rusa. Claro que los tiempos han cambiado, y hoy somos jóvenes hasta que las velas no ardan.
Hay que decir que con esas edades, por muchachos que se sientan, hace rato que deberían renovar el carné de conductor todos los años.
Cristina Fernández, con 66 años, será una piba entre los candidatos que vienen. Y más si se compara su habitual elegancia con las sandalias con medias blancas tres cuarto que lució Lavagna en su reunión con Miguel Ángel Pichetto. Si su idea fue emular al Pepe Mujica, lo logró y con creces. Y se sabe que Uruguay es pionero en eso de la gerontocracia. El Pepe está amenazando con postularse a la presidencia, o a la vice, y tiene 83 años. (Recordemos que este muchachón le llamó "vieja" a Cristina).
Los mayores pueden hacer el mejor gobierno o el peor. La edad poco importa. Algunos entrerrianos y santafesinos participamos de un centro de estudios en donde sorprende la lucidez y energía de los pensadores que pasan los 85 años de edad. Pero además no es nada nuevo lo de la gerontocracia en la Argentina, si el presidente más esperado fue Juan Perón y cuando volvió a calzarse la banda celeste y blanca en 1973 pisaba los 80 años.
En otro plano, recordamos que en Paraná era costumbre que, en cada crisis, interviniera un anciano a manera de rey: el obispo. Y que lo diga un sobreviviente de esos tiempos, Estanislao Karlic, que en febrero cumplirá los 93.

Entre bueyes
Cuando el radical Ricardo Alfonsín se postuló a la presidencia en 2011 tanteó como compañeros de fórmula al socialista Hermes Binner, y no descartó al peronista Felipe Solá, y tras unos encontronazos se quedó con el economista Javier González Fraga, ligado a los peronistas Eduardo Duhalde y Roberto Lavagna.
Lavagna había llegado al ministerio de Economía de la nación de la mano de Duhalde, en su breve presidencia, y continuó un tiempo con Néstor Kirchner. Luego fue candidato a presidente en alianza con el radicalismo en 2007, secundado por el jujeño Gerardo Morales, hoy gobernador. Alfonsín pensó en Lavagna también como su vice en 2011.
Duhalde, en estrecha relación con Alfonsín, había sido vicepresidente de Carlos Menem y luego gobernador de Buenos Aires, reelecto en ese cargo gracias a una concesión del movimiento Modin de Aldo Rico. En esos tiempos, el peronismo gobernaba el país en alianza con los partidos liberales como la UCeDé de Álvaro Alsogaray, como Perón lo había hecho con conservadores como Vicente Solano Lima en 1973.
Hay que recordar que Cristina Kirchner eligió de vice a un exmilitante de la Ucedé, Amado Boudou, que había compartido su vida liberal alzogarayista con Sergio Massa. Pecados de juventud.
El distanciamiento entre Alfonsín (hijo) y los socialistas de Santa Fe hace una década se debió a la alianza de Alfonsín con el empresario Francisco de Narváez en Buenos Aires. No tanto por la cercanía de Alfonsín con Lavagna. De ahí que no sorprenda la reunión que mantuvieron esta semana en Cariló el gobernador de Santa Fe, Miguel Lifschitz, con Roberto Lavagna que suena como el más fuerte candidato que podría enfrentar Mauricio Macri este año en una segunda vuelta.
Ahora, ¿qué diferencia a candidatos a la presidencia como Mauricio Macri, Cristina Fernández de Kirchner y Roberto Lavagna y sus aliados, dentro del sistema capitalista, si los presentamos frente a multinacionales como Monsanto-Bayer? Es difícil discernir. Grupos como Greenpeace los han calificado de empleados de los oligopolios sojeros y mineros, pero habría que ver qué proponen a futuro (que no sea salariazo, revolución productiva, lucha contra la corrupción y pobreza cero, porque esas promesas ya fueron debidamente incumplidas).
"El mozo viejo dijo al fresco anciano:/ -Un viento sopla corruptor./ El fresco anciano dijo al mozo viejo:/ -Los cerezos están en flor". Versos de Gibson.




Cuántos dirán ñanderekó

Si nos preguntaran con quién nos quedamos, responderíamos que esta nota analiza asuntos del poder y aledaños, nada más; uno de los mil aspectos de la vida en comunidad. Y con doble limitación, si la mayoría de los nombrados están ligados a Buenos Aires, de ahí su fama.
No ignoramos, claro, que algunos tienen luz propia y trascienden los límites impuestos.
El problema de no pocos "viejos" argentinos radica en anclar en la Argentina permitida, y seguir ignorando a la Argentina invisibilizada por demasiados viejos y jóvenes, sea en la política como en las religiones, los medios masivos o la universidad. Por el sistema en suma.
¿Cuántos de los nombrados serán tan viejos y jóvenes a la vez como para decir con naturalidad ñanderekó? (nuestro modo de vida, en guaraní).
La Argentina moderna, eurocentrada y dominante, es la más nueva y la más envejecida de todas las argentinas posibles. Nació vieja, atropellando y ocultando. Pero en este punto dejaremos de hablar de tiempos y cantidades, que eran el modesto propósito de esta columna.

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