Paraná
Sábado 17 de Marzo de 2018

Con grietas, derrumbes, y autos sobre el césped: el Parque se volvió gris

El espacio público pierde color y se nota la ausencia de un mantenimiento profundo: se advierten estructuras quebradas y próximas a precipitarse

El emblema pierde color cuando al caminar por sus veredas aparecen bloques rotos, cuando hay escaleras que no terminan en ningún lugar, cuando hay zonas que parecen derrumbarse en cualquier momento, cuando la desidia lleva tanto tiempo que a las grietas les crece vegetación o cuando en el medio de uno de los lugares más importantes de Paraná, sobre el césped aparecen decenas de vehículos como si fuera una playa de estacionamiento con un piso lleno de aceite. Es verde y hermoso, pero el lugar distintivo se volvió gris.
Solo hace falta recorrer un poco para advertir que hay mantenimientos que no se hacen, que quizás no son tan caros de realizar: tal vez la Municipalidad pudiera destinar a alguien una vez cada tanto para que barra de las escaleras la cantidad de preservativos usados que parecen florecer entre las piedras: reina el amor, y eso es bueno, pero al Parque le duele el corazón.
Hay escaleras que no terminan en ningún lugar porque fueron demolidas en algunos de sus tramos, lo mismo pasa con los caminos trazados donde pareciera que parte del piso cayó por la barranca. Las paredes están pintadas con aerosol, lo mismo las obras de arte.
Hay zonas donde el suelo está tan agrietado que comenzó a moverse y a desmoronarse, es hasta peligroso. En el curso de agua a cielo abierto que baja por la barranca se notan las bolsas blancas de basura.
Ante la belleza del paisaje, cuando uno mira desde abajo hacia lo alto de la barranca en algunos tramos, el último colorido de los árboles antes del advenimiento del otoño queda aplacado por los caños blancos de desagües que están desenterrados y proliferan en plena superficie.
Hay otras zonas que duelen por lo gris, como el desaprovechado anfiteatro, único por su tipo y ubicación en cientos de kilómetros y que hoy carece del esplendor que dan la luces de la cultura. Pero también, y roza la indignación, entre nuevos ejemplares de árboles que fueron plantados hace poco, al costado de la gradas en el parque medio, decenas de conductores dejan sus autos sobre el césped, suben a la vereda y rompen la vegetación: tan regular es esta práctica desaprensiva que en el suelo está marcado un camino de dos ruedas.
Hay árboles que fueron talados en otros tiempos e instalaciones con estructuras que nada tienen que ver con el parque.
Después hay cosas que se han hecho y se deben reconocer como la estabilización de las barrancas o toda esa recomposición que se hizo en su momento frente al Patito Sirirí, también la reubicación o puesta en valor de algunos monumentos.
Más allá de que se lo ve afectado por la sequía, ahora se nota que el pasto está corto en varios tramos, y hay juegos para niños que fueron arreglados. Pero sea como sea, siempre que al Parque Urquiza le falte algo se va a notar porque no hay otro espacio igual que le pertenezca tanto al conjunto de los paranaenses.

Epístola
Marta Sagemüller es la presidenta de la vecinal Parque Urquiza y le escribió a Carlos Thays, bisnieto del paisajista que logró uno de los lugares más bellos del país. Entre otras consideraciones le dijo: "En representación de la Comunidad Vecinal Parque Urquiza, la cual presido, queremos comunicarle que nuestra preocupación permanente respecto a este parque es tanto el mantenimiento, como el rearbolado y la preservación del proyecto como fuera concebido originalmente por su diseñador".
Consultada por UNO, contó que tienen la idea de que el Parque Urquiza se ponga en valor pero desde el punto de partida del proyecto original. "Él respondió a esa carta y dijo que le había dado en su momento, no me explicó bien en qué gestión municipal –aparentemente fue en la gestión anterior– el proyecto y toda la documentación de Thays y que el gobierno paranaense se había comprometido en armar como un museo a disposición de todos", dijo Sagemüller. Hoy rastrean esos documentos. "El Parque es la vidriera de la ciudad, representa a Paraná, es un lugar privilegiado y emblemático", agregó.
A modo de opinión, dijo que debe ser un paisajista quien ponga en valor la arboleda, las estructuras, monumentos, y las escalinatas. "Hay mucho para recomponer", opinó.
La decisión de qué tipo de especies se deben plantar, sus ubicaciones y orientaciones, la estabilidad de las barrancas y el conjunto del trabajo necesario son aspectos que a veces, ante aquellas cuestiones que faltan y que perjudican al parque, parecen un debate lejano.
Pero Sagemüller también está preocupada por el marco y el contexto, y es también la inquietud de numerosos vecinos. La mujer, agregó: "Si a un comercio se le exigen estudios de impacto ambiental, ¿por qué no se pide para un edificio? Habría que respetar más el entorno del Parque y preservarlo con una planificación de la ciudad. Porque tomamos como modelo a Buenos Aires y a su Código Urbano cuando ellos están dando marcha atrás porque transformaron la ciudad en un bloque de cemento".
Es un espacio público, abierto y libre como no hay en la mayoría de las ciudades del mundo; propio y único, es identidad y paseo en familia; es el primer lugar que debe estar en perfectas condiciones porque nos pertenece a todos.

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