Mientras las ventas caen en los negocios físicos, crece el comercio electrónico. Sin embargo, en Paraná muy pocos negocios se aggiornan a esta tendencia
10:51 hs - Domingo 09 de Agosto de 2026
En los últimos años, el comercio electrónico se consolidó en Argentina y se sigue acrecentando: durante 2025 las ventas online crecieron 55% respecto del año anterior, y en lo que va de este año se registró un incremento de 21,6% en las órdenes y de 42,1% en la facturación. La explicación de este crecimiento no pasa únicamente por encontrar productos más baratos. La comodidad de comprar desde el celular y en cualquier horario, la posibilidad de comparar precios y características en pocos minutos, las promociones, las alternativas de financiación y la entrega a domicilio forman parte de una experiencia que ya se incorporó a los hábitos de consumo.
En un contexto económico en el que el cuidado del gasto tiene un peso creciente, el comercio electrónico, entonces, no compite solamente con el negocio tradicional por precio: también lo hace por conveniencia, variedad, información y facilidad para concretar una operación.
Sin embargo, mientras el consumidor se adapta con rapidez al nuevo escenario, la incorporación del comercio electrónico por parte de los pequeños y medianos comercios avanza a otro ritmo. A nivel local, Mauricio Benitende, presidente del Centro Comercial e Industrial de Paraná, observó que algunos comercios de la ciudad ya trabajan con venta online, pero sostiene que todavía no constituyen la mayoría.
La explicación, según plantea, está vinculada con la estructura que requiere una operación de este tipo. Para una pyme o un comercio minorista, vender por Internet no consiste simplemente en habilitar una página o publicar productos en redes sociales. “Las pymes y los comercios minoristas en su mayoría no tienen el volumen o la capacidad suficiente para integrarse en semejante actividad”, señaló a UNO.
Benitende explicó que detrás de una venta online existe una cadena de tareas que debe funcionar de manera coordinada. Primero está la plataforma o el enlace en la web; luego, una persona que atienda permanentemente las consultas y pedidos; posteriormente intervienen el depósito, el control de stock, la preparación de la mercadería y, finalmente, la logística. “Hay que tener un encargado de depósito, un control de stock, una selección detallada y muy minuciosa de cada producto que se va a vender y después hacer el enlace con el delivery”, describió.
Por eso, considera que no se trata de una secuencia inmediata ni sencilla. Para que el sistema funcione correctamente, requiere una estructura específica y recursos que no todos los comercios pequeños están en condiciones de sostener.
La dificultad se vuelve todavía mayor cuando se trata de negocios que trabajan con una gran variedad de productos y necesitan mantener actualizados permanentemente los inventarios. Una venta digital exige que aquello que aparece disponible en pantalla efectivamente esté en el depósito, que pueda ser preparado rápidamente y que llegue al comprador en las condiciones prometidas.
En otras palabras, el crecimiento de la demanda online no significa que cualquier comercio esté en condiciones de transformarse automáticamente en un negocio digital, sino que supone incorporar mayor estructura.
Hábitos de consumo
El avance del comercio electrónico tampoco supone, al menos por ahora, la desaparición de la compra presencial. Benitende considera que existe en Paraná una cultura vinculada a la costumbre den recorrer los negocios, mirar productos y encontrarse con otras personas.
Esa característica también se refleja en iniciativas como las jornadas en las que comercios del microcentro pueden sacar sus productos a la vía pública para promocionarlos, como ocurre en la Peatonal. La propuesta, impulsada por la Cámara del Microcentro, el Centro Comercial y la Municipalidad, busca generar mayor demanda en la zona y recuperar el contacto directo entre comerciantes y consumidores.
Benitende señaló que la experiencia todavía es incipiente y que las primeras jornadas estuvieron condicionadas por el clima, aunque observó que cuando las condiciones mejoraron hubo movimiento en determinados rubros.
Para el dirigente, ese tipo de acciones tienen además un valor que trasciende la operación comercial. “Seguimos con esa costumbre que creo que es muy saludable: que las personas se encuentren, intercambien opiniones, se vean y se encuentren con amigos”, sostuvo.
¿Presencial versus virtual?
La afirmación marca uno de los contrastes que conviven actualmente en el consumo: mientras el comercio electrónico permite comprar sin desplazarse y resolver una operación en pocos minutos, el comercio físico mantiene la experiencia de recorrer, observar, tocar, probar y relacionarse.
En este sentido, la compra presencial adquiere especial importancia en determinados rubros. Benitende considera que existen productos cuya comercialización online resulta más sencilla, especialmente aquellos que no requieren una observación detallada o contacto físico antes de la compra.
En cambio, otros presentan mayores dificultades. “Lo que necesita tangibilidad es otro tema y yo creo que va a tardar bastante tiempo o va a tener alguna aceptación no mayoritaria”, planteó. Como ejemplo mencionó el caso de la indumentaria y el calzado, donde el tamaño, el calce o las características del producto pueden generar posteriores devoluciones.
Precisamente, el sistema de cambios y devoluciones es de los puntos que, desde su perspectiva, pueden complicar la experiencia de compra digital. El dirigente cuestionó los tiempos que insumen algunas operaciones de devolución y señaló que, en la práctica, el proceso puede ser más extenso de lo que el consumidor espera.
Más allá de las experiencias particulares, el planteo muestra otro de los desafíos que deben resolver los comercios que buscan incorporar el canal digital: no alcanza con concretar la venta, sino que también hay que contar con una estructura capaz de responder ante cambios, reclamos y devoluciones.
Mayor competencia
A las dificultades internas se suma un escenario más amplio: los comercios argentinos ya no compiten únicamente entre sí ni exclusivamente con los negocios de otras ciudades. Las plataformas internacionales y los cambios normativos que ampliaron las posibilidades para las compras realizadas mediante courier incrementaron la presencia de productos importados directamente por consumidores argentinos.
En este marco, la inusitada expansión del e-commerce plantea un fuerte desafío para el comercio tradicional, con un consumidor que incorporó las herramientas digitales y que utiliza Internet para buscar, comparar y comprar.
En este contexto, el desafío que queda para los comercios locales es encontrar la forma de incorporarse a esa nueva lógica para ser más competitivos, pero sin perder aquello que constituye una de sus principales fortalezas: la cercanía, la atención personalizada, el conocimiento del cliente y la experiencia de comprar cara a cara.